martes, 31 de julio de 2012

Fragmentos de Sir Bertrand Russell

Sir Bertrand Russell


Adjunto un texto de Sir Bertrand Russell que tiene plena actualidad para reflexionar sobre la Arquitectura
Publicado en urbanoperu el 17 Nov 2007 15:38:35 GMT.
Arquitectura y problemas sociales


La arquitectura, desde los tiempos más remotos, ha tenido dos propósitos: por una parte, el puramente utilitario de proporcionar calor y refugio; por otra, la finalidad política de inculcar una idea a la humanidad por medio del esplendor de su expresión en piedra. El primer propósito bastaba, por lo que se refiere a la morada de los pobres; pero los templos de los dioses y los palacios de los reyes fueron pensados para inspirar temor a los poderes celestiales y a sus favoritos en la tierra. En unos pocos casos no se glorificaba a monarcas individuales, sino a comunidades: la Acrópolis de Atenas y el Capitolio de Roma ponían de manifiesto la majestad imperial de aquellas orgullosas ciudades para edificación de súbditos y aliados. El mérito estético era considerado deseable en los edificios públicos y, más tarde, en los palacios de plutócratas y emperadores, pero no se tenía en cuenta en las chozas de los campesinos ni en las desvencijadas viviendas del proletariado urbano.

En el mundo medieval, a pesar de la mayor complejidad de la estructura social, el propósito artístico en arquitectura estaba igualmente restringido; en realidad, más todavía, ya que los castillos de los grandes se proyectaban con miras a la fortaleza militar, y si tenían alguna belleza era por accidente. No fue el feudalismo, sino la Iglesia y el comercio, lo que produjo la, mejor arquitectura de la Edad Media. Las catedrales exhibían la gloria de Dios y de sus obispos. 

Los comerciantes en lana de Inglaterra y los Países Bajos, que tuvieron a su servicio a los reyes de Inglaterra y a los duques de Borgoña, expresaban su orgullo en las espléndidas lonjas y edificaciones municipales de Flandes y, con menor magnificencia, en muchos mercados ingleses. Pero fue Italia, el lugar de nacimiento de la plutocracia moderna, la que llevó la arquitectura comercial a la perfección. Venecia, la novia del mar, la ciudad que desviaba cruzadas y que atemorizaba a los monarcas unidos de la cristiandad, creó un nuevo tipo de majestuosa belleza en los palacios del dux y los de los príncipes mercaderes. 

Contrariamente a los rústicos barones del norte, los magnates urbanos de Venecia y Génova no necesitaban soledad ni defensa, sino que vivían unos junto a otros, y creaban ciudades en las que todo lo visible para el extranjero no muy curioso era espléndido y estéticamente satisfactorio. En Venecia, especialmente, era fácil ocultar la miseria: los tugurios se hallaban ocultos y alejados, en callejones interiores, donde nunca los veían los ocupantes de las góndolas. Jamás, desde entonces, ha alcanzado la plutocracia un éxito. tan completo y perfecto.

En la Edad Media, la Iglesia no solamente construyó catedrales, sino también edificios de otra clase, más apropiados a nuestras necesidades modernas: abadías, monasterios, conventos y colegios. Estaban basados en una forma restringida de comunismo, y proyectados para una vida social pacífica. En esos edificios, todo lo individual era espartano y simple, y todo lo comunal, espléndido y espacioso. La humildad del simple monje quedaba satisfecha con una celda tosca y desnuda; el orgullo de la orden se exhibía en la gran magnificencia de naves, capillas y refectorios. En Inglaterra, de los monasterios y las abadías sobreviven principalmente ruinas para agradar a los turistas; pero los colegios, en Oxford y en Cambridge, todavía son parte de la vida nacional y conservan la belleza del comunalismo medieval.

Con la expansión del Renacimiento hacia el norte, los toscos barones de Francia e Inglaterra se dieron a trabajar para adquirir el refinamiento de los italianos ricos. Al tiempo que los Médicis casaban a sus hijas con reyes, los pintores, los poetas y los arquitectos al norte de los Alpes copiaban los modelos florentinos y los aristócratas reemplazaban sus castillos por mansiones campestres que, con su indefensión contra el asalto, señalaban la nueva seguridad de una nobleza cortesana y civilizada. Pero esta seguridad fue destruida por la Revolución francesa, y desde entonces los estilos arquitectónicos tradicionales han perdido su vitalidad. Persisten donde las viejas formas de poder persisten, como es el caso de las adiciones de Napoleón al Louvre; pero estas adiciones tienen una florida vulgaridad, que muestra su inseguridad. Parece tratar de olvidar la constante advertencia de su madre en mal francés: "Pourvou que cela dure...".

Hay dos formas típicas de arquitectura en el siglo XIX, debidas, respectivamente, a la producción maquinista y al individualismo democrático: de un lado, la fábrica, con sus chimeneas; -del otro, las hileras de minúsculas viviendas para las familias de la clase obrera. Mientras la fábrica representa la organización económica determinada por el industrialismo, las pequeñas casitas representan el aislamiento social a que aspira una población individualista. Donde el alto valor del suelo hace deseable la construcción de grandes edificios, éstos tienen una unidad meramente arquitectónica, no social; son bloques de oficinas, casas de apartamentos u hoteles cuyos ocupantes no forman una comunidad, como los monjes en un monasterio, sino que tratan, en todo lo posible, de permanecer ignorantes de la existencia de los demás. En Inglaterra, dondequiera que el valor del terreno no es demasiado elevado, el principio de una casa para cada familia se reafirma.

A medida que se entra por ferrocarril a Londres o a cualquier gran ciudad del norte, se pasa por calles sin fin, formadas por tales pequeñas viviendas, donde cada casa es un centro de vida individual, y la vida comunitaria es representada por la oficina, la fábrica o la mina, según la localidad. La vida social fuera de la familia, en tanto que la arquitectura pude asegurar tal resultado, es exclusivamente económica, y todas las necesidades sociales no económicas han de ser satisfechas dentro de la familia o verse frustradas. Si han de juzgarse los ideales sociales de una época por la calidad estética de su arquitectura, los cien últimos años representan el punto más bajo alcanzado hasta ahora por la humanidad.

La fábrica y las hileras de pequeñas casas que la rodean ilustran una curiosa inconsistencia de la vida moderna. En tanto que las condiciones de la producción la fueron convirtiendo en una cuestión de grupos cada vez más numerosos, nuestra actitud, en general, en todo lo que se considera ajeno a la esfera de lo político o de lo económico, ha tendido a hacerse cada vez más individualista. Esto es cierto no solamente en materias de arte o cultura, donde el culto a la expresión del yo ha conducido a una anárquica rebeldía contra toda clase de tradiciones o convenciones, sino también -quizá como una reacción contra la superpoblación- en la vida diaria del hombre corriente y más aún de la mujer corriente.

En la fábrica hay forzosamente vida social, lo que ha dado lugar a los sindicatos; pero en el hogar, cada familia desea aislamiento. "Vivo para mí misma", dicen las mujeres; y a sus maridos les gusta pensar en ellas sentadas en el hogar esperando el regreso del jefe de la casa. Estos sentimientos hacen que las esposas soporten, y aun prefieran, las pequeñas casas separadas, las pequeñas cocinas separadas, la monotonía de las las labores domésticas separadas y, mientras no están en el colegio, el cuidado separado de los niños. El trabajo es duro, la vida monótona y la mujer casi una prisionera en su propia casa; a pesar de todo, y aunque agota sus nervios, ella prefiere esto a una forma de vida más comunitaria, porque el aislamiento le procura la estimación de sí misma.

