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miércoles, 4 de enero de 2017

El legado de Claude Lévi-Strauss



El legado de Claude Lévi-Strauss
Artículo publicado el 28/11/2008 Ultima reactualización 01/12/2008 11:01 TU



El antropólogo, etnólogo y filósofo francés Claude Lévi-Strauss.

Etnólogo, antropólogo, filósofo y escritor, Claude Lévi-Strauss nació en Bruselas, Bélgica, el 28 de noviembre de 1908. En 2008 ha cumplido, pues, 100 años. Sus estudios los realizó casi por completo en París y en 1931 se diplomó en filosofía. En 1935 viajó a Brasil donde, hasta 1938, dio cursos de sociología y etnología y realizó expediciones etnológicas en el Matto Grosso. El antropólogo brasileño Carlos Rodrigues Brandao explica: “Su trabajo principal, el estudio de las sociedades duales, lo hizo con grupos bororo y nambik-wara del Matto Grosso. Sociedades divididas en dos o cuatro clanes que se intercambian mujeres y productos. Con esta base elaboró su estudio Las estructuras elementales del parentesco.

De regreso a Francia, ante la amenaza nazi, Claude Lévi-Strauss, que es de origen judío, decidió exiliarse en Estados Unidos. En Nueva York frecuentó, entre otros intelectuales, al lingüista Roman Jakobson, quien lo inició en la lingüística estructural, disciplina que le serviría de base para su teoría de la antropología social. Sobre esto, subraya el antropólogo Philippe Descola, quien fuera discípulo suyo: “Creó un método totalmente nuevo de analizar los sistemas de parentesco que después extendió a otros fenómenos como la clasificación, la mitología, etc.



Tapa del libro de Obras de Claude Lévi-Strauss (NRF 2008).
(© Bibliothèque de la Pléiade, Francia 2008)

 En 1955 Claude Lévi-Strauss publicó Tristes trópicos, su libro más accesible al público en general. “Es una biografía intelectual. Se parece a las Confesiones de Rousseau o a los Ensayos de Montaigne. Habla de sí mismo pero no sólo por el placer narcisista sino como una reflexión general sobre la civilización occidental y el resto del mundo a principios de la segunda mitad del siglo XX. Es un testamento filosófico más que un libro de etnología y cualquier persona lo puede leer”, explica Descola.

Otro de sus trabajos más importantes, al lado de Antropología estructural, es El pensamiento salvaje, que publicó en 1962. “Es un libro extraordinariamente complejo, cuya tesis es muy sencilla: todos los procedimientos que utilizamos nosotros, supuestos seres racionales y modernos, se encuentran de otra forma en el llamado ‘pensamiento salvaje’. Es decir que nuestro pensamiento también es salvaje en muchos de sus modos.” Y el libro estudia, precisamente esos modos.

La importancia de la obra de Claude Lévi-Strauss en el pensamiento contemporáneo no deja lugar a dudas. “En Brasil se dice que se puede estar contra Lévi-Strauss pero no se puede pensar la antropología contemporánea sin pensar en Lévi-Strauss”, precisa Carlos Rodrigues Brandao. Sin embargo, su legado no es sólo científico sino también moral, como lo señala Philippe Descola: 

“Su reflexión moral tiene dos direcciones. Una crítica del etnocentrismo que él explicitó mostrando que hazañas técnicas o intelectuales que nos atribuimos nosotros occidentales se encuentran en formas comparables en sociedades humildes que han sido casi destruidas. Hay, pues, que relativizar nuestra arrogancia euro céntrica y pensar que las contribuciones de esas sociedades sin escritura forman parte de un patrimonio universal que hay que tomar en cuenta. El segundo aspecto es en cuanto al problema de la destrucción de la diversidad biológica.”

Entrevistados: Carlos Rodrigues Brandao antropólogo brasileño, profesor universitario, y Philippe Descola, antropólogo, profesor del Collège de France.
Referencia 



Claude Lévi-Strauss. Vida, obra y legado de un antropólogo centenario
 
Claude Lévi-Strauss. Life, work and legacy of an anthropologist in his centenary

Pedro Gómez García

Catedrático de Filosofía.
Departamento de Filosofía II. Universidad de Granada.
pgomez@ugr.es


RESUMEN

Celebrado el centenario del autor en noviembre de 2008, y reciente su muerte a fines de octubre de 2009, parece oportuno dedicar unas páginas a esbozar una semblanza personal e intelectual del gran antropólogo Claude Lévi-Strauss. El artículo sigue el rastro a las huellas de una vida de investigador entregado, señalando los principales hitos y algunas de sus posiciones teóricas más significativas. Reseña también el legado del autor, en el que hay que inventariar el conjunto ya clásico de sus obras, donde destacan las facetas del gran antropólogo fundador del estructuralismo, el gran escritor que mereció ingresar en la Academia Francesa y el gran pensador que nos incita a ir más allá de las apariencias. Evocaré la metodología del análisis estructural del que fue maestro, pese a las limitaciones que el paso del tiempo haya desvelado, para reconocer finalmente el desafío que Lévi-Strauss sigue lanzando a quienes nos preocupamos por entender la realidad humana: que las ciencias sociales y humanas han de avanzar hacia una mayor cientificidad.



