martes, 16 de enero de 2018

Fragmentos: Karl Jaspers








Fragmentos: Karl Jaspers
“Antinomia del día y la noche. La Norma del Día ordena nuestra realidad-humana; exige claridad, consecuencia, fidelidad sujeta a la Razón y a la Idea, a lo Uno y a Nosotros mismos; manda realizar en el mundo, edificar en el tiempo, perfeccionar la realidad-humana en un camino infinito. Pero en el límite del día habla algo distinto. Haberlo traspasado no nos tranquiliza. La Pasión de la Noche traspasa todos los órdenes. Se precipita en el intemporal abismo de la Nada, que arrastra todo en torbellino. Toda construcción en el tiempo, como manifestación histórica, le parece como una ilusión superficial. Para ella, la claridad no puede abrirse a nada esencial; o, más bien, olvidándose a sí misma, es la oscuridad lo que aprehende como tiniebla intemporal de lo Auténtico. Por un Ser-necesario inconcebible, que ni siquiera busca la posibilidad de justificarse, se hace incrédula e infiel con el Día. Ni deberes ni fin significan nada para ella; es vértigo y deseo de arruinarse en el mundo para realizarse en la profundidad de una abolición de todo mundo.”
Karl Jaspers, “La ley del día y la pasión de la noche” (El subrayado es mío)




Somos, por norma general los humanos, seres de mediodía. Seres del pensamiento de mediodía, como decía Camus. El mediodía, cuando el Sol está más alto, es cuando el mundo roza la eternidad inmovil y estable, en tono platónico casi. No existe ninguna sombra a esa hora que sea el negativo de lo que existe.


Todo está perfectamente identificado consigo mismo, no hay nada (la sombra) que perteneciendo al objeto vaya más allá de este. Es la luz, la que limita, la que define, la que concreta las cosas que nosotros vemos, y al identificarlas, las aprehendemos. Y nuestro mundo, el mundo que los humanos hemos construido, es un mundo de luz, de univocidades, de definición geométrica.

Porque esto es seguridad, es el reconocer las cosas, y ser/saberse un sujeto diferenciado del resto, tener también uno mismo identidad. No me estoy refiriendo a definición física, extensional, sino a todo el andamiaje conceptual, cultural, social, etc.: mira por un momento al mundo que te rodea y lo comprobarás.

Sin embargo, es en el momento en el que Jaspers se encuentra cuando esta pregunta, de saturada, toma un perfil trágico, y la pregunta se transforma a “¿por qué en general el Ser y no más bien la Nada?”. He ahí el lado oculto del hombre, el temor que toma visos de guilty pleasure, la obsesión que le lleva a iluminarlo todo necesariamente, huyendo de la sombra, de la Noche, como de un apestado, pero asumiendo que está ahí, y que para que haya definición, antes tiene que haber indefinición.

Eso es la Noche: la continuidad y la indiferencia de las cosas, la mezcolanza de todo. La oscuridad convoca al Caos, al que el hombre mira con cierta curiosidad, pero siempre con una valla blanca visible al fondo que nos da la seguridad de no haber caido en el abismo, de no habernos precipitado a la perdición de la inidentidad y dejar prácticamente de ser, porque si no se es nada en particular, no se existe más allá del mero existir (Sartre, La Nausea).