La preferencia por este tipo de arquitectura está en relación con la condición social de la mujer. A pesar del feminismo y del voto, la situación de las esposas, por lo menos en las clases trabajadoras, no ha cambiado. La esposa depende todavía de los ingresos del marido y no recibe salario aunque trabaje intensamente. Siendo profesionalmente un ama de casa, le gusta tener una casa que llevar. El deseo de hallar campo para la iniciativa personal, común a la mayor parte de los seres humanos, no se satisface para ella sino en el hogar. Al marido, por su parte, le gusta que su mujer trabaje para él y dependa económicamente de él; por añadidura, su mujer- y su casa satisfacen más su instinto de propiedad que cualquier tipo diferente de arquitectura. En cuanto a la posesividad conyugal, tanto al marido como a la esposa, aun cuando alguna vez sientan deseos de una vida más social, les alegra el que el otro tenga tan pocas ocasiones de encontrarse con miembros posiblemente peligrosos del sexo opuesto. Y así, aunque sus vidas se empequeñezcan y la de la mujer resulte innecesariamente penosa, ninguno de los dos desea una organización diferente de su existencia social.

Todo esto cambiaría si la regla, y no la excepción, fuese que las mujeres casadas se ganaran la vida trabajando fuera del hogar. En las clases profesionales hay ya bastantes esposas que ganan dinero con su trabajo independiente como para producir, en las grandes ciudades, cierto acercamiento a lo que sus circunstancias hacen deseable. Lo que tales mujeres necesitan es un apartamento con los servicios resueltos o una cocina comunitaria que las exima de la tarea de preparar comidas, y una guardería que se haga cargo de los niños durante sus horas de oficina. 

Convencionalmente, se supone que una mujer casada lamenta la necesidad de trabajar fuera de casa, y si al final de la jornada, tiene que realizar las labores de cualquier esposa que no tenga otra ocupación, es probable que recaiga sobre ella un considerable exceso de trabajo. Pero con un tipo de arquitectura apropiado, las mujeres podrían verse libres de la mayor parte del trabajo en la casa y en el cuidado de los niños, con ventaja para ellas, para sus maridos y para sus niños, y en este caso la sustitución de los tradicionales deberes de la esposa y de la madre por el trabajo profesional sería una ventaja evidente. Todo marido de una esposa a la antigua se convencería de esto si, durante una semana, intentase llevar a cabo las tareas de su mujer.

El trabajo de la esposa de un asalariado nunca se ha modernizado, porque no se paga; pero, en realidad, es en gran parte innecesario, y el grueso de la restante actividad podría repartiese entre diferentes especialistas. Pero para hacer esto, la primera reforma que se requiere es una reforma arquitectónica. El problema consiste en asegurar las mismas ventajas comunales que garantizaban los monasterios medievales, pero sin celibato; es decir, deberán preverse las necesidades de los niños.

Consideremos primero las desventajas innecesarias del sistema actual, en el que cada hogar de clase obrera es autárquico, tanto en la forma de una casa separada como en la de habitaciones en un bloque de viviendas.

Los mayores males recaen sobre los niños. Antes de la edad escolar, les falta sol y aire; su dieta es la que puede proporcionarles una madre pobre, ignorante, atareada e incapaz de confeccionar una clase de comida para los adultos y otra para los pequeños; éstos están molestando constantemente a su madre mientras guisa y hace su trabajo, de lo que resulta que la ponen nerviosa y reciben un trato áspero, tal vez alternado con caricias; nunca tienen libertad, ni espacio, ni un ambiente en el que sus actividades naturales sean inocuas. Esta combinación de circunstancias tiende a hacerlos raquíticos, neuróticos y sumisos.

Los males son también muy considerables para la madre. Tiene que combinar los deberes de una niñera, los de una cocinera y los de una sirvienta, funciones para ninguna de las cuales ha sido preparada; casi inevitablemente las realiza todas mal; siempre está cansada y encuentra en sus hijos un motivo de fastidio en lugar de una fuente de felicidad; su marido descansa cuando termina su trabajo, pero ella no descansa nunca; al final, casi inevitablemente, se vuelve irritable, mezquina y envidiosa.

Para el hombre son menores las desventajas, ya que permanece menos tiempo en casa. Pero cuando llega al hogar no está en disposición de disfrutar con los reniegos de la esposa o la "mala" conducta de los niños; probablemente acuse a su mujer, cuando debiera culpar a la arquitectura, con desagradables consecuencias, que varían según el grado de su brutalidad.

No digo, por supuesto, que todo esto sea universal; pero digo, sí, que cuando no es así, tiene que haber una excepcional cantidad de autodisciplina, de sabiduría y de vigor físico en la madre. Y es obvio que un sistema que requiere de los seres humanos cualidades excepcionales, solamente en casos excepcionales alcanzará buen éxito. La existencia de raros ejemplos en los que tales males no aparecen, no prueba nada en contra de la maldad de tal sistema.

Para acabar con todos estos inconvenientes simultáneamente, basta con introducir un elemento comunitario en la arquitectura. Las casitas separadas y los bloques de viviendas, cada una con su cocina, deberían ser derribados. En su lugar debería haber altos edificios en torno a un cuadrilátero central, con el lado sur más bajo, para que penetrara la luz del sol. Una cocina común, un espacioso salón comedor y otro salón para las distracciones, las reuniones y el cine. En el cuadrilátero central debería haber una guardería, construida de forma tal que los niños no pudieran hacer daño fácilmente, ni a sí mismos, ni a objetos frágiles: no debería haber escalones, ni chimeneas abiertas, ni estufas calientes al alcance de sus manos; los platos, copas y fuentes habrían de ser de material irrompible y, en general, debería evitarse en todo lo posible la presencia de aquellas cosas que obligan a decir "no" a los niños.

Durante el buen tiempo, la guardería podría funcionar al aire libre; durante el mal tiempo, excepto en el peor, en habitaciones abiertas al aire por un lado. Todas las comidas de los niños deberían tener lugar en la guardería que podría, en forma considerablemente económica, proporcionarles una dieta más completa que la que sus madres pueden darles. Desde el momento del destete hasta el de la escolarización, deberían pasar todo el tiempo, desde el desayuno hasta su última comida, en la guardería, donde habrían de tener oportunidad de distraerse, y el mínimo de vigilancia compatible con su seguridad.

Las ventajas para los niños serían enormes. Su salud se beneficiaría con el aire, el sol, el espacio y los buenos alimentos; su carácter se beneficiaría con la libertad y el alejamiento del clima de constante y malhumorada prohibición en que pasan sus primeros años la mayor parte de los asalariados. La libertad de movimientos, que solamente se puede permitir sin peligro a un niño rodeado por un ambiente especialmente dispuesto, podría concederse casi sin restricción en la guardería, con el resultado de que el espíritu de aventura y la capacidad muscular se desarrollarían en ellos naturalmente, como se desarrollan en otros animales jóvenes. La constante prohibición de movimientos a los niños pequeños es una fuente de descontento y de timidez en su vida posterior, pero es inevitable en tanto vivan en un medio adulto; la guardería, por tanto, sería tan beneficiosa para su carácter como para su salud.

Para las mujeres, las ventajas serían igualmente grandes. Tan pronto como sus hijos fuesen destetados, podrían entregarlos, durante todo el día, a mujeres especialmente preparadas para el cuidado de niños pequeños. No tendrían que preocuparse por comprar comida, guisarla y fregar. Podrían salir a trabajar por las mañanas y regresar por la tarde, como sus maridos; como sus maridos, podrían tener horas de trabajo y horas de ocio, en lugar de estar siempre ocupadas. Podrían ver a sus hijos por la mañana y por la tarde, durante el tiempo suficiente para el cultivo de los afectos, pero no para alterar sus nervios. 