ABSTRACT
 
With the centenary of the author celebrated in 2008, and with his recent death in October 2009, it seems fitting to devote a few pages to sketch the personality and intellect of the great anthropologist Claude Lévi-Strauss.  The article follows the tracks of the life of this dedicated researcher, pointing out the main landmarks and some of his most significant theoretic positions.  It also highlights the legacy of the author, in which the whole of his now classical works must be counted, underlining certain facets of the great anthropologist who founded structuralism, the great writer who deserved to be included in the French Academy, and the great thinker who incites us to go beyond appearances.  I will probe the methodology of the structural analysis of which he was master, despite whatever limitations that the passage of time has revealed, to recognize finally the challenge that Lévi-Strauss continues to pose to any of us who should trouble ourselves to understand human reality:  that the social and human sciences need to push forward to greater scientific rigour.



PALABRAS CLAVE |  KEYWORDS
Lévi-Strauss | estructuralismo | análisis estructural | naturaleza humana | cultura | structuralism | structural analysis | human nature | culture


Textos de acceso libre
Claude Lévi-Strauss
Lic. Beatriz Bacco



Sumario
El tema de este trabajo se centra en las relaciones entre los seres humanos -analizando su inserción y vinculación con los conceptos de naturaleza y cultura-, la prohibición del incesto -a través de sus diversas formas de manifestarse-, los sistemas de parentesco -como representaciones globales de las relaciones entre los seres humanos-, el totemismo y los mitos -como manifestaciones particulares de estructuras universales-, arribando a ciertas ideas a modo de síntesis y conclusión de lo expuesto.

El tratamiento de los temas se realiza en torno al pensamiento desarrollado por Claude Lévi-Strauss, a quien se reconoce como el fundador de la antropología estructural. Lévi-Strauss se encuentra frente a la antropología tradicional evolucionista y sus ideas constituyen un enfrentamiento y una crítica al estado de cosas en este ámbito del saber. Su intención es encontrar en las múltiples conductas observables, el principio; es decir: lo que hay de universal en el comportamiento humano.

Su obra reconoce importantes aportes que -en cuanto a contenido teórico- provienen de Emile Durkheim (1858-1917), a través de su discípulo Marcel Mauss (1872-1950), de quien toma tres nociones fundamentales: la de la totalidad de lo social, la de la categoría inconsciente ubicada en un nivel distinto del hecho social empírico y la del don con su obligación de dar y recibir. El otro gran aporte -que tiene que ver con lo metodológico- proviene de la lingüística de Ferdinand de Saussure (1857-1913), a través de la obra de los representantes de la Escuela de Praga. Por su importancia en el desarrollo total del pensamiento de Lévi-Strauss, se exponen más adelante brevemente los conceptos principales de la lingüística.

En la primera obra que se analiza –Las estructuras elementales del parentesco-[1] los ejes están representados por la prohibición del incesto, la exogamía y el sistema de parentesco. En la segunda –El totemismo en la actualidad-[2] se observa a través de un minucioso recorrido, el desarrollo del autor sobre las formas y los contenidos del totemismo y la producción mítica, que partiendo de la deconstrucción del concepto emplazado por los pensadores anteriores, arriba a una visión concordante con su modo estructuralista de construir modelos de acuerdo a la realidad.

Referencia



miércoles, 4 de febrero de 2015

El viaje filosófico de Paul Ricoeur

Le voyage philosophique de Paul Ricoeur

Par Frédéric Martel
In magazine littéraire n° 359
Novembre 1997

Dessin: Maja



Après avoir été longtemps exilé de la scène intellectuelle française, Paul Ricoeur est aujourd'hui redécouvert et remis à sa juste place. La biographie de François Dosse attente de son parcours exemplaire et de l'ampleur de son œuvre. (Paul Ricoeur, Les sens d'une vie, par François Dosse. Ed. La Découverte).
Il existe une énigme Ricoeur. Pourquoi l'œuvre d'un des philosophes français les plus commentés à travers le monde fut-elle tenue à l'écart des débats français dans les années 1960 et 1970 ? Comment Ricoeur fut-il exilé de la scène intellectuelle française, intervenant seulement à la marge ? Pourquoi son œuvre fait-elle l'objet, depuis la fin des années 1980, d'une redécouverte (amorcée par le numéro spécial de la Revue « Esprit » en juillet 1988, et la parution en poche en 1991 des trois volumes de « Temps et récit ») ?

Pour comprendre cette énigme et cette reconnaissance tardive : un essai substantiel d'Olivier Mongin (« PaulRicoeur », éd.Seuil) contribuait déjà à donner à son œuvre, en dépit des réaménagements conceptuels et des détours, sa cohérence ; un utile commentaire d'Olivier Abel (« Paul Ricoeur, La promesse et la règle », éd. Michalon) abordait sa philosophie politique et juridique ; aujourd'hui une biographie de François Dosse épaisse et ample de presque 800 pages, alors même qu'on annonce un deuxième travail biographique, mis en chantier par Charles E. Reagan aux Etats-Unis. Autant d'indices qui permettent d'apprécier la « présence contemporaine » de Ricoeur.

A près de 85 ans (il est né en 1913 à Valence), la vie de Paul Ricoeur offre l'illustration d'un parcours exemplaire dans les méandres du siècle, et son œuvre atteste de l'ampleur des champs parcourus et de sa fécondité.

Orphelin précoce après que son père eut été tué au front en 1915, Ricoeur conserva de cet épisode fondateur une obsédante interrogation sur la problématique du mal, de la faute et de la souffrance, ce qui contribua à le rendre, jeune adulte, socialiste (à la SFIO) et pacifiste. Mobilisé en 1939, fait prisonnier, il passe la guerre dans différents oflags de Poméranie, jusqu'en 1945 : dans les camps, il lit Karl Jaspers, donne des leçons à ses codétenus et traduit un ouvrage de Husserl (philosophe allemand interdit, parce que juif), en une écriture minuscule dans les marges du livre, faute de papier, et en utilisant un unique crayon : exemple rare d'amitié pour la langue de l'ennemi, à travers celle de sa victime.

