lunes, 14 de julio de 2014

VALORES EN LA EDUCACIÓN



VALORES EN LA EDUCACIÓN




Este escrito tirene por objeto establecer una base de reflexión para el inicio de mis clases, y compartir los valores que tengo como referencia.
El punto de partida para tratar el tema de los valores en la educación parte de la aceptación de que los cuatro actores pertinentes de la educación: padres, alumnos, profesores y autoridades están implicados y coordinados bajo dos directrices, la competencia y la integración, para la síntesis de una eficiente sociedad.

   En este contexto la estructura final del sistema educativo debería posibilitar ciudadanos que luchen para ser los mejores en todos los ámbitos de la educación y que sienten la necesidad de encajar y tener éxito en su función grupal como la mayor de sus obligaciones.


Con estas premisas considero que:

  •    Los valores en la educación requieren superponer las expectativas, metas y objetivos de la sociedad misma antes que los de los individuos.
  •    La diligencia, la auto-crítica y la buena organización en los hábitos de estudio, al igual que la perseverancia y el trabajo duro llevarán al éxito en la vida.
  •    La enseñanza de valores morales, actitudes y el desarrollo de la personalidad-carácter, posibilitan formar a una sociedad tanto en valores como en educación que cumplan con las expectativas de la sociedad.

Educación en valores
La educación es necesariamente normativa. Su función no es sólo instruir o transmitir unos conocimientos, sino integrar en una cultura que tiene distintas dimensiones: una lengua, unas tradiciones, unas creencias, unas actitudes, unas formas de vida.

Educar es, así, formar el carácter, en el sentido más extenso y total del término: formar el carácter para que se cumpla un proceso de socialización imprescindible, y formarlo para promover un mundo más civilizado, crítico con los defectos del presente y comprometido con el proceso moral de las estructuras y actitudes sociales.

A eso, a la formación del carácter, es a lo que los griegos llamaban "ética".

Creer en la ética, sin embargo, supone a aceptar dos ideas:


  • Que los derechos básicos implican deberes, y deberes que no sólo incumben al Estado sino a todos los ciudadanos.
  • Que la ausencia de valores éticos deriva en los problemas estructurales de la sociedad.
Esto implica educación para la libertad, para la igualdad y para las responsabilidades.
Implica educación para la tolerancia, para la solidaridad como complemento de la justicia y para inculcar una cultura de los deberes.

Algunos de estos valores son:

La honestidad

Es aquella cualidad humana por la que la persona se determina a elegir actuar siempre con base en la verdad y en la auténtica justicia (dando a cada quien lo que le corresponde, incluida ella misma).

Ser honesto es ser real, acorde con la evidencia que presenta el mundo y sus diversos fenómenos y elementos; es ser genuino, auténtico, objetivo. La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás, que, como nosotros, "son como son" y no existe razón alguna para esconderlo. Esta actitud siembra confianza en uno mismo y en aquellos quienes están en contacto con la persona honesta.

La honestidad no consiste sólo en franqueza (capacidad de decir la verdad) sino en asumir que la verdad es sólo una y que no depende de personas o consensos sino de lo que el mundo real nos presenta como innegable e imprescindible de reconocer.

Dado que las intenciones se relacionan estrechamente con la justicia y se relacionan con los conceptos de "honestidad" y "deshonestidad", existe una confusión muy extendida acerca del verdadero sentido del término. Así, no siempre somos conscientes del grado de honestidad o deshonestidad de nuestros actos: el auto-engaño hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios actos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión.

En la filosofía occidental, Sócrates fue quien dedicó mayor esfuerzo al análisis del significado de la honestidad. Posteriormente, dicho concepto quedó incluido en la búsqueda de principios éticos generales que justificasen el comportamiento moral, como el Imperativo categórico de Kant o la teoría del consenso de Jürgen Habermas.

