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viernes, 2 de agosto de 2013

LAS TEORÍAS ÉTICAS CONTEMPORANEAS: Revisión: CAYETANO ACUÑA.

Las teorías éticas contemporaneas

Percy Cayetano Acuña Vigil [ ]




En este escrito presento un panorama actualizado de las éticas contemporaneas con la finalidad de organizar material informativo reciente.

1.    La ética. Definición.

La ética, es una de las ramas de la filosofía. Estudia las cosas por sus causas, de lo universal y necesario, constituye un nivel de reflexión acerca de los códigos, juicios o acciones morales y en ella la pregunta relevante es por qué debo, esto es, la ética tiene que dar razón mediante reflexión filosófica (conceptual y con pretensiones de universalidad) de la moral, tiene que acoger el mundo moral en su especificidad y dar reflexivamente razón de él. (Cortina, 1996:31, 2000:29 y 221/Höffe, 1994:99) [ ].

La moral es el conjunto de códigos o juicios que pretenden regular las acciones concretas de los hombres referidas ya sea al comportamiento individual, social o respecto a la naturaleza, ofreciendo para esto normas con contenido, ella trata de responder a la cuestión qué debo hacer (Cortina: 1996:89/Höffe, 1994: 190);
La primera es moral pensada; la segunda es moral vivida (Aranguren, 1997: 3, 58-60).

Según una corriente “clásica”, la ética tiene como objeto los actos que el ser humano realiza de modo consciente y libre. No se limita sólo a ver cómo se realizan esos actos, sino que busca emitir un juicio sobre estos, que permite determinar si un acto ha sido éticamente bueno o éticamente malo [ ]. Ello implica establecer una distinción entre lo que sea bueno y lo que sea malo desde el punto de vista ético, y si el bien y el mal éticos coinciden o no con lo que serían el bien y el mal en sí.[ ]

Las teorías éticas son aquellas propuestas que pretenden dar razón de la forma de moralidad.

Estas teorias éticas requieren del ethos reflexivo que según Maliandi [ ] tiene tres niveles:
La ética descriptiva, cuya tarea no es pensar los fundamentos morales ni criticarlos y tampoco valorarlos, sólo describirlos.
La ética normativa, que trata del "debe" y elabora juicios sobre el hecho moral.
La metaética, desarrollada por los filosofos del lenguaje y se ocupa en analizar el lenguaje moral.

2.  Las concepciones de la ética:

Angel Rodriguez Luño en Ética General [ ] expone cinco concepciones de la ética que tienen en la actualidad gran importancia.

2.1. La ética como investigación acerca del tipo de vida que es mejor para el hombre. Es el planteamiento común a la casi totalidad de los filósofos griegos y, con algunas transformaciones, también entre los filósofos medievales (San Agustín, Santo Tomás de Aquino).

Tomas de Aquino


2.2. La ética como indagación acerca de la ley moral que ha de ser observada. Esta figura de ética nace en el siglo XIV, con J. Duns Escoto y G. de Ockham, en el contexto de serias y complicadas controversias teológicas. Se desarrolla y diversifica al menos en dos direcciones: en el ámbito de la teología moral católica post-tridentina, como moral casuística; en el ámbito de la Ilustración, como ética secularizada de la ley (iusnaturalismo racionalista y ética del deber de Kant).

2.3. La filosofía moral como búsqueda y fundamentación de las reglas para la convivencia y la colaboración social. Este enfoque, del que Hobbes puede ser considerado su primer representante, lleva a considerar inoportuna e incluso ilusoria la reflexión acerca del sumo bien, y aconsejan concentrar todos los esfuerzos en el objetivo más modesto, pero también más realista y urgente, de evitar el sumo mal. (Rawls, Habermas, Apel).

2.4. La ética como explicación naturalista del comportamiento humano. Hume podría ser su representante clásico más significativo.

2.5. La ética como saber ordenado a la producción de una buena (o de la mejor) situación vital para el individuo o para la colectividad. Esta figura de ética está representada por las diversas doctrinas utilitaristas, con las que están emparentadas las corrientes éticas que hoy llamamos consecuencialismo y proporcionalismo.

3. Las éticas desde 1900

Si nos referimos a los inicios del pensamiento moral desde 1900 se registra las eticas analiticas, las eticas axiologicas, las eticas existencialistas.

3.1. Éticas analíticas.

Consultar mi escrito sobre: Filosofía del lenguaje
Consultar mi escrito sobre:  Significado del término Analítica
Consultar mi escrito sobre: Lógica y filosofía del lenguaje: Saúl Kripke.

3.2. Éticas axiológicas

Max Scheler
Nicolai Hartmann


Con la fenomenología es que el tema de los valores adquiere relevancia. Los trabajos de Max Scheler  y Nicolai Hartmann (Ethik, 1926) dieron a la teoría de los valores las herramientas metodológicas que permitieron encontrar su esencia.
El aporte de la ética de los valores es el haber resaltado su importancia en la vida moral y en la vida de las personas.