C'est après la Libération que Paul Ricoeur, qui contribue dans ces années à faire connaître en France, avec Emmanuel Levinas, Maurice Merleau-Ponty et Jean-Paul Sartre, la phénoménologie allemande, prend contact avec la revue « Esprit ». Il y animera le « groupe philosophie », y tiendra une rubrique régulière (intitulée « Aux frontières de la philosophie ») et s'installera, au milieu des années cinquante, aux « Murs blancs », la propriété qu'Emmanuel Mounier, le fondateur de cette revue, possède à Châtenay-Malabry.

Car Paul Ricoeur, à l'instar de Claude Lefort, est un « homme de revue ». Il publie de nombreux textes dans des périodiques souvent marqués par le protestantisme social (« Christianisme socia », « Terre nouvelle », « Réforme » ou encore « Temps nouveaux »). Il est aussi un « ogre de lecture », selon le mot d'Olivier Mongin : il lit et commente avec une endurance étonnante, Hannah Arendt, Eric Weil, Karl Jaspers, Jan Patocka (l'un des trois porte-parole de la Charte 77), mais aussi Claude Lévi-Strauss ou Mircea Eliade, les grands textes de la littérature ou encore le « Grand Code » biblique.

Cette multiplication des lectures ajoutée aux difficultés internes de l'œuvre ont pu rendre Ricoeur quelque peu vulnérable aux critiques (ceux qui en font plus un lecteur qu'un inventeur de concepts originaux, comme ceux qui voudraient limiter son œuvre à une théologie masquée, comme si le religieux était le ressort caché d'une pensée qui a pourtant pris soin de proclamer l'autonomie de la philosophie par rapport à la religion).

Si le Ricoeur des années 1950 est d'abord phénoménologue, celui des années 1960 s'investit dans les sciences humaines, et notamment dans la psychanalyse freudienne - ce qui suscitera nombre de malentendus avec les lacaniens et les althusseriens. Telle est l'une des explications de l'écho relativement limité de l'œuvre de Ricoeur en France, à une époque dominée par le sartrisme, le lacanisme ou le structuralisme. Dans les années 1970, les préoccupations philosophiques de Ricoeur sont de plus en plus anglo-saxonnes. En contribuant à la diffusion en France de la philosophie analytiques américaine, il apparaît bientôt comme un précurseur. Ainsi entretient-il dès cette période des « conversations » privilégiées avec des auteurs qui ne deviennent des classiques en France qu'aujourd'hui : en se confrontant à John Rawl (l'auteur du monumental « Théorie de la justice »), il noue un dialogue tendu à la fois d'attention extrême mais aussi de profonde réserve autour du thème de la justice sociale. En fréquentant Charles Taylor (le philosophe québécois-canadien multiculturaliste, auteur du célèbre « Sources of the Self ») il retrouve sa propre volonté de faire dialoguer les cultures entre elles. En s'appuyant sur Richard Walzer (et son fondamental « Sphères de la Justice »), il encourage une sortie du débat entre communautarisme et libéralisme, par le haut. Autant dire que ces « conversations triangulaires » sont d'une actualité brûlante.

En accompagnement de lectures plurielles et de réflexions philosophiques exigeantes, Ricoeur n'a jamais cédé sur l'impératif d'engagement politique. Et même s'il privilégie, non l'« engagement » sartrien, mais ce qu'il appelle la « déconnexion », une mise à distance de sa propre vie, procédé intrinsèquement philosophique, il n'aura jamais renoncé à intervenir dans l'espace public. Et c'est en cela, aussi, qu'il peut servir de modèle : avoir su garder ses distances avec les idéologies et les philosophies de la radicalité sans transiger sur l'existence politique et le sens de l'Etat ni cesser de défendre un « agir raisonnable ».

C'est ainsi que l'insurrection hongroise, puis la répression soviétique de 1956, événement à la « puissance indéfinie d'ébranlement » est à l'origine de son article capital sur « Le paradoxe politique » (Esprit, mai 1957). Impliqué dans les événements d'Algérie et s'élevant contre l'usage de la torture, il est placé en garde à vue à Sceaux. Sensible au malaise de l'université, il accepte d'enseigner à Nanterre en 1966, puis d'être nommé doyen en 1969. S'il a accueilli avec bienveillance le mouvement de mai qui lui a paru une opportunité pour réformer l'université, il quittera pourtant Nanterre un an plus tard, à la suite d'un épisode mesquin devenu célèbre (des étudiants maoïstes lui renversent une poubelle sur la tête ; en 1991, l'auteur de cet « incident », longtemps silencieux et pris de remords, est venu s'excuser), mais, plus fondamentalement, à cause d'un double mouvement qui oppose le cynisme d'un régime, qui vient d'autoriser les policiers à pénétrer dans l'enceinte de l'université, et la politisation extrême des enseignants dans ces « années de poudre » post-68.

Même s'il devait progressivement se méfier des sollicitations de la vie publique, Ricoeur restera actif sur bien des fronts : en abordant des thèmes cruciaux comme l'écologie ou les questions soulevées par la bioéthique, en s'impliquant dans les débuts de l'Institut des hautes études sur la Justice et nombre de revues protestantes. Il marchera encore en tête de l'une des premières manifestations contre la guerre en Bosnie le 21 novembre 1992 à Paris et, plus récemment encore, approuvera en novembre 1995 la philosophie générale du projet de réforme de la Sécurité sociale.

