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martes, 8 de diciembre de 2015

Peter Winch: Reflexión sobre la Comprensión.

Ciencias Sociales y Filosofía:
una reflexión sobre algunas ideas de Peter Winch

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Por:


 “One seems forced to choose between the picture of an elephant wich rest on a tortoise (What supports the tortoise?) and the picture of a great Hegelian serpent of knowledge with its tail in its mouth (Where does it begin?). Neither will do”.

 Wilfrid Sellars


1.- Introducción
El presente ensayo tiene la finalidad de ubicar los argumentos centrales de la obra de Peter Winch llamada “La idea de una ciencia social y su relación con filosofía[1], para analizarlos brevemente y poder destacar la enorme importancia que considero tienen estas ideas para una mejor comprensión acerca de los problemas que debe enfrentar cualquier persona que intente estudiar algún fenómeno social.

 A pesar de las innumerables metodologías disponibles para desarrollar diferentes clases de estudios sociales[2], ninguna de ellas parece responder satisfactoriamente al enorme desafío que se le presenta al investigador cuando trabaja en el campo de las ciencias humanas; desafío que es abordado por Winch a partir del papel que juega la filosofía en estos contextos y del vínculo que ambas disciplinas mantienen con el lenguaje. Vale la pena mencionar que las ideas del autor no pretenden servir de respuesta metodológica a la compleja configuración epistemológica presente en las ciencias sociales[3], creemos más bien que su intención tiene que ver con una invitación a reflexionar sobre la naturaleza de dicho desafío. 

Peter Winch fue discípulo del conocido filósofo Ludwig Wittgenstein y elaboró valiosas contribuciones sobre los escritos de este importante pensador vienés. Por ejemplo, vale la pena mencionar que fue uno de los primeros en defender la tesis de continuidad en el pensamiento de su maestro dentro de sus dos grandes obras, el Tractatus-Logico-Philosophicus[4] y Las Investigaciones Filosóficas[5], tesis que está reflejada en Introduction to Studies in the Philosophy of Wittgenstein (1969)[6] y que claramente contrasta con las ideas prevalecientes en aquella época en la que era común defender una postura contraria, es decir, la existencia de dos Wittgenstein claramente diferenciados.

 La obra de Winch (2003) que analizaremos en el presente artículo es uno de los trabajos más influyentes dentro de lo que se conoce como “los pequeños libros rojos” que publicaron los discípulos de Wittgenstein a final de los años 50 y principio de los 60[7], donde se aprecia claramente la influencia de éste último en el desarrollo de los análisis presentados. 
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El trabajo de Winch  ha sido objeto de críticas por parte de gran cantidad de científicos sociales y ha sido elogiado por una minoría, por su sensibilidad hermenéutica. Buena parte de las críticas formuladas contra el  libro fueron esclarecidas en el prefacio que realizara el autor a la segunda edición del libro y, otra parte de ellas consideramos que vienen fundamentadas, en la mayoría de los casos, por la falta de importancia que se le suele otorgar a la filosofía dentro de las ciencias sociales. Resaltaremos la última suposición porque es un punto que desarrolla Winch al principio de su obra y que es fundamental para comprender su tesis central. 

En este sentido, y aún cuando el autor desarrolla varias líneas argumentativas que facilitan la comprensión de sus ideas[8], nos concentraremos en dos aspectos centrales de su trabajo que serán clasificados como: el desprestigiado papel de la filosofía y el papel del lenguaje.


2.- El desprestigiado papel de la filosofía
Generalmente es posible apreciar que en el campo de las ciencias sociales la filosofía no goza de suficiente fama como para considerar la enorme relevancia que ésta tiene para ellas. Para muchos, los avatares filosóficos resultan poco prácticos y hasta inútiles en el avance del conocimiento de éstas disciplinas las cuales, por su interés inmediato con los hechos reales de la vida del hombre, ven los problemas filosóficos cubiertos de un grueso manto etéreo, percibiéndolos tan alejados de los cánones de certidumbre establecidos que terminan por considerarlos, incluso, como un estorbo para las mismas finalidades que persigue. No es difícil apreciar que las ciencias sociales reflejan un continuo afán por emular los métodos cognitivos de las ciencias naturales como único camino posible de certeza y prestigio intelectual. 

Desde la primera vez que se habló de sociología en el siglo XIX ya se le vinculaba con una visión positivista del conocimiento, en efecto, no fue sino Auguste Comte (2002) quien dejara establecido esta línea de pensamiento que de alguna manera seguiría siendo desarrollada por pensadores de la talla de Emile Durkheim, Karl Marx, Max Weber y Vilfredo Pareto, entre otros. Se puede decir que desde sus inicios las ciencias sociales han seguido los pasos de las ciencias naturales. Tal como el mismo Comte señaló: “Ahora que el espíritu humano ha fundado la física celeste, la física terrestre mecánica o química, la física orgánica, vegetal o animal, fáltale completar el sistema de las ciencias de la observación fundando la física social”[9].  

Esto quiere decir que la observación y la experiencia como guías de las ciencias naturales son, en consecuencia, también las guías que deben sostener a la investigación social dentro de un contexto donde prevalezca cierta precisión y certeza en los hallazgos de conocimiento.
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En el caso de la economía, por ejemplo, ésta tuvo una enorme influencia del llamado proyecto moderno de la ciencia a través de la física newtoniana, lo que le permitió poder explicar complejos fenómenos que comenzaron a abordarse a partir de la escuela clásica, y cuyo estilo se ha desarrollado hasta nuestros días en la tradición intelectual predominante del pensamiento económico moderno, conocido como el modelo neoclásico[10]. Por esta razón, hoy en día, es posible apreciar con facilidad  en las ciencias económicas un predominio de un enfoque de orden cuantitativo sobre cualquier discurso que tenga fundamento en un enfoque de orden cualitativo. 
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Esta visión parece dar la idea de que la verdad tiene atributos de exactitud, lo cual no es necesariamente cierto porque “una verdad puede ser muy exacta y ser, no obstante, muy poco verdad[11]. Sin embargo, quisiera mencionar que no se trata de desechar un enfoque en beneficio de otro, tal como ha señalado el Premio Nóbel de Economía Amartya Sen[12]; más bien el enfoque cuantitativo tiene una importancia tremenda para comprender complejas relaciones que se dan en economía y que no deben ser ignoradas, pero en definitiva no podemos concentrarnos en un solo lado de la moneda  si queremos acercarnos hacia una comprensión menos ingenua.