Las mujeres que pasan todo el día con sus hijos, rara vez disponen de las reservas de energía necesarias para jugar con ellos; en general, los padres juegan con sus hijos mucho más que las madres. Aun el adulto más afectuoso tiene que encontrar cargantes a los niños si no encuentra un momento para descansar de sus clamorosas demandas de atención. Pero al final de una jornada que se ha pasado lejos de ellos, tanto la madre como los niños se sentirían más cariñosos de lo que es posible cuando han estado todo el día encerrados juntos. Los niños, físicamente cansados pero mentalmente en paz, gozarían de las atenciones personales de la madre después de la imparcialidad de las mujeres de la guardería. Sobreviviría lo bueno de la vida en familia, sin factores irritantes y destructores del cariño.

Tanto el hombre como la mujer evitarían el confinamiento en pequeñas habitaciones y la sordidez, asistiendo a grandes salas públicas, que podrían ser tan espléndidas arquitectó-nicamente como los paraninfos de las, universidades. La belleza y el espacio no tienen por qué continuar siendo prerrogativa de los ricos. Se pondría fin a la irritación que ocasiona el hacinamiento, y que tan a menudo hacen imposible la vida de familia.

Y todo esto sería la consecuencia de una reforma arquitectónica.

Robert Owen, hace más de cien años, fue grandemente ridiculizado por sus "paralelogramos cooperativos", que eran un intento de asegurar a los asalariados las ventajas de la vida en comunidad. Aunque la propuesta haya sido prematura en aquellos tiempos de agobiante pobreza, en muchos aspectos se acerca a lo que hoy resulta practicable y deseable. Él mismo llegó a establecer, en New Lanark, una guardería sobre principios muy sabios. Pero las especiales condiciones de New Lanark lo condujeron erróneamente a considerar sus "paralelogramos" como unidades productoras, no simplemente como lugares de residencia. 

El industrialismo tendió, desde el principio, a cargar excesivamente el acento sobre la producción v demasiado poco sobre el consumo y la vida diaria; ello la sido el resultado de la prioridad otorgada a los beneficios, que se asocian únicamente con la producción. La consecuencia es que la fábrica se ha hecho científica y ha llevado hasta el final la división del trabajo, mientras que el hogar ha permanecido acientífico v todavía acumula las más diversas labores sobre las espaldas de la sobrecargada madre. Es un resultado lógico del predominio del beneficio como meta, el que los más azarosos, desorganizados y por completo insatisfactorios aspectos de la actividad humana sean aquellos de los que no se espera ningún beneficio pecuniario.

Debe admitirse, sin embargo, que los más poderosos obstáculos a una reforma arquitectónica como la que he venido proponiendo se hallarán en la psicología de los mismos asalariados. Aunque puedan pelearse en él, la gente quiere el aislamiento del "hogar", y encuentra en él la satisfacción de su orgullo y de su sentido de la propiedad. Una vida comunitaria en el celibato, como la de los monasterios, no suscita el mismo problema; son el matrimonio y la familia los que introducen el instinto de lo íntimo. No creo que el cocinar en privado, más allá de lo que ocasionalmente pueda hacerse en un hornillo de gas, sea realmente necesario para satisfacer este instinto; creo que un apartamento privado con muebles propios sería suficiente para personas acostumbradas a él. Pero siempre es difícil cambiar hábitos íntimos.

El deseo de independencia de las mujeres, sin embargo, puede conducir gradualmente a que se ganen la vida fuera del hogar cada vez en mayor número, y esto, a su vez, puede llevar a que un sistema como el que he venido considerando les resulte apetecible. Al presente, el feminismo está todavía en un estadio temprano de su desarrollo entre las mujeres de la clase trabajadora, pero es probable que se incrementará, a menos que haya una reacción fascista. Quizá a su tiempo este motivo llegue a determinar la preferencia de las mujeres por la preparación comunitaria de alimentos y la guardería. No será de los hombres que surja un deseo de cambio. Los asalariados, aun cuando sean socialistas o comunistas, rara vez ven la necesidad de un cambio en la situación de sus mujeres.

Mientras el paro sea un mal grave y mientras la falta de comprensión de los problemas económicos sea casi universal, se condenará, naturalmente, el empleo de mujeres casadas como probable causa de que queden sin trabajo aquellos cuyos puestos garantizan las esposas que permanecen en su casa. Por esta razón, el problema de las mujeres casadas está estrechamente relacionado con el problema del paro, que probablemente sea insoluble sin un considerable avance en el camino al socialismo. En cualquier caso, no obstante, la construcción de "paralelogramos cooperativos" como los que he defendido, solamente será practicable en gran escala como parte de un gran movimiento socialista, ya que el beneficio como única finalidad nunca les dará lugar. 

La salud y el carácter de los niños, y los nervios de las esposas, deben continuar, por tanto sufriendo mientras el deseo de beneficio regule las actividades económicas. Algunas cosas pueden alcanzarse en la búsqueda de este objetivo, y otras no pueden alcanzarse; entre las que no se pueden alcanzar está el bienestar de las mujeres y los niños de la clase asalariada y -lo que puede parecer todavía más utópico- la belleza de los suburbios. Pero aunque demos la fealdad de los suburbios por supuesta, como los vientos de marzo y las nieblas de noviembre, no es, en realidad, igualmente inevitable. Si fuesen construidos por los municipios en lugar de serlo por empresas privadas, con calles planificadas y casas como salones de residencias, no hay razón para que no resulten un placer para los ojos. La fealdad, como la inquietud y la pobreza, es parte del precio que pagamos por ser esclavos de la meta del beneficio privado.

http://espanol.geocities.com/gruposer_cl/fragmentosdebrussell.htm obtenida el 17 Nov 2007 15:38:35 GMT.

domingo, 8 de julio de 2012

Adorno Theodor; Arte y política




Regreso a presentar esta información porque resulta nueva para muchos y el conocimiento no esta suficientemente difundido, por lo que considero útil recorrer nuevamente el camino con fines didácticos.

Theodor Wiesengrund Adorno (1903-1969) ha sido uno de los filósofos más influyentes del siglo XX. Perteneció a la primera generación de autores de la llamada Escuela de Frankfurt.

En 1944, cuando Max Horkheimer y Theodor W. Adorno publican en Nueva York Dialektik der Aufklärung [1] se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial en Europa y se vivía la época de los totalitarismos (fascismo y stalinismo).

En su obra El discurso filosófico de la Modernidad [2], Jürgen Habermas habla con razón de este libro de Adorno y Horkheimer como de “su libro más negro”, por su visible inspiración en “los escritores negros de la burguesía”. Habermas muestra que los máximos representantes de la llamada Escuela de Francfort llevan en este libro la crítica del pensamiento ilustrado a un punto máximo:  “Este es el paso que da la Dialektik der Aufklärung –autonomiza la crítica incluso contra los propios fundamentos de la crítica”. Entonces, “La crítica, al volverse contra la razón como fundamento de la validez de la crítica, se hace total”. La dialéctica de la crítica total es otro nombre para la dialéctica negativa adorniana.

Uno de los dos apéndices incluidos en Dialektik der Aufklärung trata de la Kulturindustrie, la Industria Cultural. En este texto, la crítica de la modernidad ilustrada se extiende al campo de las industrias ligadas a la difusión de la cultura apoyadas ahora en las nuevas tecnologías: la fotografía, la radio, el cine. Para Adorno, la industria cultural es un elemento más del universo totalitario fascista [3].

En su libro Después de la gran división, el crítico cultural alemán Andreas Huyssen[4] sostiene que  “... siempre que Adorno dice ´fascismo`, está diciendo también ´industria cultural`”. Esta apreciación se justifica en la medida que la descripción que en este texto se hace de la sociedad da cuenta de una construcción totalitaria articulada como un sistema en el que nada escapa a la lógica de la razón instrumental  tal como ya la venía caracterizando Max Weber.