Scheler utilizó la fenomenología para estudiar los fenómenos emocionales y sus respectivas intencionalidades (los valores) y a partir de ellos elaboró una muy sólida y original fundamentación personalista de la ética: la realización de los valores se concretiza en modelos humanos que invitan a su seguimiento. Dichos modelos serían el héroe para los valores vitales, el genio para los valores espirituales y el santo para los valores religiosos.

Su obra más famosa El formalismo en la ética y la ética material de los valores (1913-1916), es un tratado en dos volúmenes que intentan dar un nuevo fundamento personalista a la ética, desde este nuevo fundamento se critica el enfoque ético meramente formal del filósofo alemán Immanuel Kant y lo cambia por un estudio de los valores en cuanto contenidos específicos de la ética, los que se presentan de un modo directo e inmediato a la persona y no a la conciencia como sostenía Husserl.

La tesis principal presentada por Hartmann en los Fundamentos de la ontología es que todas las diferencias ontológicas son articulaciones del ser, no diferencias entre el ser y el no ser. Las Partes y el todo son ambos aspectos auténticos del ser, las entidades independientes y dependientes son igualmente aspectos del ser, los tipos físicos, biológicos, psicológicos y espirituales del ser son todos  manifestaciones del ser, y ninguno de ellos es " más ser " que el otro.



Consultar mi escrito sobre:  ¿Qué es la Axiología?

3.3. Éticas existencialistas



Federico Nietzsche

Los filosofos más representativos de este enfoque son Pascal, Jean Paul Sartre, Soren Kierkegard y Federico Nietzsche.
No se trata de una escuela homogénea ni sistematizada, y sus seguidores se caracterizan principalmente por su reacción contra la filosofía tradicional. Estos filósofos se centraron en el análisis de la condición de la existencia humana, la libertad y la responsabilidad individual, las emociones, así como el significado de la vida.

Uno de sus postulados fundamentales es que en el ser humano "la existencia precede a la esencia" (Sartre), sostiene que no hay una naturaleza humana que determine a los individuos, sino que son sus actos son los que determinan quiénes son, así como el significado de sus vidas. El existencialismo defiende que el individuo es libre y totalmente responsable de sus actos. Esto incita en el ser humano la creación de una ética de la responsabilidad individual, apartada de cualquier sistema de creencias externo a él. En líneas generales el existencialismo busca una ética que supere a las moralinas y prejuicios


Consultar mi escrito sobre la obra de: Federico Nietzsche

4. Las éticas contemporaneas


Respecto al término de ética contemporánea, nos referimos aquí a las propuestas que han venido desplegándose poco a poco desde la década de los setenta hasta nuestros días.
En la actualidad la discusión ética parece centrarse fundamentalmente entre sustancialistas y procedimentalistas.

En una caracterización inicial, mientras el procedimentalismo considera que la tarea ética estriba en descubrir los procedimientos legitimadores de las normas (Cortina, 2000: 75-78), el sustancialismo sostiene como tarea ética la búsqueda dentro de la praxis concreta de la racionalidad inmanente a la misma.

En esta clasificación se incluye en las propuestas procedimentaslistas a la obra de: Karl Otto Apel, Jürgen Habermas y Adela Cortina, todos ellos con propuestas inscritas dentro de la ética discursiva, Enrique Dussel defensor de una ética de la liberación y John Rawls que se inscribe dentro del neocontractualismo.

Adela Cortina


En las teorías éticas sustancialistas se suele incluir las propuestas de Charles Taylor neohegelianismo, Alasdair MacIntyre neoaristotelismo y Richard Rorty, neopragmatico.

4.1. El Sustancialismo

El sustancialismo  presenta un marcado rechazo a la modernidad y cree preciso el retorno a etapas anteriores a la misma y a una razón sustantiva. Su propuesta es la de una filosofía moral que atienda más a la pluralidad de las formas de bien que a una concepción de definición racional (Thiebaut, 1992: 40).

El sustancialismo critica la distinción moderna entre el bien y lo justo y suscribe la tesis de que lo  justo no es pensable sino como forma de bien (Taylor, 1996: 102-106) y de que éste siempre y en última instancia tiene una referencia contextual y que en este sentido las formas concretas de bien moral son las que determinan de hecho el punto de vista ético.

El filósofo británico Alasdair MacIntyre en 1981, en Tras la virtud presenta una propuesta ética  sustancialista que es considerada junto con la de Charles Taylor como lo más representativo de esta corriente de pensamiento.

Alasdair MacIntyre

4.2.  El Procedimentalismo  

El procedimentalismo asigna a la ética la tarea de descubrir los procedimientos legitimadores de las normas (Cortina, 2000: 75-78). Son estos procedimientos racionalmente estructurados los que permiten a los individuos distinguir qué normas de las surgidas en el mundo de la vida son correctas.