 Una de las formas de iniciar este camino es otorgando mayor importancia a los problemas filosóficos, los cuales descansan sobre un contexto donde predomina principalmente un discurso cualitativo,  y a la forma en que éstos se relacionan con las demás áreas del saber, en especial con las ciencias sociales.
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El desprestigio que goza la filosofía para acometer dicha tarea es asociado por Winch por una forma equivocada de entender la disciplina filosófica, forma que él denomina la concepción poco elaborada de la filosofía (The Underlabourer Conception of Philosophy) y que tiene sus raíces en pensadores como John Locke[13]. Según esta concepción, el papel de la filosofía se limita a remover los obstáculos  que se encuentran en el camino hacia el conocimiento, es decir, se le otorga un papel puramente negativo a la filosofía al no considerar que ella tenga por sí misma algún tipo de contribución positiva al entendimiento del mundo que nos rodea.



 En este sentido, la  filosofía tiene una funcionalidad parasitaria sobre otras disciplinas, sin ningún objetivo que le sea propio. El avance del conocimiento, de esta forma, descansa sobre los métodos de la ciencia que se encuentran basados en la observación y la experiencia, considerándolos como los únicos instrumentos fiables que permiten entender la realidad.
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Es curioso observar que, por lo general, estos métodos no son cuestionados ni tampoco se suele dilucidar sobre el significado de la  realidad o si ésta puede presentarse en términos inteligibles. Estas nociones se dan por sentadas, razón por la cual ni siquiera se piensa en ello al desarrollar una investigación de este tipo. Como dijera Ortega y Gasset (1999),

 “Toda idea es pensada y todo cuadro es pintado desde ciertas suposiciones o convenciones tan básicas, tan de clavo pasado para el que pensó la idea o pintó el cuadro, que ni siquiera repara en ellas y por lo mismo no las introduce en su idea ni en su cuadro, no las hallamos puestas sino precisamente supuestas y como dejadas a la espalda[14].

Dicho esto, la pregunta que podría surgir de inmediato sería ¿es realmente importante reparar en los supuestos? y a mí se me antoja que la respuesta a esta pregunta es bastante obvia dado el enorme peso que ello representa en nuestra tradición intelectual occidental[15]. Justamente, la necesidad de las ciencias sociales de emular los métodos de investigación de las ciencias naturales reside en el hecho de poder otorgar un estatus de prestigio a los hallazgos de las primeras, en poder conferirle un título honorífico a sus logros cognitivos.

 No se puede olvidar que para nuestra tradición occidental es importante poder distinguir lo que es genuino conocimiento de lo que es mera opinión, incluso usualmente soportamos nuestros argumentos con enunciados como “eso está demostrado científicamente” para evitar cualquier duda de que eso que señalamos sea así o para comprobar  que eso que decimos es la verdad y no mera opinión. Si existe un valor evidente en nuestra tradición intelectual sobre el papel del conocimiento, entonces, no reparar en los supuestos que se encuentran detrás de los modelos cognoscitivos de las ciencias sociales o no detenerse a dilucidar los conceptos de verdad y realidad, resultaría en una salida bastante contradictoria. Y el afán de certeza no debería nublarnos de este ejercicio porque seguramente el costo que tendríamos que asumir sería excesivamente elevado.



 Recordemos que certeza y exactitud no son necesariamente atributos de la verdad, ni deberían ser los únicos parámetros de orientación epistemológica[16]
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De esta forma, la disciplina filosófica asume este reto desde la reflexión de la epistemología y de la metafísica, de modo que si hemos de reparar en la necesidad de dilucidar qué es conocimiento o qué significa “realidad y verdad”, no podemos darle la espalda. Creemos que las ideas de Winch toman un peso muy importante porque permiten iniciar un camino de reflexión filosófica hacia un “conocimiento” menos ingenuo y menos dogmático en el terreno de las ciencias sociales.

 Según afirma el autor, uno de los impedimentos que existe para iniciarnos en este camino es la errónea creencia de que la filosofía y  la ciencia deban competir en el mismo terreno[17]. Si analizamos esta idea con detenimiento podemos darnos cuenta de su absurdidad porque es imposible que la ciencia con sus métodos experimentales a posteriori pueda compararse con el método a priori que caracteriza a la filosofía. Cuando hablamos de la realidad, “No se trata de una pregunta empírica del todo, sino de una pregunta conceptual. Tiene que ver con la fuerza del concepto de realidad. El atractivo de los resultados de un experimento traen necesariamente esta importante pregunta, dado que el filósofo tenderá a preguntarse bajo qué moneda se toman estos resultados para aceptarlos como reales. 

Por supuesto, esto simplemente desespera al científico – adecuadamente, desde el punto de vista de sus propios objetivos e intereses. Pero la fuerza de la pregunta filosófica no puede ser atrapada en términos de preconcepciones de la ciencia experimental. No puede ser respondida generalizando desde instancias particulares porque una respuesta particular a la pregunta filosófica está ya implicada en la aceptación de tales instancias como reales”[18].  
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Winch señala que el papel de la filosofía no es demostrar el concepto de externalidad o el concepto de realidad sino el de dilucidar estos conceptos. Dicho esto, veamos la misma idea del párrafo anterior pero desde una perspectiva ligeramente diferente: la idea de pensar que la ciencia está identificada con la certeza y la rigurosidad de las previsiones parece chocar con la filosofía en el momento que ella misma admite que, en palabras de Ortega y Gasset, “el mundo sea un problema en sí mismo insoluble[19].

 Nuevamente estas dos perspectivas apuntan, prima facie, a la aparente imposibilidad de conciliar ambas disciplinas y, una vez más, debemos recordar que sería un acto de fatuidad pensar que éstas puedan competir en un mismo terreno dada su enorme dificultad de comparación. Incluso, pareciera que quienes defienden esta idea consideran como único camino lógico el forzar a las ciencias sociales hacia los dominios de disciplinas que gozan de mayor prestigio y, esto apunta a no pasearse por la posibilidad de pensar, como Michel Foucault (2003)[20], en que estas ciencias se caracterizan, justamente, por la dificultad que representan al momento de localizarlas epistemológicamente. 

Si, por ejemplo, estas ciencias basan exclusivamente sus investigaciones en medios empíricos u observacionales sin ninguna reflexión sobre qué cosa es lo que están observando, esto pondría a sus hallazgos en una situación de peligrosa precariedad epistémica. Preguntémonos por un instante lo que significaría estudiar el comportamiento social sin saber a qué nos referimos con este concepto ¿Cómo podríamos saber lo que estudiamos? ¿Cómo podríamos acercarnos a nuestro objeto de estudio? ¿Cómo podríamos sumergirnos en él?

 Estudiar las implicaciones de este concepto es un camino que debe recorrerse a priori porque no nos viene definido desde fuera, y este tipo de recorrido es a todas luces un camino filosófico. De manera tal que cuando hablamos de dilucidaciones de conceptos, llámese realidad, llámese comportamiento social o llámese conocimiento, nos encontramos con la idea del rol central que le corresponde al lenguaje tanto desde un punto de vista epistemológico como desde un punto de vista filosófico.