Adorno accede al análisis de la sociedad y de la esfera política a través de un encaminamiento que parte de la filosofía del arte como consecuencia de su temprano interés por la música y la interpretación de su significado [5]. Esta particular posición permite al filósofo efectuar una síntesis inédita y precursora entre arte y política, así como entre cultura y sociedad. Las vinculaciones así establecidas le han permitido perfeccionar significativamente el esquema forjado por Marx en el que las relaciones entre “infraestructura” económica y “superestructura” jurídico-cultural se establecían de un manera poco dilucidada.

Para Adorno, los totalitarismos del siglo XX aparecen como configuraciones de estructuración continua en las que economía y sociedad, política y cultura se compenetran indisolublemente hasta constituirse en sistemas estáticos presididos por la conciencia reificada [6]  de las masas. Aquí el rol de la industria cultural y sus medios tecnológicos en constante perfeccionamiento es precisamente el de complementar la administración total de la sociedad con un método de reificación  de la conciencia  hasta suprimir toda posibilidad de escapatoria. Esta visión no es muy lejana a la que está contenida en la metáfora del “estuche de acero” que utilizara Weber refiriéndose al advenimiento de una sociedad totalmente administrada.



En relación a la obra de arte.
En el ámbito de la Estética el pensamiento de Adorno es insoslayable y constituye una expresión del pensamiento alemán del siglo XX. Adorno es un impulsor de las corrientes más fecundas del pensamiento filosófico y de la teoría social contemporáneas. Su pensamiento se extiende al campo de la Filosofía, las letras, la música, la teoría política y la teoría del arte.

En el pensamiento adorniano, el arte, y en particular la música, ocupa un singular lugar. La teoría estética de Adorno tiene fuertes imbricaciones con su teoría filosófica política y con su pensamiento filosófico en general.

Siguiendo ideas de Husserl, entra en contacto con la filosofía, y desarrolla su obra principal en la llamada Escuela de Frankfurt, pero su vocación musical nunca fue olvidada. Más de la mitad de sus obras tratan el tema de la música. Adorno empieza su labor en el arte cuando las Vanguardias artísticas entran a la escena en Europa.

En su obra inicial su preocupación por la relación entre música y pintura es importante. En este entrelazamiento de pintura y música, sugiere varios paralelismos, por ejemplo que ambos son lenguaje que hablan más claro en tanto es más elaborado.

Comienza así una crítica social a la llamada música popular y a la música imitativa. Su respuesta es que esto se debe a un plan para traicionar y atacar a la individualidad. Sostiene que este tipo de música es emisaria de la ideología del sistema dominante.
Por eso la relación de las artes como pintura y música no es con el fin de lograr la unidad del arte, sino para lograr su emancipación, su individualidad, la libertad plena de llegar a decir que los extremos se tocan.

El pensamiento de Adorno encuentra que la música y el arte convergen por medio de la estética en la filosofía. Para adorno, filosofar es tener conciencia del tiempo en que vivimos, plasmarlo y expresarlo.

Adorno cree que una definición del arte no debe basarse en las invariantes de éste a través del tiempo, sino que su concepto se encuentra en el mismo proceso dinámico que se produce en la historia. Su propuesta intenta captar cómo y por qué se modifica el arte. "El arte extrae su concepto de las cambiantes constelaciones históricas. Su concepto no puede definirse". Adorno describe por lo tanto una ley de desarrollo que es específica de la dimensión artística y marca una ruptura con otras esferas. 

El arte constituye en su teoría un ámbito separado del resto, que niega el mundo al que se enfrenta.
El presupuesto extra estético de Gadamer, que pone la naturaleza del hombre como fundamento de la experiencia del arte, y consecuentemente su modo de entender esta experiencia sin tener en cuenta las diferencias entre quien tiene un conocimiento acerca de la disciplina artística y quien no lo tiene, suponiendo que todos nos encontramos en pie de igualdad cuando nos enfrentamos con una obra de arte, no parece verificarse en nuestra experiencia cotidiana del mundo. Si Gadamer buscaba el conocimiento contenido en el fenómeno del arte, tal vez debiera haber tenido en cuenta la formación que se necesita para tener una experiencia estética, en lugar de enfatizar en el conocimiento que aporta el arte sobre nosotros mismos. [7].

Como piensa Bourdieu, sólo si al hombre que ignora todo sobre el arte se le dice que no comprende porque carece de cierta formación (e información) puede éste no sentirse discriminado frente a la aprobación general del arte.

Sin embargo, la eliminación de lo extra estético en el pensamiento de Adorno, también lo conduce a consecuencias indeseables. Me parece que considerar al arte como una esfera separada de una totalidad que se mueve conjuntamente es conferirle al arte un lugar endiosado que es lo realmente retrógrado. Creo que Adorno, contribuye sin saberlo a ello (esto me lo sugieren también sus exigencias respecto del arte, que revelan un "deber ser" de éste que colabora con la idea de que cumple una "misión trascendente") .

 [1] Libro que ha sido traducido al español como “Dialéctica del Iluminismo” , “Dialéctica de la Ilustración” o  también “Dialéctica de la Razón”.
[2] Jürgen Habermas El discurso filosófico de la modernidad, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A., Madrid 1991, Pg. 135
[3] Max Horkheimer – Theodor Adorno: La industria cultural, incluido en Industria cultural y sociedad de masas, Monte Avila Editores C.A.. Sin fecha de edición. Pg.177
[4] A. Huyssen: Después de la gran división, Adriana Hidalgo editora S.A. Buenos Aires 2002, Pg. 74
[5] Se puede decir que existe una filosofía de la música sólo a partir de Adorno.
[6] Del latín “re”, o cosa, reificación significa, esencialmente, cosificación; en el sentido en que Theodor Adorno, entre otros, afirmaba que la sociedad y la conciencia han sido casi completamente cosificadas. A través de este proceso, las prácticas y las relaciones humanas llegan a ser vistas como objetos externos. Lo que está vivo termina siendo tratado como una cosa inerte o abstracción. Se trata de un cambio de los acontecimientos que se experimenta como natural, normal, inmutable.
[7] Theodor W. Adorno, Teoría Estética, pp. 11, Editorial Taurus.
[8] Hans-Georg Gadamer, Verdad y Método, pp.143, Ediciones Sígueme.

Ver artículo mio: Max Horkheimer

Ver:  Beethoven. Filosofía de la música. (ed. akal, 2003). Los apuntes de Adorno sobre Beethoven. Daniel Martín Sáez

ver: Actualidad de la estética. Una lectura conservadora de Theodor Adorno. Guillermo Ricca
ver: Adorno Auschwitz, Arte. Reflexiones acerca de un veredicto

jueves, 21 de junio de 2012

ARETÉ

Nike alada de Samotracia, ca. 190 BC

Comparto información general sobre el concepto de ARETÉ que da razón al contenido de esta bitácora.

Es un término griego que procede del comparativo del adjetivo agathós, «bueno», que a su vez procede de la raíz aga- («lo mejor»), que se apoya en la partícula inseparable «ari-», indicadora de una idea de excelencia, que está en la base de aristos, el superlativo de distinguido y selecto, que en plural era utilizado para designar la nobleza o aristocracia).

Significa, originariamente, «excelencia o perfección de las personas o las cosas». En este sentido, los griegos de la época de Homero y de Hesíodo, y hasta el siglo IV a.C., hablaban de la areté como de una fuerza o una capacidad: el vigor y la salud son la areté del cuerpo, la sagacidad, la inteligencia y la previsión son areté del espíritu. Posteriormente, y debido a la influencia de Aristóteles, este término ha pasado a traducirse habitualmente por virtud.

La areté en Homero va ligada al valor en el combate y a la gloria militar. El hombre que posee areté es aquél que es digno de admiración y honor y, aunque quien poseía areté era agathós  (bueno), este concepto carecía todavía de valor moral.