 Kant, Immanuel (1999). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Traducido por José Mardomingo (edición bilingüe). Barcelona: Ariel.
 Grundlegung zur Metaphysik der Sitten, 1785)

Puntualidad

Es el valor que se construye por el esfuerzo de estar a tiempo en el lugar adecuado.

El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir nuestras obligaciones.

El valor de la puntualidad es necesario para dotar a nuestra personalidad de carácter, orden y eficacia, pues al vivir este valor en plenitud estamos en condiciones de realizar más actividades, desempeñar mejor nuestro trabajo, ser merecedores de confianza.

La falta de puntualidad habla por sí misma, de ahí se deduce con facilidad la escasa o nula organización de nuestro tiempo, de planeación en nuestras actividades, y por supuesto de una agenda.

La impuntualidad es un defecto que se arraiga en la falta de respeto al otro. Llegar tarde es una forma de despreciar a los demás.

Responsabilidad

La responsabilidad (o la irreponsabilidad) es fácil de detectar en la vida diaria, especialmente en su faceta negativa: la vemos en un funcionario público que no ha hecho lo que prometió o que utiliza los recursos públicos para sus propios intereses.
           
Un elemento indispensable dentro de la responsabilidad es el cumplir un deber. La responsabilidad es una obligación, ya sea moral o incluso legal de cumplir con lo que se ha comprometido.
           
La responsabilidad tiene un efecto directo en otro concepto fundamental: la confianza. Confiamos en aquellas personas que son responsables. Ponemos nuestra fe y lealtad en aquellos que de manera estable cumplen lo que han prometido.
            
La responsabilidad es un signo de madurez, pues el cumplir una obligación de cualquier tipo no es generalmente algo agradable, pues implica esfuerzo. En el caso del plomero, tiene que tomarse la molestia de hacer bien su trabajo. El carpintero tiene que dejar de hacer aquella ocupación o gusto para ir a la casa de alguien a terminar un encargo laboral.
            
responsabilidad puede parecer una carga, y el no cumplir con lo prometido origina consecuencias.

Respeto

El término respeto es un nombre masculino derivado del latín respectus, que es un sentimiento positivo y significa acción o efecto de respetar, aprecio, consideración, deferencia, atención, reconocimiento del valor de una cosa o de una persona.

El respeto es uno de los valores más importantes del ser humano y tiene una gran importancia en la interacción social. El respeto impide que una persona tenga actitudes reprobables o censurables hacia otra, por tanto, el respeto debe ser mutuo.

La forma de respeto moral más fundamental consiste, según Kant, en el respeto a la ley moral. El respeto moral de los individuos es, pues, una forma de respeto de la moral. Respetamos a los individuos cuando reconocemos adecuadamente sus derechos y responsabilidades en tanto que agentes morales dotados de dignidad.

Kant distingue dos componentes del respeto fundamental: el reconocimiento racional de la autoridad de la ley moral y un sentimiento de reverencia y de humildad que nos inspira inevitablemente este reconocimiento.

 Cf., I. KANT, Metafísica de las costumbres, II, 7; Ak. IV, pp. 424-428.


Vergüenza.  (Del lat. verecundĭa).

Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.

Pundonor, estimación de la propia honra. Hombre de vergüenza.
Encogimiento o cortedad para ejecutar algo.
Deshonra, deshonor.

La vergüenza es una sensación humana, de conocimiento consciente de deshonor, desgracia, o condenación. 


No puede hablarse del pudor o de la vergüenza como si fuera una virtud; es al parecer una afección pasajera, más bien que una verdadera cualidad; y se la puede definir diciendo, que es una especie de miedo a la deshonra.


~ ajena.
 La que uno siente por lo que hacen o dicen otros.


Dignidad.

El término dignidad deriva del vocablo en latín dignitas, y del adjetivo digno, que significa valioso, con honor, merecedor. La dignidad es la cualidad de digno e indica, por tanto, que alguien es merecedor de algo o que una cosa posee un nivel de calidad aceptable.



La dignidad también es el respeto y la estima que merece una cosa o una acción. Es una excelencia, un realce de esa cosa o acción.



