Mostrando entradas con la etiqueta Foucault Michel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Foucault Michel. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de noviembre de 2017

El Poder: Foucault

El Poder: Foucault



Publicado el 5 febrero, 2010 por Luis Cortés Briñol

Desde Platón, la problemática de la verdad ha sido analizada como un atributo del discurso, como el fruto de una justa conexión entre los signos lingüísticos y las esencias de los objetos. Toda la filosofía analítica sienta sus bases en esta idea de la verdad. Razón por la cual, a finales del s. XIX y a lo largo de todo el s. XX, la filosofía del lenguaje ha llegado a intoxicar todos los centros de la reflexión filosófica.

Pero tanto para Nietzsche como para Michel Foucault, la verdad no puede ser analizada como una relación (sea de correspondencia, como propone Descartes, o de coherencia, como propone, entre otros Davidson), como algo que resulta de la conexión entre las palabras y las cosas; como algo generado por y para la conciencia como mediadora entre el orbe lingüístico y el ontológico. Foucault deja de lado los estudios de la conciencia como generadora de conocimiento, concebida como una investigación de un sujeto trascendental, propia de las filosofías fenomenológicas y de los utópicos modelos marxistas. Para Foucault, la verdad, más que estar en relación al juego de los signos y de las significaciones, más que depender de los órdenes de las denotaciones externas del discurso que modifican las enunciaciones, tiene que ver con una política del enunciado.




MICHEL FOUCAULT (1926-1984)
La verdad no depende tanto de un “cambio de contenido” (refutación de antiguos errores, formulación de nuevas verdades), no es tampoco una alteración de la forma teórica (renovación del paradigma, modificación de los conjuntos sistemáticos); lo que está en juego, es lo que rige los enunciados y la manera en la que se rigen los unos a los otros para constituir un conjunto de proposiciones aceptables científicamente y susceptibles en consecuencia de ser verificadas o invalidadas mediante procedimientos científicos. Problema en suma de régimen, de política del enunciado científico. En este nivel, se trata de saber no cuál es el poder que pesa desde el exterior sobre la ciencia, sino qué efectos de poder circulan entre los enunciados científicos, cuál es de algún modo su régimen interior de poder o cómo y por qué en ciertos momentos dicho régimen se modifica de forma global, ideas estas tratadas en su famoso texto Verdad y poder. 

Para Foucault, la verdad no puede ser analizada por una disciplina tal como la dialéctica o la semántica, simplemente porque la verdad no está en el mismo nivel que la lógica o los significados, sino que más bien se remite a un análisis de la “relación de poder”. Entenderíamos así la verdad como “el conjunto de reglas según las cuales se discrimina lo verdadero de lo falso y se ligan a lo verdadero efectos políticos de poder”. Todo depende, en ultima instancia, de los sistemas de enunciados de poder, cuya tarea es decidir qué es lo verdadero y qué no lo es.

No es una cuestión de disputa epistemológica de las teorías científicas, sino que es, en definitiva, un problema de régimen discursivo. Y esto no conlleva un análisis epistemológico sino una analítica del poder. El poder, según el autor de La voluntad de saber, se caracteriza por dos funciones principales: por un lado, la exclusión; y por otro, la engendración. En cuanto a la exclusión, el poder tiene la propiedad de negar, de prohibir, de excluir, de ocultar. Mientras que en la engendración el poder produce, y, en efecto, una de las cosas que produce es la verdad.

 En Cours du 14 janvier 1976, Foucault explica que en toda sociedad:
las relaciones de poder múltiples atraviesan, caracterizan, constituyen el cuerpo social; y estas relaciones de poder no pueden disociarse, ni establecerse, ni funcionar sin una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso. No hay ejercicio de poder posible sin una cierta economía de los discursos de verdad que funcionan en, y a partir de esta pareja. Estamos sometidos a la producción de la verdad desde el poder y no podemos ejercitar el poder más que a través de la producción de la verdad”.

El poder necesita de la verdad para que el mecanismo funcione y, a su vez, la verdad produce mecanismos de poder. En conclusión, según Foucault, cuando hablamos de verdad no hay que entenderla como una relación entre signos y objetos, sino como un “conjunto de procedimientos reglamentados por la producción, por la ley, la repartición, la puesta en circulación, y el funcionamiento de los enunciados.”

La verdad queda ligada circularmente a los sistemas de poder que la producen y la mantienen, y a los efectos de poder que la inducen y que la acompañan. La verdad y el poder son inseparables, donde está el uno está el otro, y no pueden existir independientemente.
https://luiscortesbrinol.wordpress.com/2010/02/05/la-verdad-y-el-poder-en-foucault-2/

Libro de Michel Foucault: Micro física del Poder:
http://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2014/12/doctrina39453.pdf
Obras completas:
https://laberintosdeltiempo.blogspot.pe/2012/07/michel-foucault-obras-completas.html





Foucault y El Poder
Jorge Ignacio Ibarra F. Publicado el: 08/04/09

Foucault tratará principalmente el tema del poder, rompiendo con las concepciones clásicas de este término. Para él, el poder no puede ser localizado en una institución o en el Estado; por lo tanto, la "toma de poder" planteada por el marxismo no sería posible.
Nota de Antroposmoderno: 
Debido a lo extenso del texto y para leerlo completo haga click aqui para descargar el libro.

PRÓLOGO
En la siguiente investigación, podremos reconocer aspectos importantes de la concepción de poder en Foucault. 

Foucault tratará principalmente el tema del poder, rompiendo con las concepciones clásicas de este término. Para él, el poder no puede ser localizado en una institución o en el Estado; por lo tanto, la "toma de poder" planteada por el marxismo no sería posible. El poder no es considerado como un objeto que el individuo cede al soberano (concepción contractual jurídico-política), sino que es una relación de fuerzas, una situación estratégica en una sociedad en un momento determinado. Por lo tanto, el poder, al ser resultado de relaciones de poder, está en todas partes. El sujeto está atravesado por relaciones de poder, no puede ser considerado independientemente de ellas. El poder, para Foucault, no sólo reprime, sino que también produce: produce efectos de verdad, produce saber, en el sentido de conocimiento.

Michel Foucault destaca el levantamiento de un biopoder que impregna el pretérito derecho de vida y muerte que el soberano se arrogaba y que intenta convertir la vida en objeto utilizable por parte del poder. En este sentido, la vida sistematizada, esto es, convertida en sistema de análisis por y para el poder, debe ser protegida, transformada y esparcida. 





Foucault distingue dos técnicas de biopoder que surgen en los siglos XVII y XVIII; la primera de ella es la técnica disciplinaria o anatomía política, que se caracteriza por ser una tecnología individualizante del poder, basada en el escrutar en los individuos, sus comportamientos y su cuerpo con el fin de anatomizarlos, es decir, producir cuerpos dóciles y fragmentados. Está basada en la disciplina como instrumento de control del cuerpo social, penetrando en él hasta llegar hasta sus átomos: los individuos particulares. Vigilancia, control, intensificación del rendimiento, multiplicación de capacidades, emplazamiento, utilidad, etc. Todas estas categorías aplicadas al individuo concreto constituyen una disciplina anatomopolítica.