Car Paul Ricoeur a choisi de situer la question politique au cœur des paradoxes qu'il affronte. C'est alors qu'apparaît son apport substantiel sur le double plan de la philosophie politique et de la philosophie du droit. Il analyse en profondeur la double autonomie du politique : par rapport à la sphère éthique et par rapport à la sphère économique (et c'est bien pour cette raison, en refusant de voir que le politique ne se réduit pas à l'économique, que les marxistes se sont interdits de comprendre le totalitarisme). Ricoeur voit bien que le « problème central de la politique, c'est la liberté » - et c'est pourquoi, dans une approche très américaine, il voudrait réhabiliter le beau terme de « libéralisme politique », anormalement discrédité, selon lui, par sa proximité avec le libéralisme économique. Il retient de Hannah Arendt l'idée d'un « vouloir-vivre ensemble », seul capable d'arrêter le pouvoir sur la voie du totalitarisme et s'inscrit finalement dans une filiation moins optimiste que celle inaugurée par Rousseau : il s'agit non plus de désirer le bien que d'éviter le mal et le pire.

Si les années 1960 et 1970 ont éloigné Ricoeur des débats français, on comprend le regain d'intérêt pour son œuvre aujourd'hui, dans une période post-1989 marquée par le retour en force de la philosophie politique. Orientation qui s'insère parfaitement dans la structure ternaire de l'éthique de Ricoeur : estime de soi, sollicitude, institutions justes.

A cela s'ajoute bien sûr l'écho grandissant que suscite sa philosophie morale. Au contraire des pensées du soupçon, son œuvre permet en effet d'ouvrir la possibilité de réfléchir et d'agir par soi-même, ou pour le dire en termes ricoeuriens, en reprenant le titre magnifique d'un de ses principaux ouvrages, penser « Soi-même comme un autre ».

Au fond, telle est probablement l'une des clés de l'attrait profond de l'œuvre. Resté à l'écart des polémiques, le philosophe protestant a su fonder sa philosophie sur le respect d'autrui selon sa fameuse règle de la réciprocité : « N'exerce pas le pouvoir sur autrui de façon telle que tu le laisses sans pouvoir sur toi. » Après plusieurs décennies de guerres intellectuelles, idéologiquement violentes et tellement françaises, Ricoeur, dont la démarche toute de discrétion et d'humilité a toujours privilégié l'écoute, l'attention infinie à la dissymétrie possible dans le dialogue et pour lequel l'argument de l'adversaire est toujours respecté, montre une voie intellectuelle plus généreuse et peut-être plus apte à guider « l'homme faillible » à travers les malaises de la modernité.
In magazine littéraire n° 359 - Novembre 1997

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Referencia a la publicación

Adjunto mi propia traducción, por la que presento mis disculpas. Considero que puede servir de apoyo a algunos lectores.

 Hay un enigma, Ricoeur.

¿Por qué la obra de uno de los filósofos franceses más comentados en todo el mundo se mantuvo al margen del debate francés en los años 1960 y 1970? ¿Cómo se aisló Ricoeur de la escena intelectual francesa, interviniendo sólo al margen? ¿Por qué su trabajo ha sido desde finales de 1980, un redescubrimiento (iniciado por el número especial de la revista "Espíritu" en julio de 1988, y la edición en libro de bolsillo en 1991 de los tres tomos de "El tiempo y la narrativa")?

Para entender este enigma, y este reconocimiento tardío: un ensayo sustancial de Olivier Mongin ("Paul Ricoeur" éd. Seuil) que ya contribuyó a dar a su trabajo, a pesar de los cambios y desvíos conceptuales, de coherencia;  un comentario útil de Olivier Abel ("Paul Ricoeur, Promesa y regla" Michalon ed.), que trató  su filosofía política y jurídica; una gruesa biografía de François Dosse de casi 800 páginas, incluso cuando anunciamos una segunda obra biográfica, que comienza con la de Charles E. Reagan en los Estados Unidos. De este modo muchos índices permiten evaluar la "presencia contemporánea" de Ricoeur.


Después de casi 85 años (nació en 1913 en Valencia), la vida de Paul Ricoeur proporciona una ilustración de un camino ejemplar en el laberinto del siglo, y su trabajo demuestra la magnitud del campo cubierto y su fertilidad.

Huérfano temprano después de que su padre murió en el frente en 1915, Ricoeur mantuvo desde este episodio fundante una pregunta inquietante sobre el problema del mal, el pecado y el sufrimiento, que lo ayudó a ser, un joven adulto, socialista (en SFIO) y pacifista. Movilizado en 1939, hecho prisionero, pasó la guerra en diferentes campos de Pomerania hasta 1945: en ellos lee a Karl Jaspers, dando lecciones a los demás reclusos y tradujo una obra de Husserl (filósofo alemán prohibido por ser judío), en una letra minúscula en los márgenes del libro, por falta de papel, y usando un solo lápiz: ejemplo poco común de la amistad para con el idioma del enemigo, a través del de su víctima.

Fue después de la Liberación de Paul Ricoeur, que contribuyo en esos años para dar a conocer en Francia, con Emmanuel Levinas, Maurice Merleau-Ponty y Jean-Paul Sartre, la fenomenología alemana, en contacto con la revista "Espíritu". Allí, participara con el "grupo de la filosofía", y tendrá una columna regular (titulada "Fronteras de la Filosofía") y se instalará a mediados de los años cincuenta, en la revista las "Muros blancos" propiedad de Emmanuel Mounier, en Chatenay-Malabry.