Karl Jaspers (1883 – 1969), Como muchos de los pensadores de su época, conocía esta cualidad del hombre de sobra, y puede que fuera a principios del s. XX cuando se fue consciente de este hecho. Antes era algo asumido, al igual que por ejemplo, la existencia misma: antes de Heidegger, coetaneo de Jaspers, la pregunta principal de la metafísica/ontología era “¿por qué en general el Ser y no más bien los seres (en referencia a la multiplicidad y el devenir)?”. 
Aún así, y pareciéndonos el día (la luz) lo que más puede socorrernos en momentos de incertidumbre, el día no nos aporta nada, porque en él todo está ya desplegado. Es la eternidad platónica de la que hablaba al comienzo. El día se convierte en un museo de arquetipos inmóviles, polvorientos, que en realidad nunca vamos a poder tocar. Es una seguridad ficticia, inalcanzable pese a razonable. Y en la noche está todo por desplegar, es la marabunta de lo posible y lo imposible. Y el hombre descubre que ahí hay mucho por descubrir. Lo nouménico kantian, el lado oculto -de la Luna-, la pasión  y el verdadero movimiento, lo Auténtico.
La definición del día limita y empobrece a las cosas, es en la indiferencia de los oscuro, como una raíz que se introduce en la tierra, donde aparece la substancia, el verdadero peso oculto que da lugar a la existencia. Sin el Caos, sin el batiburrillo fenoménico de la Noche, nuestras definiciones a plena luz no valdrían nada, como un libro en un museo. Y como intuimos que lo que tenemos en el día pueda estar vacío, nos arriesgamos a mirar a lo oscuro, al abismo. Y sin querer dar luz a la Noche, porque entonces caeríamos en el mismo error que en el día y se perdería lo que tiene de auténtico y genuino esa indiferencia.
De eso se dio cuenta el hombre a principios del s. XX, y fue consciente de su obsesión por la perdición, sin la que el Mundo (definido y seguro) no sería nada. Porque como decía el músico de jazz Thelonius Monk: 

“Siempre es de noche; si no, no necesitaríamos la luz”.


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JASPERS Y LA FILOSOFÍA DE LA EXISTENCIA





Hans Saner  describe la filosofía de Jaspers de la siguiente manera:

La filosofía de Jaspers, desde sus comienzos hasta hoy, es una filosofía existencialista. Esto no quiere decir únicamente ni en primer lugar, que su filosofía aspira al “conocimiento de la existencia”. Desea más bien estimular la existencia posible hacia una existencia real. Su objeto es la realización de la existencia [Jaspers, 1969: 19].

Por su parte, Jaspers, rechazó en su momento el que se le catalogara a su filosofía como “existencialista”, ya que para él dicho término es como un “apodo” [Cfr. Portuondo, 2012: 10].

En su obra Filosofía , Jaspers habla más bien de su filosofía como una “filosofía de la existencia” [Jaspers, 1958, II: 216]. Algunos autores hacen referencia a la filosofía de Jaspers, como una “filosofía existencial” o una “filosofía de la existencia” de manera indistinta 5

4 Hans Saner fue el último asistente de Karl Jaspers en la Universidad de Basilea.
5  Entre ellos: Emmanuel Mounier en Introducción a los existencialismos;
 Gladys Portuondo en La existencia en busca de la razón;
 Regis Jolivet en Las doctrinas existencialistas;
 Kurt Salamun en Karl Jaspers 


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Hans Saner

Hans Saner is both an original thinker and a link to the great days of existentialism. Filiz Peach asked him about his relationship with Karl Jaspers, and about the future of philosophy.

Thinkers are often not fully appreciated during their lifetimes. One example is the Swiss philosopher, 


Hans Saner


Professor Hans Saner. 

It is regrettable that his name is hardly known in the English-speaking world – for on the Continent of Europe his scholarship and his original contributions to philosophy are widely recognised. Those few in Britain and North America who do encounter his work usually do so as a result of an interest in existentialism, and particularly if they are interested in the ideas of the great existentialist Karl Jaspers (1883-1969). Jaspers himself has also been rather neglected in the Englishspeaking countries, but is widely regarded as one of the three leading figures of 20th century existentialism, along with Heidegger and Sartre. The connection between Saner and Jaspers is an important one; Saner was Jaspers’ last personal assistant at Basle University between 1962 and 1969.

Hans Saner’s contribution to our understanding of Jaspers’ philosophy is invaluable. He has written, published and edited a vast amount about it, and he has a vivid way of explaining Jaspers’ sometimes obscure and difficult concepts and views. He sometimes resorts to diagrams and arrows to map out the relationship between Jaspers’ concepts of Dasein, Existenz, Transcendence, Reason, and so forth.