También se habla de dignidad si las personas en su manera de comportarse, lo hacen con gravedad, decencia, caballerosidad, nobleza, decoro, lealtad, generosidad, hidalguía y pundonor. Por ejemplo, a la hora de cumplir con los compromisos, la dignidad se refiere a la formalidad, a la honestidad y a la honra de las personas.



En términos de excelencias, la dignidad es un cargo honorífico o un puesto de gran autoridad, prestigio y honor, por ejemplo, los cargos políticos, como el cargo de Rey, de presidente o de emperador. Y también son las personas que ocupan ese cargo o puesto, estas son representantes y tienen una distinción, denominándolas dignidades o dignatarios.



En su Metafísica de las Costumbres, Kant atribuye un rol determinante a la noción de dignidad humana o de humanidad, entendida como fin en sí. Por ejemplo, aunque él afirma que una persona puede perder su estatuto cívico o su dignidad de ciudadano cometiendo delitos graves, Kant sostiene que esta dignidad no puede privarse a ningún ser humano. 



Añade que practicando la mentira y la calumnia la persona obra de tal modo que ofende la dignidad de los otros.




Amor propio

El amor propio tiene mucho que ver con el nosce te ipsum latino, es decir, con el conócete a ti mismo pues el descubrimiento de nuestro mundo interior nos facilita la labor de encontrar virtudes positivas para querernos a nosotros mismos y poner en práctica con total intensidad el amor a los otros.
            
Para Pascal, el modelo humano no se limita a ser un producto de la razón sino que es el comienzo del conocimiento divino, donde se encuentran las posibilidades de grandeza humana. La razón se necesita pero no alcanza.
            
Este filósofo aprueba la reflexión de la conciencia sobre si misma para lograr un mayor conocimiento del yo, siempre que sea con un objetivo trascendente y no para recrearse.
            
Conocerse a si mismo es necesario no sólo para descubrir la verdad sino también para poner orden a la propia vida.

Superación
La superación personal es un proceso de cambio a través del cual una persona trata de adquirir una serie de cualidades que aumentarán la calidad de su vida, es decir, conducirán a esa persona a una vida mejor.
            
Esta vida mejor no debe entenderse como una vida con más comodidades materiales, aunque éstas también pueden aparecer como un subproducto del cambio personal. Lo que el individuo trata de hallar a través de la superación personal es, en cambio, un estado de satisfacción consigo mismo y con las circunstancias que lo rodean.
            
Son muchos los factores que conspiran en contra de un estado de esta naturaleza. Es frecuente encontrar personas que viven oprimidas por sentimientos de angustia, temor o incluso ira contra sí mismas o contra los demás. La causa de esto son creencias erróneas acerca de lo que es la vida, por ejemplo, la creencia de que la manera de alcanzar la felicidad es tener más y consumir más.
            
 Durante el proceso de cambio la persona en busca de la superación trata de conseguir la liberación de esas creencias erróneas para así poder estar en condiciones de afrontar la vida con otro enfoque, bajo otra perspectiva. Esto se llama el proceso de liberación o de despertar. A esa persona que ha conseguido ese objetivo se la puede llamar una "persona evolucionada", dado que ha experimentado una evolución en su actitud frente a la vida.
            
El respeto a sí mismo es un problema básico y fundamental para el crecimiento personal. Consiste en una actitud de valoración objetiva de las propias capacidades y de la propias virtudes. Implica situarse en un plano objetivo para juzgarse con imparcialidad, sinceridad con uno mismo.
            
El superarse a sí mismo implica una fuerza interior que todos tenemos; una voluntad grande y fuerte que es un riquísimo manantial que no explotamos a su máxima potencia. Respetarse a sí mismo significa, cobrar una real conciencia de las propias capacidades.

Cumplimiento: Sinónimos:
§   perfección, terminación, acabamiento
§  Consumación, satisfacción.



BIBLIOGRAFIA
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