Pues Paul Ricoeur, para Claude Lefort, es una "hombre de opinión." Publicó numerosos textos en los periódicos a menudo marcados por el protestantismo social ("socialista cristiano", "Nueva Tierra", "reforma" o "Tiempos nuevos"). También es un "ogro de lectura", en palabras de Olivier Mongin, leyendo y comentando con increíble resistencia, a Hannah Arendt, Eric Weil, Karl Jaspers, Jan Patocka (uno de los tres portavoces de la Carta 77), sino también a Claude Lévi-Strauss y Mircea Eliade, las grandes obras de la literatura o el  "Gran Código" bíblico.

Esta multiplicación de lecturas añadida a las dificultades internas de la obra podría hacer a Ricoeur un tanto vulnerable a la crítica (los que lo hacen más lector que un inventor de conceptos originales, como los que limitarían su trabajo a una teología oculta, como si el religioso fuera el resorte oculto de un pensamiento que aún no ha sido cuidado para proclamar la autonomía de la filosofía sobre la religión).

Si el Ricoeur de 1950 es primero un fenomenólogo, el de 1960 está involucrado en las humanidades, especialmente en el psicoanálisis freudiano – lo que planteará muchos malentendidos con los Althusserianos y Lacanianos. Esta es una explicación del relativamente pequeño eco de la obra de Ricoeur en Francia, en una era dominada por el Sartrismo, el lacanismo o el estructuralismo. En la década de 1970, las preocupaciones filosóficas de Ricoeur son cada vez más anglosajonas.

Contribuyó a la distribución en Francia de la filosofía analítica americana, y pronto aparece como un precursor. Así él mantiene en este período de "conversaciones" con autores preferidos que se convierten en clásicos de hoy en Francia: confrontando al John Rawls (autor de la "Teoría de la Justicia" monumental), empató un tenso diálogo tanto con extrema atención, sino también con profundas reservas en torno al tema de la justicia social.

Frecuentando a Charles Taylor (filósofo multiculturalista de Quebec-Canadá, autor del famoso "Fuentes del Ser") se encuentra con su propia voluntad para el diálogo entre culturas. En base a Richard Walzer (y sus "esferas de justicia" fundamentales), anima a una salida del debate entre comunitarismo y liberalismo desde arriba. Baste decir que estas "conversaciones triangulares" son de gran actualidad.

Acompañando de lecturas plurales y de exigente filosofía, Ricoeur nunca se dio por el imperativo de la participación política. E incluso si lo prefiere, no el "compromiso" de Sartre, pero lo que llama la "desconexión", un distanciamiento de su propia vida, método intrínsecamente filosófico, nunca ha renunciado a intervenir en espacio público. Y es en esto, que también, puede ser un modelo que ha mantenido su distancia de las ideologías y filosofías del radicalismo sin comprometer la existencia política y el significado del Estado o de dejar de defender un "actuar razonable".


Así, el levantamiento húngaro y la represión soviética de 1956, evento en el "poder indefinido de choque" es el origen de su artículo capital "La paradoja política" (Espíritu, de mayo 1957). Participa en los acontecimientos de Argelia y protesta contra el uso de la tortura, se coloca en retiro en Sceaux. Sensible a la incomodidad de la universidad, se compromete a enseñar en Nanterre en 1966, y fue nombrado decano en 1969. Le era simpático el movimiento de mayo por el que sentía que era una oportunidad para reformar la universidad, sin embargo, él dejará Nanterre un año más tarde, después de un pequeño episodio que se hizo famoso (estudiantes maoístas le volcaron un cubo de basura en la cabeza, y en 1991 el autor de este "incidente" de largo silencio y lleno de remordimientos, vino a disculparse), sino, fundamentalmente, a causa de un doble movimiento que se opone al cinismo de un régimen que ha autorizado a la policía a entrar en las instalaciones de la universidad, y la politización extrema de los docentes en esos "años de polvo" post-68.

Aun cuando el desconfió gradualmente de los requerimientos de la vida pública, Ricoeur se mantendrá activo en muchos frentes: por abordar las cuestiones cruciales como la ecología o las cuestiones planteadas por la bioética, al involucrarse en los inicios del Instituto de Altos Estudios sobre Justicia y muchas revistas protestantes. El participará de nuevo a la cabeza de una de las primeras manifestaciones contra la guerra en Bosnia el 21 de noviembre 1992 en París y, más recientemente, en noviembre de 1995 aprobará la filosofía general de la reforma de la seguridad social.


Como Paul Ricoeur ha optado por situar la cuestión política en el seno de las paradojas que enfrenta. A continuación, parece que  su contribución sustancial esta en lo que respecta tanto a la filosofía política y la filosofía del derecho. El analiza en profundidad la doble autonomía de la política: desde la esfera ética y en relación con el ámbito económico (y es por esta razón, negándose a ver que la política no se limita a los derechos económicos, como los marxistas que están prohibidos de poder comprender el totalitarismo). Ricoeur ve que el "problema central de la política es la libertad" - y es por eso que, en un enfoque muy americano, sería rehabilitar la hermosa término "liberalismo político" anormalmente desacreditado, dijo, por su proximidad con el liberalismo económico. Conserva la idea de Hannah Arendt de una "voluntad de vivir juntos", capaz de detener el poder en el camino hacia el totalitarismo y, finalmente, se inscribe en una filiación menos optimista que la inaugurada por Rousseau: el no desear el bien y evitar el mal mayor.

Si los años 1960 y 1970 distanciaron a Ricoeur de los debates  franceses, hoy comprensiblemente, existe un renovado interés en su trabajo en un post-1989 período marcado por el resurgimiento de la filosofía política. Orientación que encaja perfectamente en la estructura ternaria de la ética de Ricoeur: autoestima, ansiedad, instituciones justas.