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3.- El papel del lenguaje
 Es importante advertir sobre la denodada tarea que nos proponemos a continuación para desarrollar con un mínimo de claridad y suficiencia el papel del lenguaje en la filosofía y en las ciencias sociales dado el poco espacio restante con el que contamos, y lo difícil que puede resultar la tarea de incitar los pensamientos propios del lector sobre un tema que no puede ser informado sino solamente pensado por sí mismo[21]

 Sin embargo, esperamos poder señalar, muy sucintamente, algunas de las ideas básicas que dibuja Winch en su trabajo.
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Dilucidar sobre la inteligibilidad de la realidad es un proceso, como se ha dicho con anterioridad, que no puede ser llevado a cabo a través de terrenos puramente experimentales. Dilucidar sobre la realidad es un proceso que tiene que ver en mayor amplitud con el lenguaje. En el momento en que percibimos lo que llamamos realidad a través de cualquiera de las vías que humanamente estén a nuestro alcance, sentimos un imperioso impulso por corroborar nuestras apreciaciones con el resto de las personas. Si los científicos no tuvieran un conjunto de creencias que les permitiera comunicar sus hallazgos y que les proporcionase un medio de consenso, entonces cualquier descubrimiento quedaría completamente en el aire, es decir, sería pura arbitrariedad carente de toda relevancia para la sociedad[22].

 El reconocimiento entre los hombres de ciertas convenciones es precisamente lo que nos permite conducirnos en nuestras vidas, es decir, que actuemos según lo que consideramos como realidad y ajustemos nuestras acciones a esta creencia. Estos parámetros por los cuales se conduce el hombre no caen del cielo por azar sino que son, a la vez, el producto y la materia prima de las mismas interrelaciones sociales que se dan entre los seres humanos. En otras palabras, el hombre configura su realidad a través del proceso social del cual forma parte y donde el lenguaje es el piso que sostiene esta actividad. El lenguaje no sólo representa el único medio para construir un campo discursivo que facilite la comunicación y el entendimiento, sino que mediante su utilización construimos nociones de realidad que son en definitiva la guía de nuestro comportamiento. 
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Antes de continuar con la idea anterior es importante señalar brevemente que esto no debe confundirse con la idea de que sólo es posible alcanzar algún tipo de entendimiento mediante el lenguaje. Es evidente que es posible imaginar un tipo de entendimiento que no provenga de la explicación[23] (y por ende del lenguaje), pero lo que si no es posible imaginar es que exista una explicación cuya razón de ser no sea el entendimiento. En otras palabras, si existe explicación ésta se encuentra claramente conectada con la idea de entendimiento, y a su vez ésta no puede prescindir de la idea de comunicación y por tanto no puede prescindir tampoco de la idea del lenguaje. 
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Parece totalmente imposible separar el mundo que el investigador trata de describir, del lenguaje a través del cual logra describirlo, es decir, el mundo que el investigador comunica no puede prescindir del lenguaje que utiliza para tal fin, como tampoco un ser social puede prescindir del lenguaje para configurar su realidad. En las famosas palabras de Wittgenstein, “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”[24].

 De esta forma queda dibujada la posibilidad de empezar a reflexionar sobre la relación del lenguaje con lo que concebimos como realidad y, en consecuencia, poder apreciar el rol fundamental que esta idea tiene para las ciencias sociales. Tal como señala Winch, “Las relaciones sociales del hombre con sus semejantes son permeables con sus ideas acerca de la realidad. De hecho, ‘permeable’ no es una palabra lo suficientemente adecuada: las relaciones sociales son expresiones de ideas acerca de la realidad…De nuevo, un monje tiene ciertas relaciones sociales que le son propias con sus semejantes (otros monjes) y con las personas fuera del monasterio; pero sería imposible dar cuenta, más que de manera superficial, de esas relaciones sin tomar en consideración las ideas religiosas que rodean la vida en la cual el monje se desenvuelve”[25].

 Ahora bien, si se cree que esto es fácilmente resuelto analizando el lenguaje vía estructuras lógicas, es necesario señalar que esto no resulta ser un criterio suficiente para describir la realidad, tal como supusieron los integrantes del Círculo de Viena, porque el lenguaje no es una estructura fácilmente reducible a términos lógicos y además tiene la particularidad de no ser una estructura fija, sino al contrario es más bien una estructura cambiante. Seleccionar un análisis como el desarrollado por los positivistas lógicos supondría poder separar el significado de las palabras en el lenguaje de los hechos empíricos y supone además la posibilidad de construir enunciados significativos que pueden ser referidos a experiencias inmediatas.

 Un camino de esta naturaleza tiene severas limitaciones e incluso, como ya ha señalado W.V. Quine (1980) en su famoso trabajo denominado los Dos dogmas del empirismo[26], se encuentra fuera de todo posible fundamento. 
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La vía de reflexión, escogida por Winch, acerca del lenguaje y de la discusión de cómo el entendimiento del hombre acerca de la realidad arroja luz sobre la naturaleza de la sociedad y de las relaciones entre los hombres, es la misma que desarrolla  L. Wittgenstein en sus dos obras más importantes, particularmente en sus Investigaciones Filosóficas.

 Dicha vía queda señalada en este último libro a través del debate sobre el concepto de seguir una regla (following a rule) que va ser un punto central en el trabajo de Winch y que señalaremos someramente a continuación. 


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3.1.- El concepto de seguir reglas
 El seguir una regla es un concepto importante para empezar a adentrarse en las discusiones sobre el lenguaje porque permite dilucidar la idea de cómo es posible que los hombres logren entenderse entre sí. Por ejemplo, si digo una palabra cualquiera como “taza”, ¿cómo se puede explicar que otra persona logre comprender a  qué cosa u objeto me estoy refiriendo?, una respuesta bastante obvia sería que soy capaz de utilizar la palabra del mismo modo que la utilizan las demás personas para referirse a un objeto particular que tiene ciertas características, lo cual me permitirá utilizarla en el futuro para referirme al mismo objeto. 

Este sería un ejemplo de una definición ostensiva y  es lo que utiliza San Agustín en sus Confesiones para explicar el lenguaje, tal como señala Wittgenstein al inicio de sus Investigaciones Filosóficas[27]. Sin embargo, es importante señalar que el lenguaje no funciona de esta forma simplificada porque existen distintos tipos de palabras y distintos tipos de uso que no pueden ser explicados de la manera en que San Agustín habla del lenguaje[28].