El segundo grupo de técnicas de poder es la biopolítica, que tiene como objeto a poblaciones humanas, grupos de seres vivos regidos por procesos y leyes biológicas. Esta entidad biológica posee tasas conmensurables de natalidad, mortalidad, morbilidad, movilidad en los territorios, etc., que pueden usarse para controlarla en la dirección que se desee. De este modo, según la perspectiva foucaultiana, el poder se torna materialista y menos jurídico, ya que ahora debe tratar respectivamente, a través de las técnicas señaladas, con el cuerpo y la vida, con el individuo y la especie.

Para el autor, el desarrollo del biopoder y sus técnicas constituyen una verdadera revolución en la historia de la especie humana, ya que la vida está completamente invadida y gestionada por el poder. Los efectos del biopoder hicieron que las sociedades se volvieran normalizadoras, usando como pretexto la ley, y las resistencias a dicho poder entraron al campo de batalla que éste delimitó previamente, ya que se centraron justamente en el derecho a la vida, al cuerpo, desplazando a otros objetos de luchas. 

El objetivo general de este estudio es develar la concepción del poder en Foucault. La cuestión del poder representa lo que podríamos llamar la etapa media y tardía de Foucault, la cual comienza a hacerse patente alrededor de la década de los sesenta y se extiende hasta su muerte. Es decir, nos referimos al periodo histórico y político que va desde la posguerra mundial, hasta finales de la guerra fría.

Otro de los objetivos de este estudio será contextualizar mi propia inquietud por el tema del poder en general, debido a dos acontecimientos importantes que, en el fondo, me llevaron a definir la temática general del estudio. Dichos sucesos son la caída de las torres gemelas el 11 de Septiembre del año 2001 y la ulterior invasión de Irak por parte de EE.UU el 20 de Marzo del año 2003 . Como se puede advertir, el tema de la guerra es uno de los detonantes de este estudio. 

Sin embargo, relaciones de lucha, enfrentamiento, dominio, y estrategia en amplios ámbitos del quehacer de la sociedad en general, también forman parte fundamental de mi inquietud por la temática de las relaciones de poder.

Además, quise contribuir en el análisis de una realidad que, de tanto en tanto, castiga con toda su crueldad a la humanidad y que a su vez, es solo la manifestación extrema de relaciones de poder que atraviesan todo el cuerpo social. Este paroxismo del poder es la guerra, invasión, matanza, la conquista, etc., todos los cuales están muy lejos de ser superados por la humanidad y su supuesto desarrollo.

Creo que la importancia de esta exposición no es menor, baste con decir que en la mayoría de los diccionarios de filosofía consultados, al buscar la palabra poder, no se encontraban más que alusiones al concepto de potencia aristotélica. Lo cual, es solo uno de los sentidos que tiene la palabra poder. Sin embargo, explicaciones acerca del poder entendido como relación, dominio, enfrentamiento, etc., no se ha hablado suficientemente, y es Foucault, precisamente, uno de los pensadores que más ha tratado el tema. Debido a esto trabajé en base a sus estudios. Empero, si se quiere buscar los antecedentes histórico-filosóficos de esta temática, esta se encuentra sin duda, al igual que como lo hizo Foucault, en Nietzsche. Desde luego que en Nietzsche, fueron tratadas parcialmente, sin un rigor específico, pero con una lucidez envidiable. 

Desde Nietzsche, se puede decir que casi todas las actividades del hombre obedecen a la voluntad de poder. En otras palabras, fuera de lo meramente metafísico, Foucault dirá que se debe analizar los mecanismos, estrategias y formas fácticas en que se desarrolla, opera y funciona el poder. Ahora bien, la siguiente cita de Foucault permite señalar otro de los motivos de este estudio y que se refiere a la posibilidad de elaborar una teoría general del poder:

“Ahora bien, descubrí que, en tanto la historia y la teoría económicas constituían un buen instrumento para el estudio de las relaciones de producción, y la lingüística y la semiótica ofrecían elementos para el estudio de las relaciones de significación, para el estudio de las relaciones de poder no poseíamos en cambio ninguna herramienta. Teníamos que recurrir exclusivamente a sistemas de pensamiento sobre el poder basados en modelos legales, o sea: ¿qué legitima el poder? O bien a sistemas de pensamiento sobre el poder basados en los modelos institucionales, o sea: ¿qué es el Estado?” 

No se pretende en este trabajo la elaboración de la teoría general del poder debido a la magnitud de tal labor; sin embargo se intenta dejar acá establecidos los elementos básicos para que, en otro momento y con mayores fundamentos teóricos, se pueda abordar esta empresa.




http://antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=1218

LOS JUEGOS DE PODER, SEGÚN CLAUDE STEINER
EN: COMUNICACIÓN Y ANÁLISIS TRANSACCIONAL
21Jul2013



Sí, Claude Steiner sigue irradiando


Quienes lean este Blog, se preguntarán por qué estoy dedicando tanta importancia a Claude Steiner, el discípulo más original de Eric Berne. Mi respuesta es sencilla: Creo que los libros de Steiner están llenos de conceptos basados en una teoría sólida. Y como no quiero caer en la hagiografía, ya he señalado algún punto que me parece débil de Steiner. Por ejemplo, su empleo de la palabra «corazón».

Hoy me voy a ocupar de «Los juegos de poder», que él expone a partir de la página 89 de su libro El otro lado del poder. Me parece que realiza un trabajo serio. Primero, define; después, divide/clasifica; a continuación, modeliza – ateniéndose a la concepción de Berne- y, finalmente, demuestra con ejemplos de su práctica profesional.

Es decir, los cuatro modos gnoseológicos o «modi sciendi», que Gustavo Bueno considera como las figuras sintéticas de la ciencia. Si fallan estas figuras, podemos estar seguros de que nos acercamos a alguien que está subiendo al Monte Camelo (sin “r”, por supuesto).

¿Cómo Steiner define el poder?
«La definición de poder, y esto es aplicable en todas las ciencias, desde la energía física al poder de la psíquica, es la capacidad de crear cambios frente a la resistencia y, opuestamente, la capacidad de resistencia al cambio».

Pienso que es una definición muy norteamericana. Prefiero una definición europea, y que tiene varios siglos de antigüedad. Es de Francis Bacon: «Toda la industria del hombre estriba en aproximar las sustancias naturales unas a otras o en separarlas; el resto es una operación secreta de la naturaleza» ( Novum Organon. Madrid, Sarpe, 1984, P. 33). Crear cambios equivale a «juntar». Resistencia al cambio equivale a «separar». Ampliemos estos conceptos a muchos campos de la realidad y nos daremos cuenta de que la definición de Bacon es más aplicable y potente que la de Steiner.
Me satisfacen más las notas de la definición de Juego de poder que Steiner ofrece en el Capítulo 9:

1) Todos los juegos de poder consisten en una transacción o en una serie de transacciones. Una transacción es la unidad de intercambio social.
2) Un juego de poder es un intento de una persona por controlar a otra.
3) Un juego de poder es una transacción consciente.