El procedimentalismo intenta dar razones de la pretensión de universalidad de la moral y por ello apela a estructuras cognitivas y procedimientos que exhiben en su forma la universalidad, y así los procedimientos legitimadores pueden describirse sin depender para ello de los diversos contextos, y pretenden por tanto justificadamente universalidad.

El procedimentalismo también destaca la importancia del poder abstraerse del mundo de la vida a fin de realizar mediante un procedimiento racional la revisión y crítica de este mismo mundo.

Adela Cortina se inscribe dentro del procedimentalismo y la ética discursiva, presenta como marco teórico fundamentalmente la obra de Kant, Hegel, Habermas y Apel.

La ética discursiva constituye un modelo teórico dirigido a fundamentar la validez de los enunciados y juicios morales a través del examen de los presupuestos del discurso. La ética discursiva contemporánea ha sido elaborada por los filósofos alemanes Jürgen Habermas y Karl-Otto Apel, quienes son considerados como las referencias básicas e ineludibles.

La ética del discurso de Habermas es un intento de explicar las implicaciones de la racionalidad comunicativa en el ámbito de la intuición moral y la validez normativa.

El punto de partida de la ética discursiva, no es ontológico -del ser-, tiene como punto de partida un factum linguístico de la filosofía y considera al lenguaje  desde la triple dimensión del signo -sintáctica-semántica-y progmática trascendental, bajo una situación de diálogo y no desde la práctica empírica de los concensos fácticos.

La ética discursiva es cognoscitiva, en el sentido que cree posible la fundamentación de los juicios morales. Es universalista, porque los criterios han de aplicarse universalmente. Es deontólogica, en el sentido que se abstrae de las cuestiones del la vida buena, limitándose al caso de lo obligado según paramétros de la justicia de las normas y formas de acción. A la ética discursiva también se la catalogado como formalista [ ]. 


Jurgen Habermas

5. Otras éticas contemporaneas

Ética de la alteridad desarrollada por Emmanuel Levinas, Ética de la responsabilidad de Hans Jonas, Ética posmoderna de Gianni Vattimo .

Además la vida privada, la vida profesional, económica y política, en cuanto actividades libres, son realidades igualmente morales. Junto a la ética personal, existe también la ética profesional, la ética económica y la ética política.

Areas temáticas de especial interés y dificultad :
    La epistemología moral: Se trata de la teoría del conocimiento moral.
    La antropología moral: Es la teoría del sujeto moral.
   Los principios normativos: Es la teoría de los criterios éticos para la dirección y  valoración del comportamiento.

6. La ética positiva y la ética activa

La ética positva es aquella que la conoce el hombre pero que si la práctica es únicamente para satisfacer su interés particular, se limita al cumplimiento de los principios que rigen una conducta individual buena, pero no se preocupa por convertir esos principios en un valor de aplicabilidad social.

Simplificando, sería adoptar como objeto de la ética la oposición en los actos entre el bien y el mal, siempre entendiendo que la percepción del mal nunca es radical y absoluta sino que se obra el mal porque de ello se obtiene al menos la percepción de un cierto beneficio subjetivo.

Considerar el ámbito de la ética exclusivamente en la distinción operativa del bien y el mal sería reducir considerablemente su trascendencia como baremo del juicio de nuestra conciencia. La ética como valor quedaría supeditada a la evaluación del mal que pudiera derivarse de nuestros actos  y a dirigir nuestras acciones de modo que eviten el posible mal.

Esta ética considerada en la oposición entre el bien y el mal, además de que sólo sirve a un reducido ámbito de nuestras operaciones, se constituye esencialmente como una ética negativa, la de evitar el mal, que durante siglos ha marcado, al menos, la vertiente de la ética social. Evitar y castigar el mal ha prevalecido sobre el genuino valor de la ética como reguladora de los actos humanos en su propio fin que es el ejercicio del bien.

La ética activa es aquella que ajustándose a principios de la conducta buena, trabaja a favor de estos principios con el propósito de que se generalicen dentro del grupo social.

7. LA LEY NATURAL Y LA LEY POSITIVA.

La ética renacentista: Hacia el siglo XIII y XIV la reflexión ética tomó dos caminos distintos. El primero intenta continuar con la propuesta Aristotélica y la teoría tomista. El segundo se encamina, más bien, por una reacción en contra de la escolástica y de la tradición predominante hasta el momento.
   