Saner’s contributions to philosophy are not limited to the analysis and clarification of Jaspers’ philosophy, and he has written and published a great deal on art, science, religion and politics too. In my view, Die Anarchie der Stille, which is described as ‘philosophy as experimental thinking’, is where his particular style and wit are best exemplified. In it, one finds his thoughts on various themes written in short paragraphs and aphorisms. Alas, it has not yet been translated into English.

Professor Saner, could you tell our readers where your main philosophical interests lie?
In the history of philosophy my main interests are in Spinoza, Kant, Jaspers and Hannah Arendt – and in systematic philosophy they are in problems of anthropological, political, aesthetic and cultural philosophy.

You are an eminent authority on the philosophy of Karl Jaspers. What, to your mind, was the most important contribution which the existential philosophy of Karl Jaspers made in the 20th century?

In the early years it was without doubt the philosophy of boundary situations in its tension with existential communication. In the later years I see his greatest importance in opening up European philosophy to non-European thought and in the critical destruction of all philosophies, ideologies and beliefs which tended towards closed and totalitarian structures.

In what respect, if at all, has Jaspers’ philosophy influenced your own thinking?

For me his philosophy opened the prison-gates which every human being carries in his head; it has given me a consciousness of the architecture of reality and of how to think about reality. An even more forceful impact, however, was meeting the man. He was a sovereign and eloquent partner in conversation, who possessed an unequalled culture of precise listening and clear responding. At that time I was young and still almost inexperienced in thinking, and he seemed to me like the very incarnation of philosophy.

How do you assess the relation between the theoretical and the practical task of philosophy in society?

The tasks of theoretical and practical philosophy in society are the same. They clarify our conscious thought and give it orientation in the world. It seems to me therefore that theory and practice ought to be combined in all philosophising. They are, as Jaspers has said, the two wings of thought. If one is missing, the practical becomes flat or the theoretical unworldly. When they move together you never know which one contributes more to the fulfilment of their tasks

What is your prediction for the future of philosophy?

That it will be needed.

Then what, to your mind, is the main task of a philosopher?
That he, within his powers, contributes to enlightening his time and that he has the courage and independence to say what he thinks.

What have we been able to learn from the 20th century?

That there must never again be a world war or a war among the great European states; that we have an obligation to resist when we are being forced into political obedience; also that we can do more than we are allowed to do; that freedom without justice causes too great a misfortune to too many people, as does freedom without reason; that, however, equality without freedom is the misfortune of all.

Do you believe that philosophers in the new millennium will have to attend to new tasks and new responsibilities?

Certainly there will be new technologies which will give rise to new moral problems. The world population is going to drastically increase, and available resources are going to decrease. Ecological problems are going to be aggravated. The economically less developed peoples are going to make their claims. The poor in Europe are going to storm the stock markets like the third estate once stormed the Bastille. In the background, however, the ancient questions are going to remain: Where do we come from? Why do we live? What is going to become of the world? Where are we going? 

And philosophers will be right back at the beginning and will be as puzzled as ever.

Do you envision a significant globalisation of philosophy in the near future?

The kind of philosophy which would lend itself to globalisation would have to be a world philosophy. I don’t mean a philosophy which spread throughout the whole world, but instead a kind of thinking capable of comprehending everything that is thought and has been thought in the world. Only such a philosophy of understanding could be global without coersion. Any philosophy, however, which wanted to gain world-wide acceptance, would be accompanied by a claim to power and would, in its attempts to be implemented, resort to force. This kind of philosophical imperialism would be ideological and deeply counter-rational. It would be a catastrophe, whether it was called analytical philosophy, deconstructionism or postmodernism.

Thanks for the interview.

[Filiz Peach is working on a PhD on Karl Jaspers’ views on death.]

[Interview translated from the German by Anja Steinbauer.]

 https://philosophynow.org/issues/32/Hans_Saner





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