Esta última afirmación de Steiner plantea un asunto muy importante: la consciencia de los juegos. No queda enteramente claro en Berne si el juego era consciente o inconsciente. Mariano Bucero ha estudiado este asunto con la minuciosidad que es característica suya. A Steiner le debemos la distinción, que había establecido años antes, entre los juegos, que son inconscientes, y las maniobras, que son conscientes. Por tanto, lo único que hace aquí es caracterizar como maniobras los juegos de poder.

Steiner ofrece una clasificación fundamental de los Juegos de Poder. La reproduzco aquí, porque el autor especifica operaciones y ofrece ejemplos, que luego amplía en todo el libro con numerosos ejemplos.

los-juegos-de-poder-segun-claude-steiner1

Hay Juegos Físicos y Juegos Psicológicos. Cada uno de ellos puede ser burdo o sutil. Es lógico que Steiner dedique la mayor importancia a los juegos psicológicos, una de las figuras más importantes del Análisis Transaccional. Berne dedicó Juegos en que participamos a este asunto y vendió millones de ejemplares, precisamente porque descubría un gran panorama en las relaciones entre las personas, en los grupos, en las organizaciones y en las instituciones.

He escrito «clasificación fundamental», pero no es la única. Steiner ofrece una clasificación de los Juegos Psicológicos que él divide en cuatro familias, según el tipo de maniobras de poder:

1) Todo o nada: Juegos de poder basados en la escasez, y Steiner procede igual que Berne: «Quiéreme o déjame»; «Lo tomas o lo dejas»; están basados en la avaricia y el temor a la necesidad;

2) Juegos de poder basados en la intimidación: En la conversación, manipular mediante metáforas políticas y de propaganda, tapapensamientos, «Estás bromeando, ¿verdad?», Juegos de poder de la Lógica, «Si no lo puedes probar, no», desacreditar las fuentes, redefinir. Y en cuanto a los juegos físicos, no nos podemos olvidar de la intimidación física ni de la violencia.

3) Juegos de poder de las mentiras. La mentira descarada y la gran mentira; mentiras por omisión, medias verdades, secretos; bola alta/bola baja; estadísticas; rumores.

4) Juegos de poder pasivos. Nadie en el piso alto; me lo debes.

Cómo responder a los juegos
Uno de los grandes aciertos de los libros de Steiner es que no anega al lector con información negativa, sino que antes le ofrece las operaciones que hacen posible dar la vuelta a los juegos. Y tampoco inunda con todas las operaciones posibles, tan importantes en un sistema científico y, más concreto, en el de Gustavo Bueno.

Más en concreto, en el Capítulo 8, y antes de agotar todos los Juegos psicológicos posibles, Steiner adelanta las operaciones que pueden interrumpir los juegos de poder: Escalada, Antítesis, Cooperación. Y en el 13, detalla la Respuesta Cooperativa y la Solución Creativa.
http://master-comunicacion.es/blogcomunicacion/los-juegos-de-poder-segun-claude-steiner/

lunes, 30 de octubre de 2017

Reconciling educational research traditions (2017): Foucault


Reconciling educational research traditions (2017)

by Clare O'Farrell
URL: https://wp.me/p13ybx-2At

Gore, J. M. Reconciling educational research traditions. The Australian Educational Researcher, (2017) 44:357–372
DOI 10.1007/s13384-017-0245-8

Abstract

The field of educational research encompasses a vast array of paradigmatic and methodological perspectives. Arguably, this range has both expanded and limited our achievements in the name of educational research. In Australia, the ascendancy of certain research perspectives has profoundly shaped the field and its likely future. We (are expected to) identify ourselves in relation to particular theorists, theories, and methodologies, reconciling who we are as education academics with what we do as educational researchers. In this paper, I explore how we might reconcile seemingly incommensurate traditions. The analysis is anchored in my own experience, having traversed the terrain from poststructuralism to randomised controlled trials, and is elaborated through research conducted with colleagues on student aspirations and teacher development. I argue that it is critical to reconcile differences within educational research if we are to ensure the strength of the field and support the next generation of researchers to make a more profound impact on schooling and society.

Educational research Traditions Methodologies Randomised controlled trialsExtract


My father, a Highways Department surveyor, asked a similar kind of question when he read my thesis and summarised my 3-years-in-the-making Foucauldian analysis in one sentence—which was shockingly accurate. He asked: ‘‘Jenny, why didn’t you do something useful—like in Special Education?’’ It sounds harsher now than I remember and, with an intellectually disabled sister, I want to believe he spoke from a caring place.

Not much later, upon returning to Australia, I was invited to give a seminar on my PhD at a Queensland university—my first-ever significant speaking engagement. The usual seminar structure unfolded; a 45-min presentation in which I articulated my argument, post-PhD, with a growing sense of authority over the ideas, followed by the obligatory question-and-answer time. I recall none of the questions posed. But in the mingling afterwards, I was asked a question that has stuck with me ever since. It was 1991 and she asked: ‘‘Jenny, how do you reconcile wearing lipstick with your work on feminist pedagogy?’’ This time, the request to reconcile meant aligning my ideas with a certain physical presentation of my self. My intellectual response came readily, drawing on Foucault’s (1988) notion of technologies of the self and critiques of the unified rational subject (Henriques et al. 1984). 

But at an emotional and bodily level, the question cut deep, such that I continue to think, for example, about how to style myself appropriately for different contexts—how to dress as the Radford lecturer, how to reconcile my ageing body with the hip person inside!

Clare O'Farrell | 30 October 2017 at 12:00 pm | Categories: Education, Journal articles | 
...



viernes, 20 de octubre de 2017

Foucault News Who’s Looking At You? (2017)

Foucault NewsWho’s Looking At You? (2017)

by Clare O'Farrell



Who's Looking At You? BBC 4 podcast, 17 October 2017

Editor's note: Apart from the Panoptic photo, not sure how much Foucault content is here, but may be of interest in the wake of Foucault's work.

Once upon a time, total surveillance was the province of George Orwell and totalitarian states, but we now live in a world where oceans of data are gathered from us every day by the wondrous digital devices we have admitted to our homes and that we carry with us everywhere. At the same time, our governments want us to let them follow everything we do to root out evil before it can strike. If you have nothing to hide, do you really have nothing to fear?

In Who's Looking At You , novelist and occasional futurist Nick Harkaway argues surveillance has reached a new pitch of penetration and sophistication and we need to talk about it before it's too late.
This is our brave new world: data from pacemakers are used in criminal prosecutions as evidence, the former head of the CIA admits 'we kill people based on meta-data,' and scientists celebrate pulling a clear image of a face directly from a monkey's brain.

Where does it end, and what does it mean? Surveillance used to end at our front door, now not even the brain is beyond the prying eyes of an information-hungry world. The application of big data brings many benefits and has the potential to make us wealthier, keep us healthier and ensure we are safer - but only if we the citizens are in control.

The programme uses rich archive to illustrate how the 'watchers' have adapted to technology that has super-charged the opportunity to snoop. It examines the arguments of those who claim the right to keep their secrets while demanding that we the people give up more and more of ours. Transparency for the masses? Or simple necessity in a chaotic technological future? What happens to us, to our choices under the all-seeing eye? One thing is certain: if we don't make choices about surveillance, they will be made for us.