 En la época de Solón, la areté se vincula con la ley y su cumplimento. Más adelante, vendrá a significar la excelencia o capacidad de cualquier cosa, persona o instrumento, para llevar a cabo la función a la que es destinado. De esta manera, podrá hablarse de la areté de un artesano, como sinónimo de experto en su quehacer.

En la época de los sofistas se considerará que para ser un buen ciudadano se requerían aptitudes políticas adecuadas, que ya no son solamente las relacionadas con el combate o con la antigua noción de la época homérica. Por ello, los sofistas se declaran maestros de areté, en el sentido de maestros para la convivencia en la polis, tal como lo pone de manifiesto Platón en el Menón (72a-c).

Platón mismo plantea en el Protágoras la cuestión de si es posible enseñar la areté, y sustenta, siguiendo el intelectualismo moral de Sócrates, que puede ser enseñada, si las virtudes tienen algo en común y si son conocimiento. En la República sostendrá que existen tres virtudes fundamentales: la prudencia, la fortaleza y la templanza (que se corresponden con las tres partes del alma), y que la armonía entre ellas engendra la justicia.

Por su parte, Aristóteles sustentará que la virtud es un estado del alma distinto, pues, de las pasiones y de las facultades, y se alcanza por medio de la ética, ya que son cuestión de práctica o de hábito (ver justo medio). Para los estoicos la areté, entendida como apatía y autarquía, es el único bien real.

En su forma más general, para algunos sofistas la areté es la "excelencia" o prominencia en el cultivo de la elocuencia; la raíz etimológica del término es la misma que la de αριστος (aristónt, 'mejor'), que designa el cumplimiento acabado del propósito o función.

Es un concepto que implica un conjunto de cualidades cívicas, morales e intelectuales.[1]

Según Hipias el fin de la enseñanza era lograr la "areté", que significa capacitación para pensar, para hablar y para obrar con éxito. La excelencia política ("ciudadana") de los griegos consistía en el cultivo de tres virtudes específicas: andreia (Valentía), sofrosine (Moderación o equilibrio) y dicaiosine (Justicia): estas virtudes formaban un ciudadano relevante, útil y perfecto.

A estas virtudes añadió luego Platón una cuarta, la Prudencia, con lo que dio lugar a las llamadas Virtudes cardinales: la prudencia, la fortaleza y la templanza se corresponderían con las tres partes del alma, y la armonía entre ellas engendraría la cuarta, la justicia. En cierto modo, la areté griega sería equivalente a la virtus, dignidad, honor u hombría de bien romana.

En la Grecia antigua podía hablarse indistintamente de la areté de un soldado, de un toro o de un navío, aunque su uso para los objetos inanimados es raro. Sin embargo, desde la Época Arcaica estuvo vinculado especialmente a la posesión de las virtudes, en especial la valentía y la destreza en el combate.


Escultura de Areté en Éfeso.  Biblioteca de Celso


Para los primeros griegos guerreros de hace más de tres mil años el único camino era mediante hazañas en la batalla. El ejemplo clásico es Aquiles, quien prefiere morir en combate antes que cualquier otra forma de vida. Los griegos tenían mucho miedo al destino. El destino podía impedirles de forma inmediata alcanzar la areté. Por ejemplo, un accidente, nacer ciego, o nacer mujer imposibilitaba para conseguir hazañas en la batalla.

También la areté se relaciona con la astucia. En las obras de Hesíodo y Homero; cuando en la Ilíada, Agamenón alaba a Penélope, lo hace en atención a la cooperación de ésta con los propósitos de Ulises.

Hacia la época clásica —sobre todos los siglos V y IV a. C.— el significado de areté se aproximó a lo que hoy se considera virtud, fundamentalmente a través de la obra de Aristóteles, en general, incluyendo rasgos como la μεγαλοψυχια (megalopsyjía, 'magnanimidad'), la σοφροσυνη (sofrosyne, 'templanza') o la δικαιοσυνη (dikaiosyne, 'justicia').

 La adquisición de la areté era el eje de la educación (παιδεια, paideia) del joven griego para convertirse en un hombre ciudadano, siguiendo el ideal expuesto por Isócrates. Huellas de la concepción más restringida de la era arcaica se pueden ver en el énfasis puesto en la disciplina y dominio del cuerpo mediante la gimnasia, una de las actividades principales, y la lucha, pero una formación acabada incluía también las artes de la oratoria, la música y —eventualmente— la filosofía.

Si bien la posesión de la areté seguía mayormente restringida a los varones de la nobleza —llamados por lo general αριστοι, aristoi, "los buenos"—, a quienes estaba reservada la concurrencia a los gymnasia, el análisis de los filósofos elaboró una sofisticada teoría de las facultades espirituales.

 Tanto Platón como Aristóteles harían de la areté uno de los conceptos centrales de su doctrina ética. El Menón, diálogo platónico que marca el pasaje de los diálogos mayéuticos a los diálogos metafísicos, se centra precisamente en el problema de si es posible hacer una ciencia de la areté.

 1.   Schrader, Carlos, Historia de Heródoto, Libros III-IV, traducción y notas, Madrid: Editorial Gredos, primera reimpresión, 1986.

jueves, 7 de junio de 2012

El Liberalismo político de John Rawls

Notas de Percy Acuña Vigil:

John Rawls

John Rawls ha sido y sigue siendo uno de los mayores representantes de la filosofía moral y política de los EE.UU. Su  Magnum opus es Teoría de la justicia, y su revisión en Liberalismo político, es obra que considero tiene lecciones de importancia y de actualidad incluso cuatro décadas después de publicada
    Para Habermas, Rawls devolvió a las cuestiones morales el estatus de objetos serios de investigación filosófica. Por su parte, Michelangelo Bovero ubica a Rawls, junto con Habermas, entre los pensadores que afirman la continuidad de la razón occidental. Para Jon Elster Teoría de la justicia es la obra de filosofía moral y política más importante del siglo, en tanto Robert Nozick la considera un trabajo  importante dentro de la filosofía política y la filosofía moral como no se había visto otro igual cuando menos desde los escritos de John Stuart Mill.
    Comparto la visión que sostiene que, luego de Teoría de la justicia, los filósofos políticos debían trabajar según la teoría de Rawls o bien explicar por qué no lo hacen. Al respecto dentro de las innumerables reseñas y revisiones que se ha formulado al libro, p.e. la de Michael Walzer en Las esferas de la justicia ponen a esta obra en contexto y al darle realidad permiten un punto de vista más plural.
    En la década de 1980, Rawls comienza a repensar su aceptación de aspectos fundamentales de la visión kantiana, y se inclina a considerar a la persona a partir de la cultura política de la sociedad liberal democrática en la que vive. (Constructivismo político).
    En Liberalismo político John Rawls ( 1980) sin abandonar a Kant, se acerca a Hegel,  aquí el autor hace precisiones para resolver ambigüedades propias de su Teoría de la justicia escrita en 1971. Dos ideas son especialmente representativas de dicho giro: la idea de un consenso traslapado  y la idea de la razón pública .

En este escrito se presenta notas referidas al cuarto capítulo del liberalismo político: El consenso traslapado.
 
Rawls organiza su discurso en este capítulo en base a los siguientes puntos:
1.    La idea de un consenso traslapado.
2.    La cuestión de la Estabilidad
3.    La idea de un consenso traslapado
4.    Que implica indiferencia o escepticismo
5.    Una concepción política no requiere ser comprensiva
6.    Pasos hacia el consenso constitucional
7.    Pasos hacia el consenso traslapado
8.    La concepción y las doctrinas.