 Ahora bien, no desarrollaré esta idea para no desviarnos del concepto de seguir una regla y para que veamos que todavía cabe preguntarse qué significa utilizar la palabra del mismo modo en que la utilizan las demás personas o qué significa utilizar la palabra del mismo modo en la que ha sido definida socialmente. 
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Utilizarla de la misma forma que en la definición supone la posibilidad de determinar formas correctas de uso de formas incorrectas de uso, es decir, o se utiliza la palabra de la misma manera que en la definición o se utiliza de modo distinto. Pero definir con precisión qué significa utilizar la palabra de la misma manera que en la definición no es ninguna tarea sencilla de explicar.

 La razón de ello, señala Winch se debe a que “…la particular interpretación que se le puede asignar a las palabras ‘lo mismo’ depende del contexto en cual surja la pregunta”[29]. Existen palabras que se escriben igual pero con diferentes significados según la región geográfica en que se use, esto pudiera ser un muy básico ejemplo de que el uso de las palabras y su significado dependen del contexto. El significado de las palabras, incluyendo la palabra “lo mismo” depende del medio en el cual fue desarrollada (y se desarrolla)  y del medio en el cual se utiliza.

 “Por supuesto, lo que nos confunde es la apariencia uniforme de las palabras cuando las escuchamos o cuando las encontramos talladas o escritas. Pero su aplicación no se nos presenta de manera tan clara. ¡Especialmente cuando estamos haciendo filosofía!”[30]
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Esto equivaldría a decir que las palabras tienen diferentes aplicaciones y que todas ellas no responden a una sola regla general, ni vienen dadas de una forma clara. Se trata de un aprendizaje que viene dado con la práctica y que recuerda de alguna forma a Thomas S. Kuhn cuando se refiere a la formación de un científico dentro de un determinado paradigma, donde las reglas no les vienen dadas de antemano sino que van siendo incorporadas por el científico como quien se inicia en un oficio, es decir, por inmersión y práctica en una actividad[31].

 Sin embargo debe existir algo que oriente al científico y que le permita manejarse en su área de trabajo, del mismo modo que el hombre necesita de ciertas reglas que le permitan utilizar el lenguaje correctamente para lograr comunicarse con las demás personas[32]. ¿Por qué? Porque de lo contrario no existiría una regularidad que permita un reconocimiento en el futuro. Imaginase, por ejemplo, que el significado de las palabras cambie todos los días, esto resultaría en una situación que imposibilitaría la comunicación y el entendimiento, por ende, imposibilitaría la actividad epistemológica y la actividad de las interrelaciones sociales.

 Las reglas permiten que exista una base a partir del cual reconocernos y reconocer nociones de realidad que orienten nuestro comportamiento. En consecuencia, los conceptos de realidad y comunicación residen en el reconocimiento de las demás personas, en un proceso que es en sí mismo una función social y del cual, por cierto, podríamos señalar la imposibilidad de idear ningún tipo de regla personal sin antes haber experimentado algún tipo de interrelación social o de haber experimentado un uso de reglas[33].

 Empero, la dificultad del problema  reside en la determinación de estas reglas porque no se nos presentan de manera explícita y, la dificultad de hacerlas visibles son infinitas si hacemos alusión a la fábula de Lewis Carroll de Aquiles y la Tortuga. Podríamos señalar a manera de comentario  que la complejidad de explicitar las reglas del uso del lenguaje, es comparado por Wittgenstein con la dificultad de establecer las reglas de los juegos en general[34].  
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Tan sólo se ha querido señalar estas ideas de pasada para llegar al cierre del ensayo y al argumento central de Winch[35]: Una de las bases del conocimiento científico se encuentra ubicada en el estudio de las regularidades y, a diferencia del científico natural donde su trabajo depende de su relación con su objeto de estudio y de su relación con los demás científicos, al científico social se le presentan otras dificultades. Éste último no sólo maneja las reglas (no explicitadas) que le permite realizar sus investigaciones dentro de una determinada tradición discursiva de las ciencias sociales, sino que además debe estar en la capacidad de adentrarse en la forma de vida que caracteriza las interrelaciones humanas que conforman su objeto de estudio. 

Este proceso no es tan sencillo como parece y la herramienta principal que se requiere para ello, viene de la mano de la reflexión filosófica sobre el lenguaje y de sus posibles implicaciones epistemológicas. 
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Bibliografía

  • Comte Auguste, Curso de Filosofía Positiva, Ediciones Folio, Madrid, 2002.
  • Foucault Michel, Las Palabras y las cosas, Siglo veintiuno editores, Argentina, 2003
  • Kuhn T., The Structure of Scientific Revolutions, University of Chicago Press, Chicago, 1996.
  • Ortega y Gasset, ¿Qué es la filosofía?, Alianza editorial, Madrid, 1999
  • Quine W.V., From a Logical point of view, Harvard University press, USA, 1980
  •  Stiglitz, Joseph, The Rebel Within, Anthem Press, Londres, 2001
  •  Williams M., Problems of Knowledge, Oxford University Press, USA, 2001
  •  Winch P., The idea of a social science and its relation to philosophy, Routledge, London, 20
  • Wittgenstein L., Philosophical Investigations, Blackwell publishing, United Kingdom, 2004
  • Wittgenstein L., Tractatus Logico Philosophicus, Alianza Universidad, Madrid, 1997
Web:



[1] Winch P., The idea of a social science and its relation to philosophy, Routledge, London, 2003.
[2] Del mismo modo que Winch  nos referiremos a las ciencias sociales de manera general sin que esto signifique ignorar sus indudables diferencias metodológicas y sus distintas finalidades (p. 136). Sin embargo, en aquellos momentos que debamos recurrir  a casos particulares de alguna ciencia social para abordar algunos de los problemas señalados por Winch en contextos más específicos, nos apoyaremos en las ciencias económicas debido al mayor grado de familiaridad que guardo con ellas en relación al resto de las grandes áreas de investigación social.
[3] Sobre los problemas epistemológicos de las ciencias sociales y el vínculo con la filosofía, Veáse el capítulo de las ciencias humanas  en M. Foucault, Las Palabras y las cosas, Siglo veintiuno editores, Argentina, 2003
[4] Wittgenstein L., Tractatus Logico Philosophicus, Alianza Universidad, Madrid, 1997
[5] Wittgenstein L., Philosophical Investigations, Blackwell publishing, United Kingdom, 2004
[6] Véase http://wab.aksis.uib.no/wab_contrib-dc.page
[7] Véase http://www.uea.ac.uk/j339/Peter_Winch.htm
[8] Es necesario señalar que este autor elabora importantes críticas a diversos pensadores de gran relevancia con la finalidad de hacer más claras sus ideas. Por ejemplo, puedo destacar dos pensadores que han tenido una relevancia de primer orden no sólo para las ciencias sociales en general sino sobre todo en el campo de la economía, me refiero a John Stuart Mill y a Vilfredo Pareto. Si bien todas las críticas que desarrolla, tanto a los dos autores mencionados como a otros de gran relevancia en el pensamiento social y filosófico, pueden resultar muy valiosas para un mejor acercamiento al contenido de su trabajo en general, así como sus aclaratorias en el prefacio a la segunda edición,  todas éstas no serán abordadas en el presente ensayo para  tratar de hacer hincapié en los aspectos que consideramos centrales en  la estructura de su obra.
[9] Comte Auguste, Curso de Filosofía Positiva, Ediciones Folio, Madrid, 2002, p. 34.
[10] Véase Stiglitz, Joseph, The Rebel Within, Anthem Press, Londres, 2.001, p. 130. Es interesante ver como Stiglitz propone revisar otras tradiciones del pensamiento económico, como la Escuela Austriaca de Economía, para ampliar las perspectivas del estudio económico ante modelos que no tienen resultados satisfactorios en la práctica. Claramente se refiere al modelo neoclásico, tradición dentro de  la cual él mismo se formó.
[11] Ortega y Gasset, ¿Qué es la filosofía?, Alianza editorial, Madrid, 1999, p. 58
[12] Véase Sen Amartya, Ética y economía, Alianza Editorial, Madrid, 1997, p. 27
[13] Peter Winch (Op.cit., p. 3). Esta concepción de la filosofía tiene seguidores que Winch menciona en su obra, por ejemplo vale la pena mencionar a Ayer, G.N Flew y a Gilbert Ryle como defensores de esta concepción de la filosofía..
[14] Ortega y Gasset, ¿Qué es la filosofía?, Alianza editorial, Madrid, 1999, p. 41
[15] Véase M. Williams, Problems of Knowledge, Oxford University Press, USA, 2001
[16] Véase M. Williams (Op.cit  2001)
[17] Peter Winch (Op.cit 2003, p. 15-18)
[18] Peter Winch  (Op.cit 2003, p. 9) {Traducción propia}
[19] Ortega y Gasset (Op.cit. 1999, p. 52) Es interesante ver cómo este autor habla sobre la verdad científica como una verdad exacta pero incompleta que debe integrarse forzosamente en otra especie de verdad, en una verdad última que resulta ser bastante inexacta y que no habría inconveniente en llamarla mito. De modo tal que la verdad científica flota entre mitología y ciencia misma. Si la vemos como totalidad comprenderemos que la ciencia se convierte en el “admirable mito europeo”. (p. 55). 
[20] M Foucault (Op. cit. 2003, p. 337)
[21] L. Wittgenstein (Op. cit 2004) Este autor señala en el prefacio de su obra que su intención es, si es posible, estimular los pensamiento propios del lector. De este modo quisiera recalcar que las ideas aquí presentadas, al igual que sucede con la filosofía en general, sólo pueden tener la esperanza de ser comprendidas si existe una genuina reflexión con uno mismo.
[22] Véase Thoma Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions, University of Chicago Press, Chicago, 1996. Es interesante ver la percepción de Kuhn sobre la idea de que la investigación efectiva de la ciencia se inicia con un cuerpo rígido de conocimientos, los cuales deben ser compartidos por la comunidad científica y que él denomina paradigmas. Este cuerpo de conocimientos no puede ser explicitado sino que forma parte de un tipo de aprendizaje práctico que tiene, como se verá luego, similitudes con alguna de las características del lenguaje expuestas por Wittgenstein. 
[23] Peter Winch (Op.cit 2003) en el prefacio a la segunda edición.
[24] L. Wittgenstein (Op. cit 1997, p. 143, {5.6})
[25] Peter Winch (Op. cit 2003, p. 28) {Traducción propia}
[26] Véase W.V. Quine, From a Logical point of view, Harvard University press, USA, 1980.
[27] L. Wittgenstein (Op. cit 2001, p. 2)
[28] Ibid
[29] P. Winch (Op. cir 2003, p. 27) {Traducción propia}
[30] L. Wittgenstein (Op. cit 2001, p. 6) {Traducción propia}
[31] T. Kuhn (Op. cit 1996, p. 42)
[32] El economista F.V. Hayek  fue aparentemente influenciado por la idea de las reglas desarrolladas por su primo Wittgenstein,  para desarrollar sus ideas epistemológicas y económicas. Véase Paloma de la Nuez, La Política de la Libertad, Unión editorial, Madrid, 1.994, p. 84
[33] Esta explicación la elabora Winch contra críticas que se han hecho contra Wittgenstein y que reflejan una deficiente comprensión de su trabajo
[34] En Investigaciones Filosóficas (2001), p. 3 dice: “Es como si alguien dijera: ‘un juego consiste en mover objetos en una superficie determinada de acuerdo con ciertas reglas…’ – y nosotros responderíamos: Usted parece pensar en juegos de mesa, pero hay otros. Usted puede hacer su definición correcta restringiéndola a ese tipo de juegos”.
[35] Winch (Op. cit 2003) el mismo Winch declara que éste es su argumento central en el prefacio que hiciera a la segunda edición.

lunes, 2 de junio de 2014

COMPRENSIÓN

Comprensión  
Teresa López de la Vieja de la Torre
Universidad de Salamanca



"Comprensión" (Verstehen) es un término amplio que se refiere tanto a una actividad intelectual como a un método, utilizado en Ciencias Sociales, en Historia y en Filosofía. Sirve para conocer el significado de las acciones, para establecer analogías entre experiencias propias y sucesos externos. "Comprender", "interpretar", "comprehender", "alcanzar", "inteligir", "aprehender", "entender", "percibir el significado", etc., se refieren, por tanto, a una operación intelectual compleja. 

El término alemán Verstehen, traducido de varias formas, recoge elementos tan distintos como un acceso privilegiado al objeto de la investigación, analogías entre lo externo y lo interno, acceso a los motivos e intenciones del agente, capacidad para situarse en el lugar de otro, conocimiento implícito, empatía, etc. Por lo general, esta operación intelectual es muy estimada, ya que refuerza y añade valor a la información adquirida por el sujeto. Es además una metodología de tipo cualitativo que asocia la inteligibilidad del objeto investigado a las experiencias subjetivas. 

La capacidad para identificarse con el objeto, el contexto de la investigación, las experiencias e incluso las actitudes del observador forman parte de este procedimiento de investigación. Por idéntico motivo, la "comprensión" suele estar relacionada con otros conceptos que se refieren a aspectos internos de la acción, como "intencionalidad", "propósito", y no sigue las reglas de la explicación causal.

Según M.Weber, las Ciencias sociales han de analizar el aspecto cualitativo de los hechos, las demás ciencias suelen ocuparse de la objetividad, de los procedimientos que aseguran un conocimiento exacto, relaciones cuantitativas, etc. Datos y juicios de valor, hechos y valores se mezclan, por tanto, en el ámbito de lo cultural: "..sin las ideas de valor del investigador no existiría ningún principio de selección temática ni un conocimiento sensato de la realidad individual" (La acción social: ensayos metodológicos,). 