Clare O'Farrell | 21 October 2017 at 6:00 am | Categories: Podcasts
 | URL: http://wp.me/p13ybx-2yT

Stefanos Geroulanos, Transparency in Postwar France: A Critical History of the Present – now out with Stanford UP


by Clare O'Farrell

Reblogged from Progressive Geographies:
Click to visit the original post

Stefanos Geroulanos, Transparency in Postwar France: A Critical History of the Present is now out with Stanford University Press.

This book returns to a time and place when the concept of transparency was met with deep suspicion. It offers a panorama of postwar French thought where attempts to show the perils of transparency in politics, ethics, and knowledge led to major conceptual inventions, many of which we now take for granted.

Read more… 134 more words
Clare O'Farrell

 | 20 October 2017 at 3:51 pm | Categories: Uncategorized | URL: http://wp.me/p13ybx-2A3

Politics of life itself and the future of medical practices: dialogues with Nikolas Rose (Part 3) (2017)

by Clare O'Farrell

Sergio Resende Carvalho,Ricardo Rodrigues Teixeira, Politics of life itself and the future of medical practices: dialogues with Nikolas Rose (Part 3), Interface - Comunicação, Saúde, Educação
On-line version ISSN 1807-5762
Interface (Botucatu) vol.21 no.60 Botucatu Jan./Mar. 2017
http://dx.doi.org/10.1590/1807-57622016.0848

Extract

This is the third and last interview with Nikolas Rose which we sought to explore important aspects of his wide academic production. At the first interview1 we explore aspects about State, Public Policy and Health and their relation with the concept of governmentality. On the second2 on we discussed the role of psy's knowledge and practices in the government of conduct. I this last one we had the opportunities to reflect with Rose on his current researches about the transformations of life sciences, biomedicine, neurosciences relating those changes with the clinical practices and their impact upon the Health Systems.

POLITICS OF LIFE ITSELF AND A NEW STYLE OF THOUGHT
After affirming that ‘the truth discourse of contemporary genomics no longer sees genes as the hidden entities that determine us” and that new technologies had open ‘“the gene” to knowledge and technique at the molecular level”, you affirm that we are entering a new ‘style of thought’ (ways to think, see and intervene) where the molecularization of vitality is central to it, that at this molecular level life itself has become open to politics, that biology is not destiny but opportunity. Can you detail this idea for us?

Well, there are two parts to that question. The first part is about determinism and biological determinism. So let me start by saying a little bit about that. I suppose genetics is the clearest example of the retreat of biological determinism. Genetic determinism, the idea that the complement of genes with which an individual is born shapes inescapably their capacities, both physical and mental, has if not completely disappeared at least become significantly weakened. We know that this idea that the gene is like a single unit of DNA and all the genes are stretched out like beads on a string on the chromosomes and that each gene determines a particular protein which creates a particular characteristic. We know that this idea has been disproved by developments in genomics following the human genome project. So now we know that humans do not have 100 000 or perhaps even 300 000 genes that were hypothesized.

They have about 20 to 25 000 coding sequences, and that these sequences are spread across many parts of the genome, they can be read in many different ways and what's crucial is not so much the genes, but how they are activated. Secondly, we know, and this is now becoming a cliché of what's called epigenetics, we know that what's crucial is not the DNA that you are born with, but how this is activated or de-activated across a lifetime in a process called methylation which enables the DNA sequence to produce its effects. We know that these epigenetic processes are shaped in all sorts of ways by the relationship between the organism and its milieu.

In fact, developmental geneticists have known this known this for many decades, but now this has become a much more salient way of trying to understand how genes are expressed in organisms across a lifetime. All these and many other developments suggest that genetic determinism, as a general programme for understanding not only biological organisms but their destiny is no longer the style of thought that characterises contemporary genetics.

Clare O'Farrell | 20 October 2017 at 6:00 am | Categories: Interviews, Journal articles |

 URL: http://wp.me/p13ybx-2yO

miércoles, 31 de mayo de 2017

ENTREVISTA CON MICHEL FOUCAULT "LA ÉTICA DEL CUIDADO DE UNO MISMO COMO PRÁCTICA DE LA LIBERTAD" Parte I

ENTREVISTA CON MICHEL FOUCAULT "LA ÉTICA DEL CUIDADO DE UNO MISMO COMO PRÁCTICA DE LA LIBERTAD" Parte I

Entrevista con Michel Foucault realizada por Raúl Fornet-Betancourt, Helmut Becker y Alfredo Gómez-Muller el 20 de enero de 1984. Publicada en la Revista Concordia 6 (1984) 96-116.

Fuente:  Topologik  



  Revista Concordia: Ante todo, nos gustaría saber cuál es el objeto de su reflexión en la actualidad. Hemos seguido el desarrollo de sus últimos análisis y, concretamente, su curso en el Colegio de Francia del año 1982 sobre la hermenéutica del sujeto y nos gustaría saber si su preocupación filosófica actual sigue estando determinado por el eje subjetividad-verdad.

  Foucault: En realidad ese fue siempre mi problema, incluso si he formulado de un modo un poco distinto el marco de esta reflexión. Siempre he pretendido saber cómo el sujeto humano entraba en los juegos de verdad, y ello tanto si se trataba de juegos de verdad que adoptan la forma de una ciencia, o que adoptan un modelo científico, como si se trataba de aquellos otros que se pueden encontrar en instituciones o en prácticas de control.

   Ese es el objeto de mi trabajo en Las palabras y las cosas, en donde he intentado ver cómo en los discursos científicos el sujeto humano va a ser definido como individuo que habla, que vive y que trabaja. En los cursos del Colegio de Francia he puesto de relieve esta problemática en su generalidad.

  Revista Concordia: ¿No se ha producido un "salto" entre su problematización anterior y la de la subjectividad/verdad, concretamente a partir del concepto de "cuidado de uno mismo"?
  Foucault: El problema de las relaciones existentes entre el sujeto y los juegos de verdad yo lo había enfocado hasta entonces bien a partir de prácticas coercitivas – tales como la psiquiatría y el sistema penitenciario –, bien bajo la forma de juegos teóricos o científicos, tales como el análisis de las riquezas, del lenguaje o del ser viviente . 

  Ahora bien, en mis cursos en el Colegio de Francia he intentado captar este problema a través de lo que podría denominarse una práctica de sí mismo que es, a mi juicio, un fenómeno bastante importante en nuestras sociedades desde la época greco-romana – pese a que no haya sido estudiado –. Estas prácticas de sí mismo han tenido en la civilización griega y romana una importancia, y sobre todo una autonomía, mucho mayores de lo que tuvieron posteriormente cuando se vieron asumidas, en parte, por instituciones religiosas, pedagógicas, de tipo médico y psiquiátrico.

  Revista Concordia: Se ha producido por tanto en la actualidad una especie de desplazamiento: estos juegos de verdad ya no tienen tanto que ver con una práctica coercitiva, cuanto con una práctica de auto-formación del sujeto.