1.1  La idea de un consenso traslapado.
Rawls plantea la pregunta ¿Cómo es posible que unas doctrinas comprensivas profundamente opuestas entre sí, aunque razonables, puedan convivir y afirmen toda la concepción política de un régimen constitucional?
    El autor afirma que ninguna doctrina comprensiva es apropiada para un régimen constitucional, pero que esto no significa que los liberalismos de Kant y de Mill no sean doctrinas razonables sino que son dos puntos de vista filosóficos que afirmaron la democracia constitucional moderna.
    Plantea que la relación política en un régimen Constitucional tiene dos características: Que es una relación de personas y que el poder político es siempre coercitivo. Las implicancias de estas dos características suscitan la legitimidad de la estructura general de la autoridad a la que está vinculada la idea de la razón pública. El liberalismo se legitima en concordancia con una constitución y con una concepción de la justicia que todos razonablemente suscriben.
    Para Rawls el liberalismo político en un régimen constitucional bien ordenado tiene dos puntos centrales en relación a cuestiones de los elementos constitucionales esenciales y en materia de justicia básica:
     Expresa que estas cuestiones se resuelven apelando a los valores políticos. Los valores políticos expresados por sus principios e ideales tienen suficiente peso sobre todos los demás valores. Donde hay pluralidad de doctrinas es irrazonable utilizar las sanciones del propio Estado para corregir o sancionar.
   El autor se pregunta ¿Cómo es posible el Liberalismo Político?, para responderla argumenta que los valores políticos  rigen el marco básico de la vida social y son valores altos por lo que son difícilmente superables y especifican los términos fundamentales de la cooperación política y social.
    Afirma que en la justicia como imparcialidad los valores de la justicia se expresan en los principios de la justicia tales como la libertad equitativa en lo político y en lo social, la igualdad de oportunidades, las bases sociales del mutuo respeto entre ciudadanos.
    Sostiene que el Liberalismo Político presenta una explicación de estos valores como los del dominio político, por lo tanto como un punto de vista no impuesto. Y que existen muchas maneras razonables en que se puede entender el dominio de los valores, para que sea congruente con los valores apropiados de lo político. Para el autor esta pluralidad de doctrinas comprensivas no irracionales hace posible el surgimiento de un consenso traslapado, que reduce el conflicto entre valores políticos y los de otra índole.

2.  La cuestión de la Estabilidad.
Rawls argumenta que la justicia como imparcialidad se representa en dos etapas: Como concepción política con sus principios y sus ideales y como justicia imparcial estable. Para el autor esto implica dos cuestiones: si las personas adquieren un sentido apropiado de la justicia, y si la concepción política puede ser foco de un consenso traslapado. La primera se resuelve con psicología moral y la segunda con la idea de un consenso traslapado.
    Maneras en que una concepción política puede relacionarse con la Estabilidad:
•    Como una característica puramente práctica: Elaborando una concepción que parezca firme o razonable y convenciendo o empleando medios de persuasión
•    Dependiendo de la clase de estabilidad, de acuerdo a la Naturaleza de las fuerzas que la consolidan y del Sentido de justicia de los ciudadanos.
   Para Rawls la clase de estabilidad necesaria para la justicia como imparcialidad se fundamenta en que es un punto de vista político  liberal que esta dirigido a que lo acepten todos los ciudadanos razonables y racionales así como libres  e iguales.

3.  La idea de un consenso traslapado:
Consiste en una búsqueda de un consenso de doctrinas comprensivas razonables. Para el autor el hecho decisivo es que es un Pluralismo razonable, y que la justicia como imparcialidad es un punto de vista libre que expresa una concepción política de la justicia.
    Bajo esta perspectiva distinta a la de Teoría de la Justicia, los principales conceptos de la justicia como imparcialidad son redefinidos como parte de una concepción política de la justicia y no de una doctrina comprensiva que supone una cosmovisión moral de carácter más general.
    La conclusión fundamental de Liberalismo político es, que la justicia como imparcialidad debe entenderse en estos términos: como una concepción política de la justicia y no como una doctrina moral comprensiva. Y la justicia como imparcialidad de esta manera construida puede, según Rawls, alcanzar el asentimiento de una pluralidad de doctrinas comprensivas, con lo que puede ser el foco de un consenso moral traslapado entre personas que, además de tener distintas y contrapuestas visiones morales, filosóficas o religiosas, suscriben una misma concepción de la justicia como base pública de justificación para dirimir sus controversias y situaciones conflictivas.

Objeciones a la idea de un consenso traslapado
 Que es un modus vivendi.
Para sustentar que no es un modus vivendi  Rawls emplea tres puntos de vista:
    a. El principio de tolerancia
   b. La afirmación de  la doctrina de Kant o la de Mill
   c. El principio pluralista
En base a estos puntos de vista Rawls explica que un Consenso traslapado no es un modus vivendi porque el objeto moral y los fundamentos morales conectados con la estabilidad hacen que todos elaboren  su propio punto de vista comprensivo.
    Sostiene que la profundidad de un Consenso traslapado llega hasta las ideas fundamentales y supone un acuerdo profundo. Su amplitud abarca los principios y los valores de la concepción política. En cuanto a su especificidad se aplica a la estructura básica en su conjunto. Estos puntos le sirven para sustentar que esta concepción de la justicia política es profunda y amplia.

4.   Que implica indiferencia o escepticismo
En cuanto a si una concepción política de la justicia pueda ser verdadera Rawls sostiene que se trata de no afirmar ni negar cualquier punto de vista comprensivo particular o su teoría de la verdad asociada y su escala de valores.
    Que se recurre a las ideas fundamentales que se comparte en la cultura política; de este modo los ciudadanos pueden considerar la concepción política de la justicia tanto como lo permitan los puntos de vista que sostengan.
    Sostiene que si hay puntos de controversia, se considera que es lo normal en todo asunto político, y que sólo se recurre al punto de vista comprensivo de lo que se considera necesario o útil para lograr el objetivo político del consenso.
    De este modo Rawls considera respetar hasta donde sea posible los límites de la razón pública, y que aplicar los principios de la tolerancia a la filosofía misma es aceptar que los ciudadanos mismos resuelvan las cuestiones religiosas y morales en concordancia con sus propios puntos de vista.

5.  Una concepción política no requiere ser comprensiva
Se objeta que si no es un modus vivendi entonces una concepción política viable debe ser general y comprensiva. La objeción concluye sosteniendo que es utópica cualquier concepción política de la justicia fuera de una doctrina comprensiva.
     Rawls sostiene al respecto que la concepción política puede considerarse parte de una doctrina comprensiva pero no constituye una consecuencia de los valores no políticos de dicha doctrina. En este sentido los ciudadanos que sostienen una doctrina parcialmente comprensiva una vez que están aseguradas las garantías constitucionales no piensan que haya conflicto de valores que justifiquen oponerse a la concepción política en conjunto.
    Argumenta que una concepción política no es sino un marco de referencia para la reflexión que ayuda a lograr el acuerdo político y que consecuentemente estos ciudadanos consideran que la concepción política misma es suficiente y no necesitan más comprensión política que esta.
    Rawls explica que un pluralismo razonable quita de la agenda política las cuestiones conflictivas y que cuando se sostiene una concepción política de la justicia esta se convierte en un valioso bien público y es parte del capital político de la sociedad.
    De este modo cuando un consenso traslapado sostiene a la concepción política esta no se considera incompatible con los valores básicos de índole religiosa, filosófica y moral. Para Rawls lo que permite soslayar la dependencia de doctrinas generales y comprensivas son dos cosas: el papel fundamental de los valores políticos y el acuerdo inclusivo entre valores políticos y otros valores, lo cual se considera un razonable consenso traslapado.