Sumado a esto, por supuesto, el eco creciente que despierta su filosofía moral. A diferencia de los pensamientos de sospecha, su trabajo hace posible abrir la oportunidad de reflexionar y actuar por sí mismo, o para decirlo en términos Ricoeuriennses, reanudando el magnífico título de una de sus obras más importantes, piensa "Se tú mismo como un otro."

Básicamente, esto es probablemente una de las claves para la profunda atracción de su obra. Mantenido al margen de la controversia, el filósofo protestante pudo basar su filosofía de respeto por los demás según su famosa regla de la reciprocidad: "No ejercer poder sobre los demás para que ningún poder se ejerza sobre uno. "Después de décadas de guerras intelectuales, violentas e ideológicamente muy francesas, Ricoeur, cuyo enfoque pleno de toda discreción y humildad siempre favorecó el escuchar, y la interminable atención a la posible asimetría en el diálogo para que el argumento del oponente todavía se respete, muestra una forma intelectual más generosa y tal vez más capaz de guiar "al hombre falible" a través del malestar de la modernidad.

lunes, 2 de febrero de 2015

El Estructuralismo

El Estructuralismo

El estructuralismo es un enfoque de las ciencias humanas que creció hasta convertirse en uno de los métodos más utilizados para analizar el lenguaje, la cultura y la sociedad en la segunda mitad del siglo XX.

El término no hace referencia claramente definida a una escuela de pensamiento filosófico (como la antropología cultural, la lingüística, el marxismo etc.) aunque tiene derivaciones filosóficas de consideración.

La obra de Ferdinand de Saussure, Curso de lingüística general (1916) es considerada habitualmente como el punto de origen de las ideas subyacentes a ese planteamiento.



Definición
 

En general, es un enfoque filosófico que trata, de un modo, afrontar las ciencias humanas, de analizar un campo específico como un sistema complejo de partes relacionadas entre sí, como decía Roman Jakobson. Por tanto, en términos amplios y básicos el estructuralismo busca las estructuras a través de las cuales se produce el significado dentro de una cultura. De acuerdo con esta teoría, el significado es producido y reproducido a través de varias prácticas, fenómenos y actividades que sirven como sistemas de significación (estudiando cosas tan diversas como la preparación de la comida y rituales para servirla, ritos religiosos, juegos, textos literarios y no literarios, formas de entretenimiento, etc.).

La novedad que introduce el estructuralismo no es la idea misma de estructura, ya presente de forma continua a lo largo del pensamiento occidental, sino la eliminación en ella de un concepto central que ordene toda la realidad, como sucedía con las ideas platónicas.




Para F. Wahl, la cesura estructuralista pasa por el concepto de signo.

El iniciador y más prominente representante de la corriente fue el antropólogo y etnógrafo Claude Lévi-Strauss (década de 1940), quien analiza fenómenos culturales como la mitología y los sistemas de parentesco.

Durante los años 1940 y 50, la escena filosófica francesa se caracterizó por el existencialismo, fundamentalmente a través de Sartre, apareciendo también la fenomenología, el retorno a Hegel y la filosofía de la ciencia, con Gastón Bachelard.

Cuando en la década de 1960 Sartre se orienta hacia el marxismo, surge un nuevo modo de pensar, el estructuralismo. Claude Lévi-Strauss inicia este nuevo movimiento, basándose en las ideas de la etnología. Más tarde le seguirán Jacques Lacan en el psicoanálisis, Louis Althusser en el estudio del marxismo y finalmente Michel Foucault, desde un punto de vista muy crítico con las ambiciones estructurales.




Cabe destacar que Althusser y Foucault rechazaron la clasificación de su pensamiento dentro del estructuralismo (tal como aparece en su Arqueología de las ciencias humanas, Las palabras y las cosas) y en rigor únicamente Lévi-Strauss realizó una reflexión explícita sobre el estructuralismo como método. En cualquier caso, se trata de un alejamiento de perspectivas meramente historicistas o subjetivistas bajo el intento de hallar una nueva orientación para la investigación que tome como bases correspondencias funcionales entre distintos elementos que forman parte de las distintas disciplinas.



Estructuralismo y literatura 

Cuando el estructuralismo se utiliza para examinar la literatura, un estructuralista crítico examinará la estructura de una narración más que su contenido para de esta forma comparar y hallar vínculos y estructuras similares en obras pertenecientes a épocas y culturas diferentes.

Las propuestas metodológicas, inherentes a las explicaciones teóricas de cada uno, auto-reflejan una forma distinta de percibir la realidad en las personas y seres humanos. Cabe destacar que el estructuralismo busca cambiar la estructura filosófica.


Características

Piaget ha definido las estructuras a través de 3 características:Totalidad, pues posee más propiedades que elementos
Transformaciones, ya que posee un equilibrio dinámico
Auto-regulación, pues supone un sistema de transformaciones autorreguladas por un sistema cerrado.


Método estructuralista


Estaba presente en matemáticas, lógica, física y biología. En psicología se asocia con la "forma" para superar los planteamientos de la teoría asociacionista. Se inspira en la lingüística donde se distingue "lengua" y "habla". Lengua es el sistema de signos de la sociedad ya estipulado y el habla el modo de referirse de cada individuo en particular. La sociedad se estudia como un conjunto de signos destinados a asegurar entre los individuos cierto tipo de comunicación.