Por el contrario, O. Neurath descalificaba la separación entre Ciencias del espíritu y Ciencias naturales, cuestionando asimismo las pretendidas ventajas de la comprensión y de la empatía como formas válidas de conocimiento: "La literatura filosófica, en especial la literatura de la Filosofía de la Historia, insiste frecuentemente en que sin la "empatía", sin el "comprender", sería imposible hacer estudios históricos ni agrupar ni describir de alguna manera comprensiva las acciones humanas. ¿Cómo podemos tratar de eliminar de una manera general esos obstáculos, a partir del punto de vista del fisicalismo?"("Sociología en Fisicalismo"). 

La controversia sobre explicación-comprensión ha marcado una larga e importante etapa de las Ciencias sociales y de la Filosofía contemporánea. Este debate sobre el valor heurístico de la comprensión y sobre las "dos culturas" ha pasado por sucesivas etapas, en las cuales se solapaban con frecuencia cuestiones metodológicas y cuestiones ideológicas. La complementariedad de los métodos y del valor heurístico de la comprensión ha favorecido posteriormente una solución de compromiso entre las "dos culturas".

A partir de los años setenta, el "giro interpretativo" ha estado centrado en cuestiones teóricas y prácticas, igualmente polémicas, como el valor de lo contingente y lo particular, la autoridad de las tradiciones, el significado de los textos, la validez de los símbolos compartidos, el relativismo y el universalismo de las normas, la racionalidad de la acción, etc. La tensión entre método de conocimiento, con pretensiones universales, y creencias particulares estaba ya presente en un comentario poco afortunado de M.Weber: "toda demostración científica metódicamente correcta……tiene que ser admitida como correcta incluso por un chino". 

J.G.Droysen, M.Weber, W.Dilthey, Th.Abel, G.H..Von Wright, H.G.Gadamer, P.Winch, J.Habermas y Ch. Taylor, entre otros, han acudido a la interpretación para poder explicar la complejidad de las acciones. Las definiciones de "comprensión", en la metodología de la Historia como ciencia, los argumentos a favor y en contra del Positivismo, procedimientos alternativos a la explicación, las demandas de reconocimiento de las diferencias culturales, permiten reconstruir las principales etapas: (1) Verstehen como método, (2) el "giro interpretativo", (3) elementos normativos en la comprensión.
 
1.Verstehen como método
En Grundriss der Historik, J.G.Droysen estableció cuáles eran los objetivos y la metodología de la investigación histórica. El método científico ha de explicar (Erklären), el método especulativo de la Filosofía y de la Teología ayuda a conocer (Erkennen). En cambio, el método histórico permite comprender (Verstehen). Con este procedimiento, J.G Droysen pretendía reforzar la autonomía de una disciplina, la Historia, que no es ciencia estricta y tampoco libre especulación. Ideó entonces este recurso intermedio, el método de "lo congenial" y de las analogías. 

Verstehen era un procedimiento analítico y sintético, una suma peculiar de elementos cognitivos, evaluativos y expresivos. La subjetividad era incorporada como un elemento relevante para la investigación; es más, las disciplinas históricas recuperaban la narración de los hechos, la interpretación de las semejanzas, la memoria personal, la expresividad del agente, etc.. Por lo tanto, la "comprensión" o método de "lo congenial" utilizaba con ventaja las analogías entre lo investigado y quien investiga, lo externo y lo interno. 

El procedimiento fue bien aceptado en el campo de las denominadas "Ciencias del espíritu" o Ciencias de la cultura, ya que permitía tanto la búsqueda del significado, como la primacía de la acción individual y la exploración de nuevas hipótesis (valor heurístico). Sin embargo, estas perspectivas favorables no evitaron las críticas posteriores sobre los resultados inciertos y sobre el modelo de conocimiento del que había surgido Verstehen como método (pruebas deficientes).

1. W.Dilthey y M.Weber habían ampliado la terminología y el repertorio de las "Ciencias del Espíritu", abogando por una forma especial de conocimiento. Se refirieron a la "claridad completa en la concepción de una conexión", "la capacidad de revivir una experiencia", "comprensión del sentido intencional de una acción", "comprensión explicativa", "comprensión interpretativa", "evidencia endopática", "evidencia racional". 

Según M.Weber, la acción es "conducta subjetivamente significativa", por lo que Verstehen era el método más adecuado para conocer lo interno, el significado (Sinn) de las acciones. En esta primera etapa, el método comprensivo ofrece o pretende ofrecer una visión privilegiada del estado interno de la acción, siendo además un complemento o una alternativa a la explicación de tipo causal. 

La comprensión servía para tender puentes entre Ciencias del Espíritu y Ciencias de la Naturaleza; sin embargo el método de "lo congenial" dio paso al antagonismo entre procedimientos, prácticas científicas, creencias, etc. Por un lado, Verstehen facilitaba la búsqueda de hipótesis, nuevos hallazgos, consolidando su función heurística. Por otro, dio entrada a la analogía y a la empatía como elementos de la investigación, alimentando la tensión entre "dos culturas" con nuevos argumentos a favor y en contra del Positivismo en las Ciencias sociales.

2. "La tímida discusión abierta antaño por el neokantismo sobre las diferencias metodológicas entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu está hoy olvidada. El problema que la provocó parece haber dejado de ser actual", escribía J. Habermas en "Un informe bibliográfico (1967): La Lógica de las Ciencias Sociales". 

En otro conocido artículo, "La operación llamada Verstehen", Th. Abel constataba que este procedimiento había aportado un complemento subjetivo a la investigación sobre las acciones humanas. Pero no es suficiente, puesto que este método no sigue las reglas de la explicación y, sobre todo, porque depende de generalizaciones psicológicas. Al apoyarse en la generalización de experiencias personales, la actividad u operación comprensiva contribuye de forma poco eficiente al análisis y a la verificación de los resultados. De un lado, "comprender" resulta interesante para la exploración preliminar de un tema y para la formulación de las hipótesis de trabajo. De otro lado, no está en condiciones de ofrecer argumentos libres de presupuestos.

3. En 1971, G.H. Von Wright se refería al clásico debate entre ciencia y Ciencias del Espíritu como a una polémica relativamente olvidada, una "venerable cuestión". La influencia de Droysen se hizo sentir sobre las controversias metodológicas, y sobre el rechazo hacia el modelo de ciencia unificada. Sin embargo, el uso ordinario del lenguaje – precisaba G.H. Von Wright – no separa de forma tan radical la actividad del "comprender" y la actividad de "explicar". ¿Tiene sentido mantener aún la tesis de una ciencia sui generis y de un método especial para las Ciencias Sociales?