  Foucault: Así es. Estamos ante lo que se podría denominar una práctica ascética, confiriendo al ascetismo un sentido muy general, es decir, no tanto el sentido de una moral de renuncia, cuanto el ejercicio de uno sobre sí mismo mediante el cual se intenta elaborar, transformar, y acceder, a un cierto modo de ser. Entiendo pues el ascetismo en un sentido más general que el que le ha conferido, por ejemplo, Max Weber, pero, pese a todo, mi análisis va en cierto modo en la misma línea de Weber.



 Revista Concordia: Se trata de un trabajo de uno sobre si mismo que puede ser comprendido como una determinada liberación, como un proceso de liberación.
  Foucault: Tendríamos que ser en lo que se refiere a esto un poco más prudentes. Siempre he desconfiado un tanto del tema general de la liberación, en la medida en que, si no lo tratamos con algunas precauciones y en el interior de determinados límites, se corre el riesgo de recurrir a la idea de que existe una naturaleza o un fondo humano que se ha visto enmascarado, alienado o aprisionado en y por mecanismos de represión como consecuencia de un determinado número de procesos históricos, económicos y sociales. 

   Si se acepta esta hipótesis, bastaría con hacer saltar estos cerrojos represivos para que el hombre se reconciliase consigo mismo, para que se reencontrase con su naturaleza o retomase el contacto con su origen y restaurase una relación plena y positiva consigo mismo. Me parece que este es un planteamiento que no puede ser admitido así, sin mas, sin ser previamente sometido a examen. Con esto no quiero decir que la liberación, o mejor, determinadas formas de liberación, no existan: cuando un pueblo colonizado intenta liberarse de su colonizador, estamos ante una práctica de liberación en sentido estricto. Pero sabemos muy bien que, también en este caso concreto, esta práctica de liberación no basta para definir las prácticas de libertad que serán a continuación necesarias para que este pueblo, esta sociedad y estos individuos, puedan definir formas válidas y aceptables de existencia o formas mas válidas y aceptables en lo que se refiere a la sociedad política. 

  Por esto insisto más en las prácticas de libertad que en los procesos de liberación que, hay que decirlo una vez más, tienen su espacio, pero que no pueden por sí solos, a mi juicio, definir todas las formas prácticas de libertad. Nos encontramos ante un problema que me he planteado precisamente en relación con la sexualidad: ¿tiene sentido decir "liberemos nuestra sexualidad"? El problema ¿no consiste más bien en intentar definir las prácticas de libertad a través de las cuales se podría definir lo que es el placer sexual, las relaciones eróticas, amorosas y pasionales con los otros? Este problema ético de la definición de las prácticas de libertad me parece que es mucho más importante que la afirmación, un tanto manida, de que es necesario liberar la sexualidad o el deseo.

  Revista Concordia: ¿El ejercicio de las prácticas de libertad no exige un cierto grado de liberación?
  Foucault: Sí, por supuesto. Por eso hay que introducir la noción de dominación. Los análisis que intento hacer se centran fundamentalmente en las relaciones de poder. Y entiendo por relaciones de poder algo distinto de los estados de dominación. Las relaciones de poder tienen una extensión extraordinariamente grande en las relaciones humanas. Ahora bien, esto no quiere decir que el poder político esté en todas partes, sino que en las relaciones humanas se imbrica todo un haz de relaciones de poder que pueden ejercerse entre individuos, en el interior de una familia, en una relación pedagógica, en el cuerpo político, etc. Este análisis de las relaciones de poder constituye un campo extraordinariamente complejo. 

   Dicho análisis se encuentra a veces con lo que podemos denominar hechos o estado de dominación en los que las relaciones de poder en lugar de ser inestables y permitir a los diferentes participantes una estrategia que las modifique, se encuentran bloqueadas y fijadas. Cuando un individuo o un grupo social consigue bloquear un campo de relaciones de poder haciendo de estas relaciones algo inmóvil y fijo, e impidiendo la mínima reversibilidad de movimientos – mediante instrumentos que pueden ser tanto económicos como políticos o militares –, nos encontramos ante lo que podemos denominar un estrado de dominación. Es cierto que en una situación de este tipo las prácticas de libertad no existen o existen sólo unilateralmente, o se ven recortadas y limitadas extraordinariamente. 

  Estoy de acuerdo con usted en que la liberación es en ocasiones la condición política o histórica para que puedan existir prácticas de libertad. Si consideramos, por ejemplo, la sexualidad, es cierto que han sido necesarias una serie de liberaciones en relación con el poder del macho, que ha sido preciso liberarse de una moral opresiva que concierne tanto a la heterosexualidad como a la homosexualidad: pero esta liberación no permite que surja una sexualidad plena y feliz en la que el sujeto habría alcanzado al fin una relación completa y satisfactoria. La liberación abre un campo a nuevas relaciones de poder que hay que controlar mediante prácticas de libertad.



  Revista Concordia: ¿No podría la liberación en sí misma ser un modo o una forma de práctica de la libertad?

  Foucault: Sí, así es en un determinado número de casos. Existen casos en los que en efecto la liberación y la lucha de liberación son indispensables para la práctica de la libertad. En lo que se refiere a la sexualidad, por ejemplo – y lo digo sin ánimo de polemizar, ya que no me gustan las polémicas –, creo que en la mayor parte de los casos son infecundas. Existe un esquema reichiano, derivado de una cierta forma de leer a Freud, que supone que el problema es un problema únicamente de liberación. Para decirlo un tanto esquemáticamente, existiría el deseo, la pulsión, la prohibición, la represión, la interiorización, y el problema se resolvería haciendo saltar todas estas prohibiciones, es decir, liberándose.

En este planteamiento – y soy consciente de que caricaturizo posiciones más interesantes y matizadas de numerosos autores – está totalmente ausente el problema ético de la práctica de la libertad: ¿Cómo se puede practicar la libertad? En lo que se refiere a la sexualidad es evidente que es únicamente a partir de la liberación del propio deseo como uno sabrá conducirse éticamente en las relaciones de placer con los otros.

  Revista Concordia: Usted dice que es necesario practicar la libertad éticamente.
Foucault: Sí, porque en realidad ¿qué es la ética sino la práctica de la libertad, la práctica reflexiva de la libertad?

  Revista Concordia: ¿Quiere esto decir que usted entiende la libertad como una realidad ética en sí misma?
  Foucault: La libertad es la condición ontológica de la ética; pero la ética es la forma reflexiva que adopta la libertad.

  Revista Concordia: ¿Es la ética aquello que se lleva a cabo en la búsqueda o en el cuidado de uno mismo?
  Foucault: El cuidado de uno mismo ha sido, en el mundo greco-romano, el modo mediante el cual la libertad individual – o la libertad cívica hasta un cierto punto – ha sido pensada como ética. Si usted consulta toda una serie de textos que van desde los primeros diálogos platónicos hasta los grandes textos del estoicismo tardío – Epicteto, Marco Aurelio, etc. – podrá comprobar que este tema del cuidado de uno mismo ha atravesado realmente toda la reflexión moral. Es interesante ver cómo en nuestras sociedades, por el contrario, el cuidado de uno mismo se ha convertido, a partir de un cierto momento – y es muy difícil saber exactamente desde cuándo – en algo un tanto sospechoso.