 

Bibliografía

R. Barthes, Elementos de semiología, A. Corazón, 1970
J.M. Auzias, El estructuralismo, Alianza, 1970
D. Robey (introd.), Introducción al estructuralismo, Alianza, 1976, con U. Eco, Todorov, Leach, Lyons, Culler, Gandy
L. Goldmann y otros, Las nociones de génesis y estructura, Buenos Aires, Nueva Visión, 1975.
F. Wahl, ¿Qué es el estructuralismo? Filosofía, Buenos Aires, Losada, 1975
O. Ducrot, ¿Qué es el estructuralismo? El estructuralismo en lingüística, Buenos Aires, Losada, 1975
T. Todorov, ¿Qué es el estructuralismo? Poética, Buenos Aires, Losada, 1975

 

Escuela Estructuralista en Economía

Precedentes. Desde los comienzos de su utilización, el término estructura (v.) ha venido designando, como señala L. Bernot: a) un conjunto, b) las partes de ese conjunto, c) las relaciones de las partes entre sí. Aunque en Economía la palabra estructura no empieza a ser utilizada de forma sistemática hasta la tercera década del presente siglo, sin embargo, su concepto y contenido, como destaca A. Marchal, ha estado implícitamente «en la base de la oposición que a lo largo de toda la historia del pensamiento económico se ha puesto de manifiesto entre los espíritus concretos, empíricos, inductivos y los espíritus abstractos, lógicos, deductivos».
     

Entre los precedentes del análisis estructural y del concepto moderno de estructura económica cabe destacar, así, las aportaciones de la aritmética política y de la fisiocracia. El autor más importante de los aritméticos políticos fue William Petty, considerado por Marx como el verdadero padre de la economía por su análisis macroeconómico, y que en su obra The Political Anatomy of Ireland (1672), basándose en el «número, peso y medida», es decir, en lo económico y en lo estadístico, trataba de conocer la anatomía de la realidad económica. 





Las aportaciones estructurales de los fisiócratas, particularmente de Quesnay, han tenido indudable influencia y hoy se recogen sus frutos en el modelo de W. Leontief, instrumento de trascendencia en la Economía. Quesnay, con su Tableau Economique (1758) (v. FISIOCRACIA), constituyó uno de los primeros intentos más importantes para explicar el circuito de formación y distribución de la riqueza, pues con el mismo se trató, como señala su autor, de «elaborar un cuadro fundamental de la ordenación económica para representar en él la distribución y la producción de una forma fácilmente comprensible, mediante el cual sea posible juzgar con claridad los órdenes y desórdenes que pueden provocar el gobierno».
    
El enfoque de los economistas clásicos y neoclásicos a lo largo del s. xix y primeras décadas del xx marginaron los estudios interdependientes y macroeconómicos de la realidad, sin que la idea del Tableau de Quesnay tuviera continuación, a pesar de que Mirabeau la había considerado el gran descubrimiento del s. XVIII. Ahora bien, a la dirección dada a la Economía (v.) por los clásicos se opusieron los autores de la escuela histórica alemana y, posteriormente, los institucionalistas americanos, en especial T. Veblen en su Teoría de la clase ociosa (1899), así como, en ciertos aspectos, los economistas de la escuela matemática.



     


El autor que más conceptos elaboró sobre la estructura económica fue Marx (v.), con una gran influencia en las ciencias sociales y en el análisis económico; fue el primero en utilizar ampliamente los términos infraestructura y superestructura, señalando que «en la producción social de su vida, los hombres contraen relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.

El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base sobre la que se levanta una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social» (Contribución a la crítica de la economía política, 1859). 

La estructura constituye un concepto clave en el pensamiento marxista, en particular por ser el factor que explica el resto de los aspectos de la realidad, pero de modo interdependiente, con lo que la concepción del materialismo dialéctico es netamente estructural.
    

Concepto moderno.

Hasta hace unos 40 años no comienza a extenderse y a utilizarse la palabra estructura por economistas no marxistas, hasta convertirse en uno de los términos más utilizados en la literatura económica, con interpretaciones diversas y hasta contrarias.

La estructura se convirtió, en una primera etapa, en una palabra que servía para expresar fenómenos distintos a la coyuntura (v.); es decir, frente a las variaciones a corto plazo y que no influyen en lo sustancial; lo estructural se refiere a aquellos aspectos de la realidad más profundos y más permanentes. En las aportaciones de los principales estructuralistas, prácticamente todos admiten este contenido, pero por resultar muy general, y por la diversificación de la Economía en varias ramas, el concepto original fue matizado en acepciones diversas, como resultado de los principios y enfoques de que parte cada autor.

Fiel reflejo de esta diversidad se aprecia en los principales especialistas de las ciencias sociales con un enfoque estructural en su interpretación de la realidad, que ha dado lugar a diversas modalidades metodológicas dentro del e. y entre los que se pueden citar el formal o antropológico de Lévi-Strauss, el positivista de M. Foucault, el empírico de Radcliffe-Brown y el dialéctico de Althusser, Godelier y Sebag (v. i). Dentro de la Economía cabe señalar, además del marxismo, las aportaciones de los econometristas, del sociologismo francés, de Akerman, del estructuralismo latinoamericano y de J. L. Sampedro, fundador de la escuela estructuralista española.





Los econometristas enfocan la noción de estructura con un carácter formalista íntimamente vinculado a la teoría de los modelos. J. Tinbergen considera que por estructura económica debe entenderse «el mínimo de información sobre las constantes que es necesario conocer para resolver cierta clase de problemas económicos que se plantean en una economía determinada» (Des quelques problemas posés par le concept de estructure économique, «Rev. D’Économie Politique», vol. 62, 1952), aunque posteriormente amplía esta definición, de forma más correcta, al afirmar que «una estructura es un conjunto de características de cierta realidad unas expresadas matemáticamente y otras no, generalmente de carácter institucional o psicológica estas últimas, dotadas de cierta permanencia en el tiempo y que reflejan los datos contenidos en esa realidad y las relaciones que las ligan».