En cuanto al primer movimiento, este tuvo dos direcciones:

a)   En Italia: un grupo de escritores y científicos naturalistas radicados en la ciudad de Padua se remontaron a los trabajos de algunos averroístas y a su vez al mismo Aristóteles donde encontraron la fuente de una teoría ética totalmente congruente con su manera de ver el mundo. Su principal representante es Pietro Pomponazzi.
b)    En la península Ibérica: la tradición tomista persiste en este territorio con un grupo de pensadores neo escolásticos católicos.  La teoría desarrollada en esta parte del hemisferio fue la de exponer y comentar la obra de Santo Tomás y Aristóteles. destaca la obra de Francisco de Vitoria.     

 El segundo movimiento tuvo como objetivo actuar en contra del Aristotelismo y sus posteriores reflexiones. Se inclinó por un regreso hacia las doctrinas platónicas. La raíz de este movimiento se encuentra en el auge de la ciencia empírica y la fragmentación de la unidad en la Iglesia católica. A su vez hay un redescubrimiento de los autores de la antigüedad  y un mayor disponibilidad de a sus textos.
    Destaca la obra de Nicolás de Cusa, Cósimo de Médicis, Marsilio Ficino y Giovanni Pico della Mirándola.


7.1. LA ÉTICA TOMISTA

La etica tomista comienza con la distinción de cuatro leyes que explican y confieren finalidad al mundo, al hombre y a la sociedad.
•  Ley eterna razon misma de dios en cuanto a creadora y ordenadora de todos los seres, movimientos y acciones.
•  Ley natural proyeccion de la ley eterna en el mundo y en la criatura racional. En el mundo se manifiestan como leyes fisica y en el hombre como leyes morales.
•  Ley positiva exigencia de la continuación de la ley natural en las normas juridicas que rigen el orden de la sociedad, son normas siempre encaminadas a conseguir un bien comun y formuladas por el gobernante de acuerdo con los principios morales de la ley natural
•  Ley de divina revelacion que dios hace de si mismo a traves de los textos sagrados. Su mision es consolidar la fe religiosa del creyente y completar aquellos aspectos de la unica verdad que no pueden ser alcanzados mediante la razon.
Entre estas leyes hay interrelacion y son de carácter complementario.

7.2. LA LEY NATURAL

Es el fundamento de las ideas éticas. Toma la distinción aristotelica entre entendimiento teorico (sto tomas piensa que tiene como objeto el conocimiento de la verdad) y practico, (tiene como maxima aspiracion el conocimiento del bien en el orden moral)
El contenido de la ley natural , sus principios y las normas secundatias son conocidos por el entendimiento practico a partir del analisis de la natura humana y del conjunto de las tendencia o inclinaciones naturales que les pertenecen.

Principios:
•  Del hombre como ser o substancia. Deduce los principos morales relativos al derecho a la preservación de la existencia y a la conservación de la vida
•  Del hombre como ser vivo o animal. Deduce los principios morales relativos a la sexualidad, procreación, educación de los hijos y la vida en familia
•  Del hombre como ser vivo racional. Deduce los principios morales relativos a labusqueda de la verdad basada en el encuentro de dios como ultimo fin del hombre

Características.
•  Unica: al existir una sola ley natural, no es admisible el pluralismo ético.
•  Evidente: sus principios son descubiertos de forma inequivoca por el entendimiento practico
•  Universal: es valida sin excepcion para todos los hombres, todas las sociedades y todas las epocas.
•  Inmutable: no puede ser modifica en lo esencial de sus principios pero su ambito de aplicación puede ser ampliado y perfeccionado a partir de la interpretación de los textos revelados (ley divina) y su desarrollo juridico (ley positiva)
•  Formal: sus principios tienen un alto grado de generalidad, por lo que las normas secundarias o concretas que se siguen de ellos no son siempre exactas, sino interpretables, y su margen de interpretación debe estar dentro de los limites de la ley natural

La oposición es la virtud, que Sto. Tomas la entiende en sentido aristotelico como el habito o disposición permanente de actuar conforme a los principios y normas de la ley natural.

Distingue entre virtudes intelecuales (propias del entendimiento teorico) y virtudes morales (propias del entendimiento práctico)

VIRTUDES INTELECTUALES  
Inteligencia (habito de los conceptos verdaderos)   
Ciencia(habito del razonamiento correcto)   
Sabiduría (habito de los primeros principios o causas)   
  

VIRTUDES MORALES. Primitivas, las que sirven de origen y fundamento a las demas (virtudes cardinales)
Prudencia (habito de saber y decidir correctamente en cada caso)
Justicia (habito de dar a cada uno lo que corresponde)
Fortaleza (habito de control y de dominio de las pasiones)
Templanza.(habito de moderar los apetitos sensibles)

Ademas de estas propias de la naturaleza humana, hay que añadir las virtudes teologales. Son exclusivamente tomistas ya que en la filosofia griega no hay antecedentes. Es un don gratuito y misterioso que dios otorga a los hombres para su salvacion, que es el fin ultimo de la vida humana.