En realidad, cualquier explicación proporcionará también comprensión, es incluso el requisito previo para explicar causalmente. Por tanto, la diferencia de procedimientos estriba en el sesgo psicológico que introduce la actividad del comprender, por estar directamente relacionada con la intencionalidad del agente y con los aspectos internos de la acción. Habrá que hablar entonces de una explicación cuasi-causal de la acción, o de dos tipos de causalidad, una para el ámbito de la acción, otra para el ámbito de lo natural.

4. E. Morin llegó a afirmar incluso que la cultura actual era decisivamente "sub-comprensiva". Y, sin embargo, el método comprensivo desempeña un papel central en la Filosofía contemporánea, especialmente en la Hermenéutica.

H.G Gadamer recuperaba Verstethen como una práctica o como "un arte". No es un método en sentido estricto, sino un procedimiento que lleva a captar el sentido del mundo – entender, transmitir algo -, como un conjunto que se despliega a lo largo de la Historia. Se refería Gadamer a la "historicidad de la comprensión", porque es posible acceder al todo desde lo individual, y a lo individual desde el conjunto. Su tesis de la "fusión de horizontes" le alejaba, evidentemente, de los enfoques metodológicos de esos años. 

En el marco de la Hermenéutica, Verstehen tiene un carácter universal, porque toda interpretación se realiza a través del lenguaje. Tiene lugar en el diálogo, mediante preguntas y respuestas: comprendemos junto a otros, interrogamos a los textos, damos razones e intercambiamos razones en un procedimiento dialógico. Leer es asimismo una forma de dialogar y de escuchar, con el "oído interior". 

Por lo tanto, entender e interpretar significan entenderse, relacionarse con otros (Mit-einander-sich Verstehen, "Die Vielfalt der Sprachen und das Verstehen der Welt") . De ahí el trasfondo moral y político de toda actividad interpretativa. Por esta misma razón, la práctica de la interpretación termina por incidir en el carácter y en las actitudes del sujeto: tiene valor formativo (Bildung). La Hermenéutica recupera el ideal formativo de los Studia humanitatis, asegurando la continuidad de la tradición y dando prioridad al lenguaje en funcionamiento. Un lenguaje que pertenece a contextos no científicos, donde la autoridad de la tradición no ha sido invalidada.

"Descubrir los motivos de una acción confusa es aumentar nuestra comprensión de esa acción; eso es lo que significa "comprensión" cuando se aplica a la conducta humana"(Ciencia Social y Filosofía). Esta definición de P. Winch demuestra que Verstehen estaba dejando atrás las controversias sobre la ciencia unificada y sobre el Positivismo, para centrarse en la cuestión de la inteligibilidad de las prácticas y de las reglas de actuación. Se considera significativa tan sólo a aquella acción que esté guiada por reglas. A su vez, las reglas han sido socialmente establecidas. 

Por tanto, el "giro interpretativo" cambia el sentido de los debates sobre la comprensión, subrayando la construcción social del sentido de las acciones. Este cambio de punto de vista es paralelo a otros giros del pensamiento contemporáneo, como el "giro lingüístico", el "giro retórico", el "giro expresivista"... Ya no se trata de producir tipos ideales como paradigma de acciones inteligibles ("toda demostración científica metódicamente correcta……tiene que ser admitida como correcta incluso por un chino"), sino de acceder a otros juegos de lenguaje y a la racionalidad de otras formas de vida.
 
2. El "giro interpretativo"
Comprender una oración es conocer su significado, las reglas. Sin éstas no hay conductas significativas. Es más, los hechos institucionales existen siempre dentro de un sistema de reglas (J.Searle en Actos de habla). Después de los primeros debates sobre Erklären y Verstehen, las versiones más recientes de la comprensión están relacionadas con los cambios que han afectado a la forma de entender la ciencia, el lenguaje y la racionalidad de la acción. 

"Comprender" es acceder a las reglas que gobiernan la conducta individual y las prácticas sociales; después de L.Wittgenstein, se acepta que el "sentido" está simbólicamente mediado. Entender otras formas de vida (P.Winch) es acceder a otros juegos del lenguaje y a otros estándares de racionalidad. La comprensión es, por tanto, una forma de aprendizaje, que exige un considerable esfuerzo para ir más allá de los limites del propio mundo, más allá de los límites de la propia cultura (Ch.Taylor), clase, tradición género, identidad, etc..

(a) Los métodos cualitativos han adaptado algunos principios que había desarrollado en su momento el interaccionismo de A. Schütz. En su esquema, "acción" era algo ya constituido, con una cierta objetividad y, también, algo que se constituye, una secuencia. Tanto la Sociología cualitativa (P. Berger, Th. Luckmann) como la Etnometodología (H.Garfinkel, E. Goffman) consideran relevante la segunda modalidad, la información que administran los mismos agentes. 

El método sirve entonces para reconstruir un escenario, para definir una situación, para ver las relaciones sociales bajo es aspecto de expectativas recíprocas, etc. En otra versión, comprender el sistema de relaciones y los sistemas simbólicos implica comprenderlos como parte de los procesos de producción y de objetivación (P.Bourdieu). La heterogeneidad de la vida cotidiana constituye asimismo el tema central de una Teoría de las necesidades ("..los hombres- en su particularidad - se adaptan a las formas sociales", A.Heller).

(b) Las formas sociales definen las reglas. Por tanto, los límites de la comprensión serán también los límites de la cultura a la cual se pertenece. Entonces ¿cómo podremos entender otras culturas? P.Winch aceptaba la correspondencia entre la actividad de entender y la vida social. Comprendemos algo en el marco de una determinada sociedad, con reglas y convenciones propias. Esto no impide que las sociedades sean accesibles al observador. 

Winch defendía la inteligibilidad de culturas diferentes, de otras formas de vida, de otros estándares de racionalidad: "Estudiar seriamente otro modo de vida es necesariamente buscar la ampliación del nuestro" (Comprender una sociedad primitiva).

(c) El problema de la "inconmensurabilidad" de las formas de vida ha sido planteado en su forma más extrema por A.MacIntyre, denunciando la pérdida de esquemas conceptuales y de los contextos de significado en las sociedades modernas. "Cada uno de los argumentos es lógicamente válido o puede desarrollarse con facilidad para lo que sea; las conclusiones se siguen efectivamente de las premisas. Pero las premisas rivales son tales, que no tenemos ninguna manera racional de sopesar las pretensiones de la una con las de la otra" (Tras la virtud).

Como, además, estas sociedades tampoco establecen un esquema superior para decidir sobre sistemas tan distintos, la arbitrariedad privada sustituye entonces a las discusiones públicas. MacIntyre criticaba el desorden de las prácticas contemporáneas, y el consiguiente desorden moral. Desde un punto de vista similar, M.Sandel ponía el acento en la multiplicidad de comunidades y de grupos políticos, que se superponen o compiten entre sí. Terminan por erosionar la idea de comunidad y, sin sentido de comunidad, sin control sobre las instituciones, los ciudadanos terminan por dirigir su descontento hacia el sistema democrático.