Ocuparse de uno mismo ha sido, a partir de un determinado momento, denunciado casi espontáneamente como una forma de egoísmo o de interés individual en contradicción con el interés que es necesario prestar a los otros o con el necesario sacrificio de uno mismo. Esto ha tenido lugar durante el cristianismo, pero no me atrevería a afirmar que se deba pura y simplemente al cristianismo. La cuestión es mucho más compleja porque en el cristianismo procurar la salvación es también una manera de cuidar de uno mismo.

Pero la salvación se efectúa en cristianismo a través de la renuncia a uno mismo. Se produce así una paradoja del cuidado de sí en el cristianismo, pero éste es otro problema. Para volver a la cuestión que usted planteaba, creo que entre los griegos y los romanos – sobre todo entre los griegos –, para conducirse bien, para practicar la libertad como era debido, era necesario ocuparse de sí, cuidar de sí, a la vez para conocerse – y éste es el aspecto más conocido del gnothi seauton – y para formarse, para superarse a sí mismo, para controlar los apetitos que podrían dominarnos.

 La libertad individual era para los griegos algo muy importante – contrariamente a lo que comúnmente se dice, inspirándose más o menos en Hegel, de que la libertad del individuo carecía de importancia ante la hermosa totalidad de la ciudad –: no ser esclavo (de otra ciudad, de los que os rodean, de los que os gobiernan, de vuestras propias pasiones) era un tema absolutamente fundamental. La preocupación por la libertad ha sido un problema esencial, permanente, durante los ocho magnos siglos de la cultura clásica. Existió entonces toda una ética que ha girado en torno al cuidado de sí y que proporciona a la ética clásica su forma tan particular. No pretendo afirmar con esto que la ética sea el cuidado de sí, sino que, en la Antigüedad, la ética, en tanto que práctica reflexiva de la libertad, ha girado en torno a este imperativo fundamental: "cuida de ti mismo".

  Revista Concordia: Imperativo que implica la asimilación de los logoi, de las verdades.
  Foucault: Sin duda, uno no puede cuidar de sí sin conocer. El cuidado de sí es el conocimiento de sí – en un sentido socrático-platónico –, pero es también el conocimiento de un cierto número de reglas de conducta o de principios que son a la vez verdades y prescripciones. El cuidado de sí supone hacer acopio de estas verdades: y es así como se ven ligadas la ética y el juego de la verdad.

  Revista Concordia: Usted afirma que se trata de hacer de esta verdad aprendida, memorizada y progresivamente aplicada un semi-sujeto que reine soberanamente en el interior de cada uno. ¿Qué estatuto tendría este semi-sujeto?
  Foucault: En la corriente platónica, al menos según el final del Alcibíades, el problema para el sujeto, para el alma individual, es volverse hacia sí mismo para reconocerse en lo que es, y reconociéndose en lo que es, recordar las verdades que le son similares y que ha podido contemplar. En cambio, en la corriente que se puede denominar, globalmente, estoica, el problema consiste más bien en aprender, en servirse de la enseñanza de un determinado número de verdades, de doctrinas, entre las cuales unas son los principios fundamentales y las otras reglas de conducta. Se trata de operar de tal modo que estos principios os digan en cada situación y en cierto modo espontáneamente, cómo tenéis que comportaros.

Encontramos aquí una metáfora que no proviene de los estoicos sino de Plutarco, que dice: Es necesario que hayáis aprendido los principios de una forma tan constante que, cuando vuestros deseos, vuestros apetitos, vuestros miedos se despierten como perros que ladran, el Logos hable en vosotros como la voz del amo que con un solo grito sabe acallar a los perros. Es ésta la idea de un Logos que en cierto modo podrá funcionar sin que vosotros tengáis que hacer nada: vosotros os habréis convertido en el Logos o el Logos se habrá convertido en vosotros mismos.  

      

 Revista Concordia: Podríamos volver a la cuestión de las relaciones entre la libertad y la ética. Cuando usted afirma que la ética es la parte reflexiva de la libertad ¿quiere decir que la libertad puede cobrar conciencia de sí misma como práctica ética? ¿Es en su conjunto y siempre una libertad por decirlo así moralizada, o es necesario un trabajo sobre sí mismo para descubrir esta dimensión ética de la libertad?
  Foucault: Los griegos, en efecto, problematizaban su libertad, la libertad del individuo, para convertirla en un problema ético. Pero la ética en el sentido en que podían entenderla los griegos, el ethos, era la manera de ser y de conducirse. Era un cierto modo de ser del sujeto y una determinada manera de comportarse que resultaba perceptible a los demás. El ethos de alguien se expresaba a través de su forma de vestir, de su aspecto, de su forma de andar, a través de la calma con la que se enfrentaba a cualquier suceso, etc.

En esto consistía para ellos la forma concreta de la libertad: es así como problematizaban su libertad. El que tiene un ethos noble, un ethos que puede ser admirado y citado como ejemplo, es alguien que practica la libertad de una cierta manera. No creo que sea necesaria una conversión para que la libertad sea pensada como ethos, sino que la libertad es directamente problematizada como ethos. Pero para que esta práctica de la libertad adopte la forma de un ethos que sea bueno, bello, honorable, estimable, memorable, y que pueda servir de ejemplo, es necesario todo un trabajo de uno sobre sí mismo.

  Revista Concordia: Y ¿es en este punto en donde usted sitúa el análisis del poder?
  Foucault: Me parece que en la medida en que la libertad significa, para los griegos, la no-esclavitud – lo que constituye sin duda una definición de la libertad bastante alejada de la nuestra –, el problema es un problema totalmente político. Es político en la medida en que la no-esclavitud es a los ojos de los demás una condición: un esclavo no tiene ética. La libertad es pues en sí misma política. Y además, es también un modelo político en la medida en que ser libre significa no ser esclavo de sí mismo ni de los propios apetitos, lo que implica que uno establece en relación consigo mismo una cierta relación de dominio, de señorío, que se llamaba arché, poder, mando.

  Revista Concordia: El cuidado de sí es, como usted ha dicho, el cuidado de los otros, en cierto modo. En este sentido es siempre ético, es ético en sí mismo.
  Foucault: Para los griegos no es ético porque implique el cuidado de los otros. El cuidado de sí es ético en sí mismo: pero implica relaciones complejas con los otros, en la medida en que este ethos de la libertad es también una manera de ocuparse de los otros. Y es por ello por lo que es importante para un hombre libre, que se conduce como tal, saber gobernar a su mujer, a sus hijos, su casa. Nos encontramos así también con el arte de gobernar.

El ethos implica también una relación para con los otros, en la medida en que el cuidado de sí convierte a quien lo posee en alguien capaz de ocupar en la ciudad, en la comunidad, o en las relaciones interindividuales, el lugar que conviene – ya sea para ejercer una magistratura o para establecer relaciones de amistad –. Y, además, el cuidado de sí implica también una relación al otro en la medida en que, para ocuparse bien de sí, es preciso escuchar las lecciones de un maestro. Uno tiene necesidad de un guía, de un consejero, de un amigo, de alguien que nos diga la verdad. De este modo el problema de las relaciones con los demás está presente a lo largo de todo este desarrollo del cuidado de sí.