Son:
•  FE. Creer en dios y su palabra revelada
•  Esperanza. Confiar en la gracia divina para la realización de la felicidad en la vida eterna.
•  Caridad. Amar a dios sobre todas las cosas y al projimo como a nosotros mismo.

La sociedad civil.

La ley natural finalizaba con la exigencia de la realización de la etica de la persona dentro de un marco de convivencia social y politico. La ley positiva , como conjunto de normas de derecho, tiene como mision la regulación racional de la convivencia en la sociedad civil con vistas a la obtención del fin ultimo: el bien común. Es una prolongación necesaria de la ley natural, pues la realización moral del hombre tiene su culminacion en la sociedad civil., es algo exigido por la naturaleza social y politica del hombre.

Tomás de Aquino

7.3. LA LEY POSITIVA

Es una ley elaborada y codificada (lex scripta) por una autoridad legítima: Dios para la ley positiva revelada; un legislador o una asamblea legislativa para la ley positiva humana.

La ley positiva revelada consiste en prescripciones formuladas en la Biblia, o de ley natural o de obligaciones diversas. Estas Últimas son de orden ceremonial-cultual y socio-judicial en el Antiguo Testamento, y relativas a los sacramentos, a la evangelización y a la vida de la Iglesia en el Nuevo Testamento.

La ley positiva humana -o simplemente ley humana- puede darse en un nivel estrictamente ético o en un nivel civil y jurídico. En el plano ético consiste en determinaciones prescriptivas de la ley natural por parte de una autoridad-moral en orden al bien natural o sobrenatural de las personas.

De este tipo son las leyes morales enunciadas por el magisterio del papa y de los obispos, así como las promulgaciones de los derechos del hombre y de sus particulares determinaciones por obra de asambleas legislativas y su recepción en las cartas constitucionales de los Estados.

Las leyes humanas estrictamente morales, que miran al bien ético simplemente, mandan todo lo bueno y prohíben todo lo malo, Las leyes civiles-jurídicas, que miran al bien común, mandan el bien y prohíben el mal relativos a la vida asociada. Tienen, como tales, una importancia ética más limitada y no exhaustiva de las exigencias del bien moral.

Ver mi escrito: ¿Qué es la ética?

Percy Cayetano Acuña Vigil
02/08/13

martes, 2 de julio de 2013

BIBLIOTECA NACIONAL. UN ROBO Y UNA IGNOMINIA.



Ricardo Palma

PARA NO OLVIDAR

Ignacio Domeyko tuvo a su cargo la clasificación del material robado al Perú
La verdad del saqueo a la Biblioteca de Lima
Escribe: Marcelo Mendoza, Diario Siete, Santiago de Chile

El saqueo de la Biblioteca de Lima en 1881 se ha mantenido como un secreto inconfesable de la Guerra del Pacífico, incluso ha sido negado por algunos historiadores nacionales. Diario Siete encontró la lista publicada en el Diario Oficial en esas fechas, donde se individualizan diez mil volúmenes que en su mayoría ingresaron a la Biblioteca Nacional. Tras dos años de negociaciones secretas entre los gobiernos de Chile y Perú, la devolución de parte de este botín de guerra parece inminente.

A días de iniciada la ocupación chilena de la capital peruana, el 17 de enero de 1881, el coronel Pedro Lagos eligió como cuartel de su batallón el palacio de la Biblioteca de Lima, sin saber que atesoraba la más valiosa colección bibliográfica de Latinoamérica (entre 35 mil y 50 mil volúmenes). Tardó un mes en reparar en ese detalle y le pidió a Manuel de Odriozola, su bibliotecario, que le enseñara aquel tesoro. Exigió las llaves de la bóveda en donde se guardaban los libros y lo que vino después fue la expoliación: un saqueo ordenado y diligente, metódicamente militar. A favor del coronel Lagos se debe inferir que la orden vino del gobierno central.

Dos meses después, en una carta a míster Christiancy, embajador de Estados Unidos en Perú, Odriozola, relató lo ocurrido. Trató el hecho de un “crimen de lesa civilización cometido por la autoridad chilena en Lima”, agregando: “Apropiarse de bibliotecas, archivos, gabinetes de física y anatómicos, obras de arte, instrumentos o aparatos científicos, y de todo aquello que es indispensable para el progreso intelectual, es revestir la guerra con un carácter de barbarie ajeno a las luces del siglo, a las prácticas del beligerante honrado y a los principios universalmente acatados del derecho”. Y termina: “Nadie podría recelar, sin inferir gratuito agravio al gobierno de Chile, gobierno que decanta civilización y cultura, que para él serían considerados como botín de guerra los útiles de la universidad, el gabinete anatómico de la Escuela de Medicina, los instrumentos de las escuelas de Artes y de Minas, los códices del Archivo Nacional, ni los objetos pertenecientes a otras instituciones de carácter puramente científico, literario o artístico (...) Los libros son llevados en carretas, y entiendo que se les embarca con destino a Santiago. La biblioteca, para decirlo todo, ha sido entrada a saco, como si los libros representaran material de guerra”.

