lunes, 23 de enero de 2017

Sofistas: Sophos y Sophia

Sofista

El término sofista, del griego sophía (σοφία), «sabiduría» y sophós (σοφός), «sabio», es el nombre dado en la Grecia clásica al que hacía profesión de enseñar la sabiduría. Sophós y Sophía en sus orígenes denotaban una especial capacidad para realizar determinadas tareas como se refleja en la Ilíada (XV, 412). Más tarde se atribuiría a quien dispusiera de «inteligencia práctica» y era un experto y sabio en un sentido genérico. Sería Eurípides quien le añadiría un significado más preciso como «el arte práctico del buen gobierno» (Eur. I.Á.749) y que fue usado para señalar las cualidades de los Siete Sabios de Grecia. Sin embargo, al transcurrir el tiempo hubo diferencias en cuanto al significado de sophós: por una parte, Esquilo denomina así a los que dan utilidad a lo sabido, mientras que para otros es al contrario, siéndolo quien conoce por naturaleza. A partir de este momento se creará una corriente, que se aprecia ya en Píndaro, que da un cariz despectivo al término sophós asimilándolo a «charlatán».


Ya en la Odisea, Ulises es calificado de sophón como «ingenioso». Por el contrario, Eurípides llama a la sophía «listeza» y al sophón «sabiduría», tratando con ello de diferenciar la intensidad y grado de conocimiento de las cosas que tienen respectivamente los hombres y los dioses.

Historicidad
Los sofistas eran pensadores que desarrollaron su actividad en la Atenas democrática del siglo V a. de C. Los filósofos de la naturaleza, los presocráticos, habían elaborado diferentes teorías para explicar el cosmos. Los sofistas y Sócrates van a cambiar el objeto de la filosofía. Ahora, el tema de reflexión es el hombre y la sociedad. Como los sofistas eran viajeros, conocían diferentes culturas, totalmente distintas a la griega. Por eso se plantearon problemas referidos a las costumbres y las leyes. ¿Son las costumbres y leyes un simple acuerdo, una convención, o son naturales? Surgió así la idea de relativismo.

Los sofistas eran maestros que iban de ciudad en ciudad enseñando a ser buenos ciudadanos y a triunfar en la política. El arte de hablar en público, la retórica, era esencial en la democracia griega, donde los ciudadanos participaban constantemente. Las enseñanzas de los sofistas tenían un fin práctico, saber desenvolverse en los asuntos públicos. Fueron los primeros pensadores que cobraron dinero por sus enseñanzas. Unos de los principales sofistas fue Protágoras (480-410 a. de C.).
Evolución del término.


El verbo sophídsesthai, «practicar la sophía», sufrió una evolución similar al terminar por entenderse como «embaucar». La derivación sophistés3 se dio a los Siete Sabios4 en el sentido de «filósofos» y así llama Heródoto a Pitágoras, a Solón, y a quienes fundaron el culto dionisiaco. También se llamaba así a los mousike y a los poetas5 y, en general, a todos los que ejercían una función educadora. El uso peyorativo empezó a tomar forma en el siglo V a. C., coincidiendo con la extensión del uso del término a los prosistas. El momento coincide con un incremento de las suspicacias de los atenienses hacia los que mostraban una mayor inteligencia.6 Isócrates denostaba que el término «hubiera caído en deshonor» y Sófocles lo atribuye al hecho de que los educadores y maestros recibieran una remuneración por su trabajo.7 Esta es la tesis más extendida en la actualidad.

No obstante, era aceptado en la Grecia Antigua que los poetas cobrasen por sus servicios. El desprecio con el que los sofistas eran tratados en ocasiones no nacía del hecho mismo de recibir remuneración,8 sino de hacerlo, sobre todo, por la formación en la llamada areté, el arte de la política y la ciudadanía, que incluía todas las técnicas persuasivas para hacerse un lugar en la administración de la polis.


Críticas 
Platón criticaba a los sofistas por su formalismo y sus trampas dialécticas, pretendiendo enseñar la virtud y a ser hombre, cuando nadie desde un saber puramente sectorial, como el del discurso retórico, puede arrogarse tal derecho.