6.  Pasos hacia el consenso constitucional. 
Se argumenta que un consenso traslapado resulta utópico y que no existen suficientes fuerzas políticas para lograrlo ni para que sea estable. Frente a esto Rawls sostiene que la primera objeción termina cuando se logra un consenso constitucional y la segunda finaliza al lograrse el consenso traslapado.  Explica que cuando los principios liberales regulan efectivamente las instituciones políticas básicas, logran satisfacer tres requisitos de un consenso constitucional estable
    Primero: Dado el hecho de un pluralismo razonable los principios liberales cumplen con los requisitos políticos urgentes para fijar el contenido de ciertos derechos y libertades políticas básicas.
    Segundo: Está relacionado con la clase de razón publica que implica la aplicación de los principios liberales de la justicia.
    Tercero: Depende del éxito que logren los dos requisitos anteriores.
En conclusión Rawls postula que en la primera etapa del consenso constitucional los principios liberales de la justicia tienden a cambiar las doctrinas comprensivas de los ciudadanos, de manera que puedan aceptar los principios de una constitución liberal.

7. Pasos hacia el consenso traslapado.
Rawls sostiene que para que un consenso traslapado sea profundo es necesario que sus principios e ideales políticos estén fundamentados en una concepción política de la justicia que utilice las ideas de la sociedad y de la persona según la justicia como imparcialidad.   
    Respecto a las fuerzas que impulsan un consenso constitucional en cuanto a su profundidad sostiene la necesidad de que los grupos políticos al participar en los debates formulan concepciones políticas de la justicia las cuales suministran la moneda común de los debates y una base que explica el significado y las implicancias de los principios y políticas de cada grupo.
    Sostiene que estos debates obligan a elaborar concepciones políticas con ideas fundamentales. Extiende este rol también a los jueces y funcionarios a fin de que elaboren concepciones de la justicia a fin de interpretar la constitución y resolver los casos de su competencia.
    En cuanto a su amplitud incluye principios que abarcan toda la estructura básica de un consenso constitucional que los grupos políticos tenderán a desarrollar.
    Su  especificidad es que su foco es una concepción política específica de la justicia que tiene a la justicia como imparcialidad como norma. Para esto sostiene deben satisfacerse las siguientes dos condiciones: que esté basada en más ideas fundamentales centrales y que sea estable en vista de los intereses que la apoyan.

8. ¿Cómo se relacionan la concepción y las doctrinas?
El autor argumenta que habiendo distinguido entre el Consenso traslapado y el modus vivendi, se ha visto que en el primero la concepción política es afirmada y tratada como una concepción moral y que los ciudadanos actúan conforme con fundamento en ideas morales.
    También expone que se ha expuesto los fundamentos de la tesis del liberalismo político: primero, que los valores de lo político son importantes y no superables, y segundo, que existen muchas doctrinas comprensivas razonables que entienden el dominio de los valores como congruente con los valores políticos
    Rawls sostiene que los dos fundamentos que emplea aseguran la base de la razón pública, pues implican que las cuestiones políticas fundamentales pueden dirimirse recurriendo a valores políticos expresados por la concepción política que se suscribe mediante el consenso traslapado.
   Sostiene que un equilibrio de razones es la base del respeto de los ciudadanos a los límites de la razón pública.
    Para demostrar que no es necesaria la intervención de un compromiso al respecto ilustra las diversas maneras en que una concepción política se relaciona con las doctrinas comprensivas refiriéndose al caso de un modelo de un consenso traslapado. Se refiere al punto de vista de la filosofía moral de Kant, al de Bentham y Sidgwick, y al de una explicación pluralista.
    Concluye en que en el Consenso traslapado la aceptación de la concepción política no es un compromiso, sino que se fundamenta en la totalidad de las razones especificadas en la doctrina comprensiva que profesa cada ciudadano.
    Sostiene que al relacionarse el papel que desempeña una concepción política con el hecho del pluralismo razonable, y con lo que es esencial para una base compartida de la razón pública las objeciones que se han formulado se consideran inválidas.
    Reitera que la demostración de cómo es posible el liberalismo político se encuentra en mostrar la posibilidad de un consenso traslapado en una sociedad con una tradición democrática caracterizada por el hecho del pluralismo razonable.
Coda
    La revisión de este capítulo fundamental muestra que La teoría de la justicia como imparcialidad depende ahora, en gran medida, de las ideas y valores propios de una tradición política particular, con lo que se dejan de lado importantes consecuencias normativas del enfoque kantiano en el que pretendía estar inspirada inicialmente.
   Dentro de las innumerables reseñas y revisiones que se ha formulado al libro, p.e. la de Michael Walzer en Las esferas de la justicia ponen a esta obra en contexto y al darle realidad permiten un punto de vista más plural.
    En este capítulo es evidente la diferencia, la distinción y el vínculo entre filosofía moral (el enfoque que Rawls adscribe a Teoría de la justicia) y filosofía política (de Liberalismo político)

Miraflores, PAV/07.06.12

sábado, 19 de mayo de 2012

Giorgio Agamben: La importancia de los términos.

Giorgio Agamben


Giorgio Agamben (Roma, 1942)
Es un filósofo italiano, doctorado en la Universidad de Roma con una tesis sobre el pensamiento político de Simone Weil. Es actualmente una de las principales figuras de la filosofia italiana y en la teoría política radical , y en los últimos años, su obra ha tenido un profundo impacto en los medios académicos contemporáneos y en una serie de disciplinas en el mundo intelectual. Fue alumno de Martin Heidegger entre 1966 y 1968. Agamben realizo estudios en Derecho y Filosofía, y participó en seminarios de Martin Heidegger sobre Hegel y Heráclito como becario postdoctoral. Es profesor de Filosofía en la Universidad de Verona, Italia, en el Collège International de Philosophie de París y en la Universidad de Macerata en Italia; profesor de Iconografía en el Instituto universitario de Venecia. Ha tenido a su cargo la edición de la versión italiana de la obra de Walter Benjamin.

Estado de excepción

State of Exception (2005)
En este libro, Agamben describe el concepto de "estado de excepción" (Ausnahmezustand) utilizado por Carl Schmitt al modo de la justitium y auctoritas romana. Esto lo lleva a una respuesta a la definición de soberanía  de Carl Schmitt,  como el poder de proclamar el estado de emergencia.
El  texto del Estado de Excepción de Giorgio Agamben investiga el aumento de las estructuras de poder  que los gobiernos emplean supuestamente en tiempos de crisis. Dentro de estos tiempos de crisis, Agamben se refiere a una mayor extensión del poder como los estados de excepción, donde las cuestiones sobre la ciudadanía y los derechos de la persona pueden ser reducidas, y rechazadas ó sustituidas en el proceso de reclamar la ampliación de poder por un gobierno. Agamben analiza el efecto del estado de excepción en la persona mirando las ideas de bios y zoe

Notas sobre el estado de emergencia

State of Exception (2005)

Adjunto el reporte de Brett Neilson sobre el reciente libro de Agamben, todavia no traducido. Entre otras cosas el informe ilumina la problematica Schmitiana sobre el estado de ecepción en el dialogo Schmitt- Benjamin, destacando porque esta condición jurídico política  se mantiene util como objeto de critica para pensar muchas de las crisis en la "guerra de la sociedad civil".


Entrevista con Giorgio Agamben:  Life, A Work of Art Without an Author: The State of Exception, the Administration of Disorder and Private Life

Este artículo del blog de miquelbuesa ilustra el tema tratado por Agamben:

...A esta forma de gobernar se la puede calificar como una forma singular de estado de excepción. El estado de excepción es, como ha destacado Giorgio Agamben, «es un espacio vacío de derecho, una zona de anomia en la que todas las determinaciones jurídicas son desactivadas». Heredero del iustitium contemplado por el viejo derecho romano, su finalidad básica ha sido siempre la de preservar la existencia misma del ordenamiento que se suspende, pues se concibe como la respuesta extrema del poder estatal a los conflictos que ponen en cuestión supervivencia del Estado. En efecto, remontándonos a la tradición antigua, se puede señalar que, cuando advertía una situación de peligro para la República, el Senado de Roma solicitaba a los cónsules la adopción de las medidas necesarias para salvarla. Los senadores —investidos de la auctoritas, de la prerrogativa de suspender las leyes— declaraban así el tumultus, constatando la situación de emergencia que justificaba la proclamación del iustitium edicere que interrumpía la vigencia del derecho. 