El historiador peruano Mariano Paz Soldán en Narración histórica de la guerra de Chile contra Perú y Bolivia, publicada en 1904, anota: “Desde ese momento principió el saqueo descarado de ese sagrado depósito (...) Se cargaban carros con toda clase de libros, que se llevaban a casa de los chilenos y de allí, después de escoger lo que les convenía, el resto lo vendían en el mercado al precio de seis centavos de libra, para envolver especias y cosas por el estilo”.

La lista de Domeyko

Podría pensarse que solo es la versión de los vencidos, cargada de resentimiento hacia el invasor. Sin embargo, y pese a que el incómodo tema ha sido omitido por la historiografía nacional, existe un testimonio de peso que confirma el relato peruano de los hechos. Es la versión del sabio Ignacio Domeyko, rector de la Universidad de Chile y entonces el intelectual más prominente del país.

En su libro Mis viajes: Memorias de un exiliado (*), Domeyko se lamenta de que un decreto de Manuel García de la Huerta, ministro de Instrucción Pública del gobierno de Aníbal Pinto, le encomendara clasificar el botín arrebatado a la Biblioteca de Lima, museos y establecimientos varios de aquella capital. Califica la misión como “la más desagradable y antipática, pues me recordaba lo que habían hecho los rusos con muchas bibliotecas y colecciones de la Universidad de Vilna” y señala que habrían llegado “la mitad de los libros que, de acuerdo a informes fidedignos, poseía la ciudad de Lima”. Teniendo conciencia de la aberración cometida, quiso dejar un “minucioso inventario de los objetos traídos”, exigiendo que sea publicado por el gobierno “para que se viera el poco provecho que aportó al país ese robo y cuánto contribuirá para excitar animosidades entre dos naciones hermanas”. Hoy, 125 años después, sus palabras ratifican la lucidez y altura moral del sabio polaco.

Escondido en hojas de letra impresa, Diario Siete encontró aquel riguroso inventario que hizo Ignacio Domeyko en colaboración con un bibliófilo tan insigne como Diego Barros Arana. Entre el lunes 22 y el miércoles 24 de agosto de 1881 el Diario Oficial de la República de Chile publicó –con el título de Lista de libros traídos de Perú– un informe de dieciséis páginas enviado por Domeyko al ministro de Instrucción Pública con los libros y objetos de ciencia robados en Lima y hechos llegar a la Universidad de Chile. Recibió, en dos envíos de la Intendencia General del Ejército, un total de ciento tres grandes cajones y otros “ochenta bultos”. Separó en cuatro grupos los objetos recibidos: el primero, de “instrumentos y aparatos para la enseñanza de la física y de la química, y una colección de muestras para química orgánica y farmacia”; el segundo, de “preparaciones anatómicas”; el tercero, de “objetos de historia natural”; y el cuarto, de libros. Además, el botín incluía una gran colección geológica de rocas. Sin duda, lo más valioso eran –según Domeyko– “los más de diez mil volúmenes”, muchos de ellos del siglo XVI y XVII, incluidas numerosas joyas bibliográficas universales.

Pese a que muchos aparatos llegaron semidestruidos, el objetivo era enriquecer el patrimonio científico-cultural del país. Debe entenderse que, producto de haber sido una gobernación pobre, a mucha distancia de la holgura del Virreinato del Perú, Chile tenía muy precarios laboratorios y bibliotecas para la formación académica e investigación. Este botín, al entregársele a la universidad, obedeció a una planificada razón de Estado. Su publicación en el Diario Oficial –algo bien sorprendente si no se supiera de la tradición archilegalista chilena– puede ser vista como una muestra de que en el momento no se pensó que aquel botín no era malhabido. Tal vez correspondió a la arrogancia propia de los vencedores, porque después de aparecido en letra de molde, el tema se convirtió en tabú, en materia de rumores soterrados y negados. Hasta hoy.

Domeyko en persona hizo el catálogo de cerca de 150 instrumentos de física y química. El catastro del material anatómico fue hecho por el profesor de patología Francisco Puelma Tupper. Y el tesoro de mayor cuantía, el bibliográfico, fue clasificado en cuatro grupos: obras de historia, literatura y estadística; obras de física, matemática, historia natural y medicina; obras de jurisprudencia; y obras de teología. Barros Arana se encargó de la exhaustiva clasificación de los dos primeros grupos, los de mayor valor, catalogando 1,105 obras (cifra que se multiplica porque la mayoría de las obras tienen varios volúmenes; por ejemplo, Histoire de l’Academie tenía cien volúmenes) y doscientos veintidós manuscritos de “historia, literatura y ciencias”. También es significativa la cantidad de libros de derecho y teología.