  Revista Concordia: El cuidado de sí tiene siempre como objetivo el bien de los otros: tiende a gestionar bien el espacio de poder que está presente en toda relación, es decir, gestionarlo en el sentido de la no-dominación. ¿Cuál puede ser, en este contexto, el papel del filósofo, de aquel que se ocupa del cuidado de los otros?
  Foucault: Partamos como ejemplo de Sócrates: es él quien interpela a la gente de la calle, o a los jóvenes del gymnasio, diciéndoles: ¿Te ocupas de ti mismo? Los dioses le han encargado hacerlo, es su misión, misión que no abandonará nunca, ni siquiera en el momento en que es amenazado de muerte. Y es sin duda el hombre que se preocupa del cuidado de los otros quien adopta la posición particular del filósofo. Pero en el caso, digamos simplemente, del hombre libre, me parece que el postulado de toda esta moral era que aquel que cuidaba de sí mismo como era debido se encontraba por este mismo hecho en posición de conducirse como es debido en relación a los otros y para los otros.

Una ciudad en la que todo el mundo cuidase de sí mismo como es debido sería una ciudad que funcionaría bien y que encontraría así el principio de su perpetuación. Pero no creo que pueda decirse que el hombre griego que cuida de sí deba en primer lugar cuidar de los otros. Este tema no intervendrá, me parece, hasta más tarde. No se trata de hacer pasar el cuidado de los otros a un primer plano anteponiéndolo al cuidado de sí; el cuidado de sí es éticamente lo primero, en la medida en que la relación a uno mismo es ontológicamente la primera.

  Revista Concordia: ¿Este cuidado de sí, que posee un sentido ético positivo, podría ser comprendido como una especie de conversión del poder?
  Foucault: Una conversión, si. Es en efecto una manera de controlarlo y delimitarlo, ya que, si bien es cierto que la esclavitud es el gran riesgo al que se opone la libertad griega, existe también otro peligro, que se manifiesta a primera vista como lo inverso de la esclavitud: el abuso de poder. El abuso de poder uno desborda lo que es el ejercicio legítimo de su poder e impone a los otros su fantasía, sus apetitos, sus deseos.

Nos encontramos aquí con la imagen del tirano o simplemente del hombre poderoso y rico, que se aprovecha de esta pujanza y de su riqueza para abusar de los otros, para imponerles un poder indebido. Pero uno se da cuenta – en todo caso es lo que afirman los filósofos griegos – de que este hombre es en realidad esclavo de sus apetitos. Y el buen soberano es aquel precisamente que ejerce el poder como es debido, es decir, ejerciendo al mismo tiempo su poder sobre sí mismo. Y es justamente el poder sobre sí mismo el que va a regular el poder sobre los otros.

  Revista Concordia: El cuidado de sí, desgajado del cuidado de los otros ¿no corre el riesgo de absolutizarse? ¿Esta absolutización del cuidado de sí no podría convertirse en una forma de poder sobre los otros, en el sentido de la dominación del otro?
  Foucault: No, porque el peligro de dominar a los otros y de ejercer sobre ellos un poder tiránico no viene precisamente más que del hecho de que uno cuida de sí y por tanto se ha convertido en esclavo de sus deseos. Pero si uno se ocupa de sí como es debido, es decir, si uno sabe ontológicamente quién es, si uno es consciente de lo que es capaz, si uno conoce lo que significa ser ciudadano de una ciudad, ser señor de su casa en un oikos, si sabe qué cosas debe temer y aquellas a los que no debe temer, si sabe qué es lo que debe esperar y cuáles son las cosas, por el contrario, que deben de serle completamente indiferentes, si sabe, en fin, que no debe temer a la muerte, pues bien, si sabe todo esto, no puede abusar de su poder en relación con los demás. No existe por tanto peligro.

  La idea, tal como usted la formula, aparecerá mucho más tarde, cuando el amor de sí mismo se convierta en algo sospechoso y sea percibido como una de las posibles raíces de las diferentes faltas morales. En este nuevo contexto, el cuidado de si tendrá como forma primera la renuncia de uno a sí mismo. Se encuentra esta idea de forma bastante clara en el Tratado de la virginidad de Gregorio de Nisa, en donde figura la noción de cuidado de sí, la epimeleia heautou, definida esencialmente como renuncia a todos los lazos terrenales, como renuncia a todo lo que pueda ser amor de sí, apego a este mundo. Pero yo creo que en el pensamiento gringo y romano el cuidado de sí no puede tender a este amor exagerado de sí que llevaría a abandonar a los otros o, lo que es peor, a abusar del poder que se pueda tener sobre ellos.



  Revista Concordia: ¿Se trata entonces de un cuidado de uno mismo que, pensando en sí, piensa en el otro?
  Foucault: Sí, efectivamente. El que cuida de sí hasta el punto de saber exactamente cuáles son sus deberes como señor de la casa, como esposo o como padre será también capaz de mantener con su mujer y sus hijos la relación debida.

  Revista Concordia: Pero, ¿no juega la condición humana, en el sentido de finitud, un papal muy importante? Usted se ha referido a la muerte: ¿cuando no se tiene miedo a la muerte, no se puede abusar del poder que se tiene sobre los otros? El problema de la finitud me parece muy importante: el miedo a la muerte, a la finitud, a ser herido, está en el corazón mismo del cuidado de sí.

  Foucault: Sin duda. Y por eso el cristianismo, al introducir la salvación como salvación en el más allá, va en cierta medida a desequilibrar o, en todo caso, a trastocar completamente, toda esta temática del cuidado de uno mismo pese a que, y lo repito una vez más, buscar la salvación significa también cuidar de uno mismo. Pero en el cristianismo la condición para lograr la salvación va a ser precisamente la renuncia. Por el contrario, en el caso de los griegos y de los romanos, dado que uno se preocupa de sí en su propia vida, y puesto que la reputación que uno deje en este mundo es el único mas allá del que puede ocuparse, el cuidado de sí puede entonces estar por completo centrado en sí mismo, en lo que uno hace, en el puesto que ocupa entre los otros; podrá estar totalmente centrado en la aceptación de la muerte – lo que será muy evidente en el estoicismo tardío –, preocupación que incluso, hasta cierto punto, podrá convertirse casi en un deseo de muerte.