(d) Ch.Taylor presenta la comprensión como un problema de respeto o de reconocimiento de las diferencias en la esfera pública. La identidad, lo que somos y aquello que queremos ser, se construye y se negocia a través del diálogo con otros sujetos. Por tanto, si la identidad de los grupos no es respetada ni reconocida, éstos tendrán una imagen devaluada de sí mismos, serán grupos dañados y oprimidos. Frente a la política universalista de la igual dignidad, la política de la diferencia aboga por el respeto de la identidad, combinando además derechos universales con el reconocimiento de lo particular.

El Liberalismo suele apelar a principios como la imparcialidad, la libertad, la igualdad, etc. Sin embargo, está ciego ante las diferencias, por lo que un grupo o una cultura terminará por imponerse sobre otros grupos y sobre las culturas minoritarias. Hablar de sociedades multiculturales significa, en cambio, respeto y protección de las diferencias, al haber asumido que todas las culturas tienen algo importante que decir.

Verstehen ayuda a clarificar cuestiones que son relevantes para los agentes, como el relativismo derivado de la "comprensión dependiente de contexto", la debilidad de una "comprensión metódicamente asegurada", la dificultad de establecer analogías entre tradiciones y culturas distintas, el respeto a lo diferente. De hecho, la comprensión y el ejercicio de la interpretación son mucho más que un procedimiento en el marco de sociedades con diversificación creciente, pluralistas, con dificultades de integración entre culturas y entre tradiciones. El frágil equilibrio entre pretensiones universalistas y el respeto hacia las diferencias requieren hoy más que nunca de sistemas abiertos, así como de procedimientos flexibles y heurísticos.

"Comprender" es efectivamente algo más que entender el significado de la acción, tiene que ver con la capacidad para ponerse en lugar del otro, con actitudes más respetuosas hacia lo diferente, con la aceptación de lo heterogéneo, etc. Sin embargo, Verstehen ha sido cuestionado por estas mismas razones, por su proximidad con las tradiciones, el contexto y la identidad diferenciada. Porque "comprender" no siempre implica "tolerar".
 
3. Elementos normativos
La "acción comunicativa" se refiere a un tipo de acción que está orientada al entendimiento. La Pragmática universal reconstruye las reglas que hacen posible este entendimiento, puesto que es imposible acceder directamente a los fenómenos de la conciencia (Teoría de la acción comunicativa). J. Habermas había participado en el debate de los años sesenta y setenta sobre la metodología en las Ciencias Sociales y sobre el Positivismo. En los años ochenta y noventa, marca las distancias con respecto a la Hermenéutica y, en general, con respecto al estilo contextualista de presentar las cuestiones prácticas.

Por ejemplo, Habermas comenta que H.G.Gadamer no había separado claramente "comprensión" y "acuerdo" o reconocimiento intersubjetivo. El mismo utiliza el término "entendimiento", pero se refiere sólo a las condiciones universales de un entendimiento posible; afirma que el filósofo es guarda e intérprete, pero se refiere la interpretación de la racionalidad (Moralbewusstsein und kommunikatives Handeln). Su versión de la comprensión reflexiva implica "participar en acciones comunicativas", aunque nunca considera el lenguaje natural como su propio metalenguaje. La comprensión tampoco aparece determinada por las tradiciones – la Historia no siempre es magistra vitae (Die Normalität einer Berliner Republik) -; por tanto, la nueva "comprensión metódicamente asegurada" trata principalmente del sistema de reglas en una habla racional.

J.Habermas pretende que la Sociología comprensiva cambie de paradigma, en términos de Teoría del lenguaje: la Teoría de la acción comunicativa se ocupa de una clase de acción social que está simbólicamente mediada. Los elementos normativos son la parte central de este programa, pues la Pragmática universal examina las pretensiones de validez, verdad, inteligibilidad, veracidad. J.Habermas recuerda que antes la Teoría sociológica ofrecía algún tipo de orientación a los agentes sociales, pero ¿es posible que las Ciencias Sociales vuelvan a conectar con los problemas del presente? 

Hoy es necesaria una Teoría de la acción, aunque o precisamente porque ha tenido lugar "el no acoplamiento con programas políticos y movimientos sociales"(Texte und Kontexte). El debate sobre explicación y comprensión parece concluido, los tópicos o "la fetichización del espíritu y de la lengua alemana, con el desprecio de lo social" (Texte und Kontexte) han quedado también atrás. Queda abierto, sin embargo, el debate sobre las relaciones entre la Teoría de la acción y las prácticas sociales.

El principio de inclusión – identidades, diferencias, culturas, nacionalidades - completa esta teoría de perfil cognitivista y universalista, en la cual tienen siempre preferencia los derechos universales sobre las formas de vida particulares. La inclusión caracteriza a una esfera pública abierta a las diferencias, "porosa"(Die Einbeziehung des Anderen). En este punto, J.Habermas ha tenido en cuenta los argumentos procedentes de la Teoría feminista, por eso defiende un universalismo con sensibilidad hacia las diferencias y hacia las formas de exclusión. (Faktizität und Geltung).

El Feminismo sigue cuestionando el modelo universalista y los principios liberales, como la autonomía, la justicia, la igualdad. Por ejemplo, I.Young asume el principio de justicia para organizar la esfera pública, pero denuncia también las formas de opresión y, en general, una cultura política que ha sido definida en términos masculinos. Las demandas de justicia efectiva, respeto hacia las diferentes identidades, igualdad real para todos los agentes, forman parte la "otra voz" (C.Gilligan). Pues los grupos y minorías no sólo reclaman comprensión, reclaman mayor presencia en la esfera pública, respeto y tolerancia.

Existen, sin embargo, límites para lo diferente, lo particular, lo heterogéneo, puesto que algunas tradiciones y diferencias no merecen comprensión, tolerancia ni respeto. M.Nussbaum se refiere concretamente a las prácticas tradicionales que dañan la salud y la integridad de las mujeres. Es más, algunas formas de vida perpetúan un orden injusto para las mujeres. Por lo tanto, los derechos básicos marcan el límite para la comprensión y la aceptación de las identidades.

"Quiero entender", repetía H.Arendt en entrevistas, artículos y debates (Ich will verstehen). El imperativo de la comprensión es absolutamente necesario, incluso cuando los acontecimientos han superado los límites de la razón y de la realidad. Frente al Totalitarismo no era ni es suficiente la información ni el conocimiento, hay que entender, como afirmaba H.Arendt. Pero comprender hechos terribles y sin sentido no significa aceptarlos.


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