Los días posteriores a esta publicación, el ministro de Instrucción Pública definió el destino final del botín: los aparatos de física y química al Laboratorio de la Universidad de Chile; los anatómicos a su Museo de Anatomía; los objetos de historia natural al Museo Nacional; los libros de viajes a la Oficina Hidrográfica; los de meteorología a la Oficina Meteorológica; y “todos los libros restantes, incluso los de teología, a la Biblioteca Nacional”. Desde entonces, se ignora el estado de situación del arsenal bibliográfico arrebatado. Pero es un hecho que varios de los libros más valiosos permanecen en la Sala Medina, el Fondo General y la bóveda de la principal biblioteca del país.

Los volúmenes del Compendio de las crónicas, de Garibay (de 1628), de la Biblioteca clásica latina, de Lamaire (151 volúmenes), del rarísimo libro Teatro del mundo i del tiempo, de Giovanni Galluci (de 1611), o un Diccionario español-latino, de Nebrija, están en la Biblioteca Nacional. Así como extraordinarias colecciones de atlas y libros de viajes de los siglos XVI, XVII y XVIII, incluidos en la lista de Domeyko.

El historiador Claudio Rolle recuerda que para una muestra bibliográfica de 1989, en homenaje al bicentenario de la Revolución Francesa, en la que él participó, tuvieron problemas al exhibir volúmenes de la gran Encyclopédie de Diderot y d’Alembert, porque en su interior había timbres de la Biblioteca de Lima.

Al final se mostraron ejemplares abiertos, en páginas donde no había timbre alguno– confidencia.

La devolución de los saludos

Solo tenemos que devolver saludos al Perú”, dijo el historiador Sergio Villalobos, justo hace un año, cuando una periodista le preguntó qué quedaba por entregarles a los peruanos de todo el botín sustraído en la Guerra del Pacífico. De un tiempo a esta parte, el Premio Nacional de Historia tiene opiniones poco contemporizadoras en muchos temas. Pero igual extraña su punto de vista, alineado a las voces más conservadoras del país, toda vez que él fue director de la Dibam, la institución responsable del tesoro bibliográfico de la Biblioteca Nacional, y como tal debió saber que numerosos libros de valor se guardan en bóveda porque poseen un timbre que reza: “Biblioteca de Lima”.

Para quienes han hecho investigaciones en nuestra biblioteca esto no es misterio. De forma soterrada, siempre se ha sabido que libros de la rica colección que allí se atesora –una de las tres más importantes del mundo en obras de y sobre América– provinieron del Perú como botín de guerra. Pero tampoco puede negarse que el grueso de nuestro tesoro bibliográfico es la extraordinaria colección de José Toribio Medina, agregándose a ello la biblioteca legada por Diego Barros Arana.

Aún persisten políticos e historiadores que consideran casi como un “gaje del oficio de guerra” el saqueo y robo de las pertenencias enemigas o que, en su defecto, estiman que hubo “un saqueo menor”; incluso que muchos libros fueron devueltos y, si quedaran, estarían en manos particulares porque habrían sido vendidos en el mercado negro por peruanos cuando Lima era regentada por el almirante chileno Patricio Lynch.

Villalobos se ubica en este último grupo. “Se tomaron algunas cosas de la biblioteca, principalmente obras de carácter religioso, que después fueron solicitadas por el gobierno peruano y devueltas por el presidente Santa María. Pero se encontró una cantidad de libros mínima”, dijo, señalando que “los principales destructores de la Biblioteca Nacional de Lima han sido los limeños”, para rematar así: “Creo que ya no correspondería devolución, si es que quedan textos peruanos en Chile”.

En tiempos en que está muy fresco el brutal saqueo del museo y biblioteca de Bagdad, tras la ocupación estadounidense de Irak (se destruyeron y desaparecieron innumerables piezas y manuscritos de miles de años de antigüedad), resultan difíciles de justificar las razones para no reponer agravios cometidos en mala lid. Tal como lo contó Diario Siete en noviembre último, el botín chileno arrebatado en el conflicto bélico contra Perú y Bolivia no se limitó a los “trofeos de guerra”, a lo conseguido en combate, como es el caso del Huáscar.

La devolución

Es probable que en los próximos meses el gobierno chileno devuelva a Perú algunos de los libros de aquel saqueo. Un rol clave en ello le ha cabido a Sergio Bitar, exministro de Educación. Hace dos años, a solicitud de su homólogo peruano, ayudó a crear un comité en Cancillería, especialmente abocado al tema de la “reparación de guerra” hacia el país vecino.

El miércoles de esta semana, Sinesio López, director de la Biblioteca Nacional del Perú, informó que ya estaba sellado un acuerdo oficial para la devolución de libros, y se quejó de que demoraba demasiado en concretarse. El ministro peruano de Educación, Javier Sota Nadal, ratificó lo dicho. “Hasta ahora hemos recibido señales positivas y ojalá esto se concrete –dijo–. Yo conversé con Sergio Bitar sobre el tema y en las conversaciones, que obviamente no puedo revelar, he encontrado aproximación”.