La primera exigencia de esa areté era el dominio de las palabras para ser capaz de persuadir a otros. «Poder convertir en sólidos y fuertes los argumentos más débiles», dice Protágoras.
Gorgias dice que con las palabras se puede envenenar y embelesar. Se trata, pues, de adquirir el dominio de razonamientos engañosos. El arte de la persuasión no está al servicio de la verdad sino de los intereses del que habla. Llamaban a ese arte «conducción de almas». Platón dirá más tarde que era «captura» de almas.

Según algunos autores, no eran, pues, propiamente filósofos. Para quienes son de esa opinión, tenían sin embargo en común con los filósofos una actitud que sí puede llamarse filosófica: el escepticismo y relativismo. No creían que el ser humano fuese capaz de conocer una verdad válida para todos. Cada quien tiene «su» verdad.

Por el contrario, hay quien sostiene que sí lo eran, y que las ácidas críticas de Platón corresponden a una disputa por un mismo grupo de potenciales discípulos y a sus diferencias políticas y filosóficas.

De Aristóteles provendrá también el sentido peyorativo: sofista es quien utiliza del sofisma para razonar. Los más destacados miembros de la sofística fueron: Protágoras, Gorgias, Hipias, Pródico, Trasímaco, Critias y Calicles.
Uso actual


Últimamente, el «sofismo» ha sido reivindicado en el siglo XX por autores como Fernando Savater y Matthew Stewart; así como a inicios del siglo XXI, por los nuevos seguidores del ultraperspectivismo o estancialismo (metafísica del Estar).
Véase también
    Las nubes, comedia de Aristófanes
    Homo mensura

Notas
Olímpicas, II, 86.
González García, Juan Carlos; Diccionario de filosofía; pp.357-358
Aparece por vez primera escrita en una oda a Píndaro.
Isócrates y un breve fragmento de un escrito de Aristóteles son las únicas fuentes para esta afirmación.
Estos cumplían la función de maestros en la sociedad griega.
Demóstenes se lamenta de haber sido llamado «embaucador y sofista».
«Aquellos que venden su sabiduría por dinero a todo el que lo desea, son llamados sofistas», dirá Sócrates.

Aunque Platón citó en más de treinta ocasiones esta circunstancia económica de modo irónico en sus obras.

Bibliografía
 Intr., trad. y notas de A. Melero Bellido. Rev.: A. A. González Terriza y R. Herrera Montero (1996). Sofistas. Testimonios y fragmentos. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-1806-4.
    Filóstrato (1998). Vidas de los sofistas. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-0854-6.
    González García, Juan Carlos (2000). Diccionario de Filosofía. Madrid: Editorial Edaf. ISBN 84-414-0790-8.

Enlaces externos
Los Sofistas y Sócrates: texto en el sitio Liceo digital.Los sofistas, en el sitio de México Filosofía.Diferencias entre Sócrates y los Sofístas, en alcoberro.info
Eunapio: Vidas de los filósofos y de los sofistas.
        Texto francés, con introducción y anotaciones en este idioma, en el sitio de Philippe Remacle (1944 - 2011)
        Texto inglés, con anotaciones en este idioma, en el sitio Tertullian Project; ed. de 1921.
Hermann Alexander Diels: Fragmentos de los presocráticos (Die Fragmente der Vorsokratiker). La primera edición se hizo en 1903 en Berlín, y fue dirigida por el propio Diels. A partir de la 5ª, sustituiría a Diels Walther Kranz.
IV: Ältere Sophistik (Los sofistas antiguos).
            Texto griego: 1ª ed., de 1903, en facsímil electrónico en Internet Archive.
            Texto griego de la 2ª ed., de 1906, en el sitio de Philippe Remacle.
Thomas R. Martin: An Overview of Classical Greek History from Mycenae to Alexander (Panorama de la historia de la Grecia Antigua desde la época micénica hasta la de Alejandro); texto inglés, con índice electrónico, en el Proyecto Perseus.
Véanse este apartado y los siguientes: Protagoras (Protágoras).

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