El artículo completo en el link al Blog de la referencia

Adjunto algunos links con información de base sobre las referencias mencionadas por Agamben:
Referencia a Hegel
Link informativo con datos sobre Heráclito
Datos básicos sobre Simone Weil:
Datos básicos sobre Walter Benjamin:

Referencias a los términos Bios y zoe:
Bios y Zoe 3
Qué es un dispositivo 


La fuente griega: Simone Weil
En cada uno de los dramas de Sófocles, el personaje principal es un ser valiente y altivo que lucha completamente solo contra una situación intolerablemente dolorosa; se inclina bajo el peso de la soledad, de la miseria, de la humillación, de la injusticia, por momentos su coraje se quiebra; pero se mantiene firme y jamás deja que la desgracia lo degrade. Así, esos dramas, aunque dolorosos, no dejan nunca una impresión de tristeza. Más bien se guarda una impresión de serenidad.

Para terminar este post compartamos esta buena idea musical:

miércoles, 15 de febrero de 2012

Bios y Zoé. Revisión

Antes, había dos universos que no necesariamente se tocaban. La casa, el espacio para desplegar la vida propia e íntima según el antojo de cada uno. Y la Plaza Pública, el sitio en el que se dirimían los asuntos políticos.
  
 Los antiguos griegos para referirse a la vida empleaban los terminos: “Bios” y “Zoe”. Bios se refería a  la vida de un individuo, por lo que se asociaba a su tiempo de existencia. Zoe, en cambio, era La Vida en general, considerada como fenómeno extra-temporal, como vida eterna indiferenciada, que existe más allá de los individuos.

   En el nuevo testamento la biblia  utiliza diversos terminos griegos para traducir la palabra vida , Bios y Zoé, que se refieren a dos tipos de vida: una natural y otra espiritual respectivamente. Biblicamente la vida "bios se refiere a la vida natural, biológica que tienen los seres humanos, comienza al necer y termina al morir. En los seres humanos o incluso en los animales la vida Bios es la existencia que se limita a satisfacer las necesidades físicas y almáticas (Mr. 12: 43-44).


 ... Αλλά στη φτώχεια της, έδωσε όλα όσα είχε να ζήσει.


   La vida "Zoé" es la vida que Dios tiene en si mismo y que ha sido manifestada por medio de su hijo Jesucristo al mundo para que todo aquel que cree en El no se pierda sino que tenga vida eterna. (Jn 1:2; Jn 5:26; 3:15-16; 10:10)


ο  υιος  του ανθρώπου πρέπει να υψωθεί, ότι όποιος πιστεύει σ 'αυτόν να έχει αιώνια ζωή
Για όσο ο Πατέρας έχει ζωή μέσα του, έτσι έχων έκανε ο γιος έχει ζωή από μόνο του

   En términos filosóficos, el pensador Giorgio Agamben lo dice de ésta manera: los griegos diferenciaban bios y zoe.


Bios hace referencia a la manera de vivir propia de un individuo o de un grupo al estilo que le es propio; zoe, en cambio, al hecho de vivir común a todos los vivientes. Y los griegos distinguían el espacio propio de cada una de estas vidas: mientras la casa era el lugar propio de la zoe, la polis lo era del bios”.






El pensador italiano Maurizio Lazzarato en el escrito Del biopoder a la biopolítica señala que Michel Foucault, a través del concepto de biopolítica, nos había anunciado desde los años setenta lo que hoy día va haciéndose evidente: la "vida" y lo "viviente" son los retos de las nuevas luchas políticas y de las nuevas estrategias económicas.
   
Nos dice que desde el siglo XVIII, los dispositivos de poder y de saber tienen en cuenta los "procesos de la vida" y la posibilidad de controlarlos y modificarlos. "El hombre occidental aprende poco a poco lo que significa ser una especie viviente en un mundo viviente, tener un cuerpo, condiciones de existencia, probabilidades de vida, una salud individual y colectiva, fuerzas que se pueden modificar..."  [Michel Foucault, La volonté de savoir, p.187.]

  Sostiene que la vida y lo viviente, que la especie y sus condiciones de producción se hayan convertido en los retos de las luchas políticas constituye una novedad radical en la historia de la humanidad.


"Durante miles de años, el hombre ha permanecido siendo lo que era ya para Aristóteles: un animal vivo y, además, capaz de una existencia política; el hombre moderno es un animal en la política cuya vida, en tanto que ser vivo, está en cuestión". [Ídem, p. 188.]


Explica que los trabajos de Foucault no estaban sino indirectamente orientados en la descripción de estos nuevos biopoderes. Si el poder toma la vida como objeto de su ejercicio, Foucault está interesado en determinar lo que en la vida le resiste y, al resistírsele, crea formas de subjetivación y formas de vida que escapa a los biopoderes. Definir las condiciones de un nuevo "proceso de creación política, confiscado desde el siglo XIX por las grandes instituciones políticas y los grandes partidos políticos", me parece ser el hilo rojo que atraviesa toda la reflexión de Foucault. En efecto, la introducción de la "vida en la historia" es positivamente interpretada por Foucault como una posibilidad de concebir una nueva ontología que parte del cuerpo y de sus potencias para pensar el "sujeto político como un sujeto ético", contra la tradición del pensamiento occidental que lo piensa exclusivamente bajo la forma del "sujeto de derecho."
   
Argumenta que Foucault interroga al poder, sus dispositivos y sus prácticas, no ya a partir de una teoría de la obediencia y sus formas de legitimación, sino a partir de la "libertad" y de la "capacidad de transformación" que todo "ejercicio de poder" implica. La nueva ontología que la introducción de la "vida en la historia" afirma, permite a Foucault "hacer valer la libertad del sujeto" en la constitución de la relación consigo y en la constitución de la relación con los otros, lo que es, para él, la "materia misma de la ética." Habermas y los filósofos del Estado de derecho no se han equivocado al tomar el pensamiento de Foucault como un blanco privilegiado, ya que representa una alternativa radical a una ética transcendental de la comunicación y de los derechos del hombre.


Giorgio Agamben: Homo Sacer



   Recientemente Giorgio Agamben, en un libro que se inscribe explícitamente en las búsquedas emprendidas alrededor del concepto de biopolítica, afirma que la distinción entre la vida y la política que los antiguos establecían entre zoé y bios, entre vida natural y vida política, entre el hombre como simple viviente que tenía su lugar de expresión en la casa y el hombre como sujeto político que tenía su lugar de expresión en la polis, de esta distinción, "nosotros no sabemos nada."
  
 Como en Foucault, la introducción de la zoé en la esfera de la polis constituye el acontecimiento decisivo de la modernidad, que marca una transformación radical de las categorías políticas y filosóficas del pensamiento clásico. Pero esta imposibilidad de distinguir entre zoé y bios, entre el hombre como simple viviente y el hombre como sujeto político, ¿es el producto de la acción del poder soberano, o es el resultado de la acción de las nuevas fuerzas sobre las cuales el poder soberano no tiene "ninguna influencia"? La respuesta de Agamben es muy ambigua y oscila continuamente entre estas dos alternativas. 

Totalmente diferente es la respuesta de Foucault: la biopolítica es la forma de gobierno de una nueva dinámica de las fuerzas que expresan entre ellas relaciones de poder que el mundo clásico no conocía.

Maurizio Lazzarato

Agamben frente a Foucault y Arendt :Dr. Adriano Correia - Universidad Federal de Goiás, Brasil