Los gobiernos de Lagos y Toledo dialogaron para conseguir la devolución, no sólo de libros, sino también de otros objetos patrimoniales que las tropas chilenas arrebataron en Lima. En esta tarea tuvo un rol de mediación Esteban Silva, exasesor chileno de Alejandro Toledo y militante del Partido Socialista. Los peruanos esperaban que este 27 de marzo, para la inauguración del moderno edificio de la Biblioteca Nacional del Perú, ocurriera el mentado gesto, pero no fue así. En su momento, el Presidente Frei ya había entregado cincuenta documentos peruanos que se conservaban en nuestro Archivo Nacional. Pero los peruanos nunca supieron qué libros ni qué cantidad exacta salieron en carretillas de la bóveda que cobijaba su tesoro bibliográfico. Ahora, al divulgar Diario Siete la lista de Domeyko, recién se empieza a conocer la verdad histórica del saqueo bibliográfico de Lima.

Michelle Bachelet, estando en campaña, prometió concretar los gestos de reparación hacia Perú. De hecho, como ministra de Defensa, mantuvo excelentes relaciones con el mundo militar peruano. Pero es un tema sensible y cada vez que se plantea un cúmulo de voces aparecen oponiéndose, como de hecho lo hicieron un par de diputados de la derecha. Igual, las cosas parecen haber cambiado. Y mucho: Jorge Arancibia –el ex comandante en jefe de la Armada, y hoy senador de la UDI– anunció su disposición a efectuar devoluciones a Perú del botín de guerra del Pacífico. “(Estoy) llano a traspasar documentos históricos u otros elementos que signifiquen un gesto de buena voluntad. Me parece perfectamente bien”, dijo.

El ex ministro Bitar ratifica a Diario Siete las informaciones de Perú

– Con mi amigo Sota Nadal conversamos el tema y vimos las condiciones que debían darse para la devolución de libros –cuenta–. Se formó una comisión de expertos para analizar los libros peruanos que se conservan en la Biblioteca Nacional y me parece que son más de quinientos. Lo importante es dar un paso. Perú puso un busto de O’Higgins en su Panteón de los Próceres. Tras la Guerra del Pacífico, era el único prócer ausente.

En todo caso, la decisión de devolver parte de aquellos diez mil volúmenes expoliados de la Biblioteca de Lima en 1881 es un asunto de Estado. Y como tal solo una persona decidirá cuándo se realiza: la Presidenta Bachelet. Es probable que, al difundirse hoy el informe del acucioso rector Domeyko, se apuren las cosas.

Algunas joyas

Los siguientes son algunos libros valiosos consignados por Ignacio Domeyko en su inventario de 1881. (No hay certeza de que todas estas obras permanezcan en la Biblioteca Nacional).

Jasonis, Conciliarum (1534)
Golius, Lexicon arabicum latinum (Leiden, 1653)
Los triunfos de Petrarca (1555)
Crónica de don Juan Segundo (“edición gótica de 1543 mandada a imprimir por Carlos V”)
Histoire general de voyages (1747) (17 volúmenes)
Juan González de Mendoza, Historia de China (Amberes, 1596)
Plutarco, Obras (1551)
Padre Madariaga, Del Senado i de su Príncipe (1555)
Crónica del Rei don Rodrigo (1549, “edición gótica de Toledo”)
Diderot y D’Alembert, Encyclopedie del XVIII (35 tomos)
Pimentel, Arte de navegar (en portugués)
Toldrá, Justificación histórica de la venida del apóstol Santiago a España
Lipenu, Bibliotheca philosophica (1682)
Arte de verificar las fechas (incompleta)
Garibay, Compendio de las crónicas (1628)
Antonio de Herrera, Agricultura jeneral (1790)
Aimondi, Cronicon Francorum (París, 1603)
Artes de la Inquisición española
Juan de Mena, Las Trescientas
Biblioteca clásica latina (151 volúmenes)
Giovanni Galluci, Teatro del mundo i del tiempo (1611)
Garcilaso de la Vega, Historia General del Perú (Córdoba, 1617)
Imperatum Romanorum (Zúrich, 1559, “notables los grabados y la edición”)
D’Orbigny, Dictionaire d’histoire naturalle (París, 1861, 11 volúmenes)
Cédulas Reales (1563)
Annales d'ygiene publique (80 volúmenes)
Fray Luis de León, Cartas pastorales
Biblia latina (1550)

(*) Domeyko, Ignacio. 1978. Mis viajes: Memorias de un exiliado. Santiago: Ediciones de la Universidad de Chile, volumen 2, p. 839

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