Leontief, que ha modernizado y hecho posible la aplicación de las ideas del Tableau Économique de Quesnay y del modelo matemático del equilibrio general de Walras, considera que la estructura económica aparece formalmente reflejada en una tabla input-output, a través de los coeficientes técnicos de producción de los distintos sectores en que divide la realidad estudiada, respondiendo el título de su principal obra, La estructura de la economía nortemericana, a este concepto.



Así como la mayoría de los autores anglosajones no han dedicado especial consideración al concepto de estructura económica, los economistas franceses, por el contrario, le han prestado una especial atención, con una fuerte influencia en numerosos especialistas, pero con un enfoque no muy adecuado, pues han complicado el análisis conceptual con una terminología rebuscada que más que aclarar las nociones las hace más confusas.

El conjunto de las distintas definiciones de los autores del sociologismo francés pueden agruparse en las que tienen una concepción estática y las dinámicas. 

Entre las primeras, la más conocida es la de F. Perroux, para quien la estructura económica es la ciencia que estudia «las proposiciones y relaciones que caracterizan un conjunto económico localizado en el tiempo y en el espacio» (Pour un approfondissement de la notion de structure, 1939; y, entre las dinámicas, una de las más importantes es la de A. Marchal, quien considera a la estructura económica como «los elementos de un conjunto económico que en un periodo determinado aparecen como relativamente estables en relación con otros elementos» (Méthode Scientifique et Science Économique, 1954).

A. Marchal se plantea la cuestión de cómo se puede delimitar el periodo a que se refiere su concepto, y considera que es la «toma de conciencia» la que establece los límites estructurales, criterio que él mismo reconoce es totalmente subjetivo y trata de complementarlo con otro criterio objetivo en base a la consideración del periodo y a la forma de las relaciones que le lleva a lo que denomina adaptación estructural.

J. Akerman enfoca la estructura desde un punto de vista dinámico, definiéndola como «la contextura que a corto plazo aparece como invariable», si bien, por la poca concreción de esta definición, considera preciso «establecer su significado y, especialmente, su relación con otros conceptos, tales como el de ciclos, fuerzas impulsoras micro y macroeconómicas».
    

ORIGEN de la teoría estructuralista.

Está vinculada a la aparición de la teoría del desarrollo como una profundización de sus implicancias, hasta el punto de conformar una teoría independiente luego de la segunda guerra mundial, y siguiendo la teoría del desarrollo clásica, que sostenía que los países iban avanzando a través de fases cada vez más evolucionadas de desarrollo económico (desde la economía agraria a la economía industrial de consumo masivo). Las naciones unidas crearon una serie de comisiones económicas para impulsar el desarrollo de los países no desarrollados.

Hay que señalar como pragmáticas las ideas de los estructuralistas LA, que, frente a la postura de los monetaristas, consideran que, sólo con una reforma profunda de las estructuras de los países Latinoamericanos, éstos pueden eliminar el subdesarrollo de sus economías.

Su concepto de estructura responde, así, más que a una preocupación epistemológica, a un sentido operativo, considerando O. Sunkel, que es «un conjunto de elementos u objetos relacionados entre sí por ciertas leyes (p. ej., la estructura económica será el resultado de la forma en que se articulan los recursos naturales, el capital, la mano de obra, la tecnología, los mecanismos de financiación, etc.)»   

Se llama ESTRUCTURALISMO en A.L. a la corriente económica que piensa que los problemas de los países de América Latina son consecuencias del funcionamiento del sistema económico capitalista, y para resolverlos se requieren cambios estructurales.

Los estructuralistas se interesan por el sistema económico en su conjunto, explicando la falta de desarrollo de la región por problemas estructurales y proponiendo ciertas reformas para cambiar la situación de los países de LA. 

Esta corriente se desarrolló sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los problemas de América Latina se agudizaban por el propio funcionamiento del sistema capitalista.

APORTACIONES

Max Weber, Renate Mayntz, Amitai Etzioni, Ralph Dahrendorf, Bronislaw Malinowski
Celso Furtado

BIBL.:
AKERMAN, J.  Teoría del industrialismo económico, Madrid 1968; 
Akerman, J. (1962). “Realismo de la teoría económica: Cuatro problemas metodológicos”. En
 P. Mayor, La economía en 1969. Aguilar.
R. BASTIDE, C. LÉVI-STRAUSS, Sentidos y usos del término estructura en las ciencias del hombre, Buenos Aires 1968;
O. LANGE, Introducción a la economía cibernética, México 1970;
H. MALAVÉ MATA, Aproximación a los conceptos de estructura, superestructura y sistema, «El trimestre Económico» XXXVII (2) 146, México abril-junio 1970;
 A. MARCHAL, Estructuras y sistemas económicos, Barcelona;
 R. PERPIÑÁ, De Estructura Económica y Economía Hispana, Madrid 1952; 1. PIAGET, El estructuralismo, Buenos Aires 1968;
 POUILLON y OTROS, Problemas del estructuralismo, México 1966;
 J. L. SAMPEDRO y R. MARTÍNEZ CORTIÑA, Estructura Económica. Teoría Básica y Estructura Mundial, 2 ed. Barcelona 1970;
 O. SUNKEL y P. PAZ, El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo, México 1970.
Marchal, Andre.  Estructuras y sistemas económicos. Barcelona : Ariel (1961)
Marchal, Andre. Metodología de la ciencia económica. Buenos Aires : El Ateneo (1958)