Al mismo tiempo, esta preocupación, si bien no equivale a un cuidado de los otros, sí equivale al menos a una preocupación acerca de lo que será beneficioso para ellos. Es interesante comprobar, en el caso de Séneca por ejemplo, la importancia que adquiere esté tema: apresurémonos a envejecer, apresurémonos a ir hacia el final, ya que nos permitirá encontrarnos con nosotros mismos. Esta especie de momento anterior a la muerte, en el que ya no puede suceder nada, es diferente del deseo de muerte que encontraremos entre los cristianos, quienes esperan de la muerte la salvación. En Séneca es más bien como un movimiento para precipitar la existencia de forma que ante uno ya no quede más que la posibilidad de la muerte.

http://www.elclubdeloslibrosperdidos.org/2017/02/entrevista-con-michel-foucault-la-etica.html?m=1

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Foucault et la question sociale II

New post on Foucault News


Foucault et la question sociale II (2016)

by Clare O'Farrell
sociale-ii
Le séminaire "Foucault et la question sociale II"
tiendra sa première séance vendredi prochain, le 4 novembre, de 14h à 18h,
à l'Université Lille 3,
UMR STL, salle D. Corbin (métro Pont-de-Bois)
Programme :
14h - Daniele Lorenzini (Paris 1/Columbia University) : Pourquoi la question sociale ?
14h15 - Audrey Benoit (Paris 1/Lille 3) : La critique féministe à la lumière du matérialisme discursif foucaldien
15h - Arianna Sforzini (ICI, Berlin) : Réponse et discussion générale
16h - Philippe Sabot (Lille 3) & Orazio Irrera (Paris 8) : Présentation et discussion de l’ouvrage de Frédéric Rambeau (Paris 8), "Les secondes vies du sujet. Foucault, Deleuze, Lacan" (Hermann, 2016), en présence de l’auteur
Clare O'Farrell | 3 November 2016 at 6:00 am | Categories: Seminars | URL: http://wp.me/p13ybx-2jx

lunes, 31 de octubre de 2016

Foucault News: Clare O'Farrell

Social justice leadership and inclusion: a genealogy (2016)

Lewis, K.
Social justice leadership and inclusion: a genealogy
(2016) Journal of Educational Administration and History, 48 (4), pp. 324-341.

DOI: 10.1080/00220620.2016.1210589

Abstract
The purpose of this article is to engage in an historical analysis of research about two concepts: social justice leadership and leadership for inclusion. Recent experiences have caused me to wonder about our interpretations of justice, equity, and inclusion. Analysis of the relevant literature revealed a lack of consensus among scholars as to a clear, operational definition of both social justice leadership and inclusion. I use a Foucauldian genealogical method to examine texts and uncover the historical development of social justice leadership and leadership for inclusion in the United States. Uncovering past meanings and contexts should help illuminate current meanings and uses of these concepts. It is recommended that leaders engage in critical reflection to uncover the common sense language of equity-oriented leadership practices and that researchers take a more critical, historical, open stance of social justice leadership, and inclusion. © 2016 Informa UK Limited, trading as Taylor & Francis Group.

Author Keywords

Educational leadership; Foucault; genealogy; inclusion; inclusive leadership; social justice

 

Michel Foucault and the history of economic thought (2015)

by Clare O'Farrell
Nicolas Vallois, « Michel Foucault and the history of economic thought », Œconomia, 5-4 | 2015, 461-490.
Nicolas Vallois, « Michel Foucault and the history of economic thought », Œconomia [En ligne], 5-4 | 2015, mis en ligne le 01 décembre 2015, consulté le 07 septembre 2016. URL : http://oeconomia.revues.org/2181 ; DOI : 10.4000/oeconomia.2181
Full text available
Michel Foucault dedicated a significant part of his works to the study of political economy. In the late 1980s, these analyses attracted the interest of historians of economic thought (Amariglio, 1988, 1900; Birken, 1990). The primary purpose of this article is to provide a review survey of Foucault’s reception among historians of economic thought. Reading and interpreting Foucault is not straightforward. In reflecting on his work, Foucault refused to consider himself an “author” who could be characterized by a single, consistent framework. However, he elaborated a coherent historiographical method which we characterize as politically engaged journalism. The principles of that method allow us to identify two common confusions in interpretations of Foucault’s work. First, advocates of Foucault in the history of economic thought literature consider him a “heterodox economist” who would be opposed to “mainstream economics”. However, Foucault did not intend to criticize economic theories in this particular sense. The second source of confusion involves interpreting Foucault as a sociologist interested in the analysis of power, or a social historian, although he rejected context-based historiographical approaches. We would suggest that Foucault she be considered more a “postmodernist philosopher” than a historian of economic thought per se. In this respect, the association of “Foucauldian theory” with postmodernism is a major distortion in his reception by historians of economic thought.
Clare O'Farrell | 30 October 2016 at 6:00 am | Categories: Journal articles, Open access | URL: http://wp.me/p13ybx-2eC

 

New post on Foucault News


Interrupting the Psy-Disciplines in Education (2016)

by Clare O'Farrell
petersenBendix Petersen, Eva, Millei, Zsuzsa (Eds.), Interrupting the Psy-Disciplines in Education, Palgrave Macmillan, 2016
This book offers critical explorations of how the psy-disciplines, Michel Foucault’s collective term for psychiatry, psychology and psycho-analysis, play out in contemporary educational spaces. With a strong focus on Foucault’s theories, it critically investigates how the psy-disciplines continue to influence education, both regulating and shaping behaviour and morality. The book provides insight into different educational contexts and concerns across a child’s educational lifespan; early childhood education, inclusive education, special education, educational leadership, social media, university, and beyond to enable reflection and critique of the implications of psy-based knowledge and practice.
With chapters by a mixture of established and emerging international scholars in the field this is an interdisciplinary and authoritative study into the role of the psy-disciplines in the education system. Providing vivid illustrations from throughout the educational lifespan the book serves as an invaluable tool for reflection and critique of the implications of psy-based practice, and will be of particular interest to academics and scholars in the field of education policy and psychology.
Contents
‘Silences’ in the ‘Inclusive’ Early Childhood Classroom: Sustaining a ‘Taboo’
Watson, Karen
Pages 13-31
Binds of Professionalism: Attachment in Australian and Finnish Early Years Policy
Millei, Zsuzsa (et al.)
Pages 33-57
Becoming a ‘Learner’ in the Australian Primary School: An (Auto)ethnographic Exploration
Petersen, Eva Bendix
Pages 59-74
The Principal Is Present: Producing Psy-ontologies Through Post/Psychology-Informed Leadership Practices II
Staunæs, Dorthe (et al.)
Pages 75-92
Positive Education as Translation and Conquest of Schooling
Saari, Antti (et al.)
Pages 93-110
Labouring Over the Truth: Learning to Be/Come Queer
Bansel, Peter (et al.)
Pages 111-127
Re-thinking ‘Pointiness’: Special Education Interrupted
Laws, Cath
Pages 129-144
Confusions and Conundrums During Final Practicum: A Study of Preservice Teachers’ Knowledge of Challenging Behaviour
McMahon, Samantha (et al.)
Pages 145-166
‘No, I’m Not OK’: Disrupting ‘Psy’ Discourses of University Mental Health Awareness Campaigns
Saltmarsh, Sue
Pages 167-183
The Risk Factors For Psy-Diagnosis? Gender, Racialization and Social Class
Allan, Julie (et al.)
Pages 185-202
‘How Do You Solve a Problem Like Maria?’ Troubling the Psy-gaze in the Qualitative Analysis and Representation of Educational Subjects’
Wilson-Wheeler, Matthew
pages 203-220
Clare O'Farrell | 28 October 2016 at 6:00 am | Categories: Books, Education | URL: http://wp.me/p13ybx-2ex