domingo, 8 de febrero de 2015

Filosofía francesa

La aventura de la filosofía francesa

Alain Badiou


Diego Peller

Este nuevo libro del autor de El ser y el acontecimiento reúne un conjunto de ensayos sobre los pensadores franceses más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Por eso constituye, para los apasionados por lo que los norteamericanos llaman French theory –es decir, para cualquier lector argentino que se precie de tal–, un irresistible desfile de manjares. Ahí están Deleuze, Ricœur, Sartre, Althusser, Lyotard, Nancy, Rancière y otras figuras apenas un poco menos célebres. Faltan algunos nombres, claro, pero no es que a Badiou se le hayan pasado por alto: es que ya había reunido sus textos sobre Foucault, Derrida, Lacan, Hyppolite, Lacoue-Labarthe y otros en su libro bellamente titulado Petit pantheón portatif (Pequeño panteón portátil). La lectura de ambos ofrece un panorama singular y fuertemente valorativo –a Badiou no le cuesta lanzar juicios lapidarios o celebratorios– sobre ese impresionante dream team llamado filosofía francesa contemporánea. ¿Pero qué sucedió en y entre esos nombres? ¿Cuál es el acontecimiento que, a través de ellos, se intenta invocar?

Badiou, que tampoco les teme a las definiciones tajantes, ofrece en el prólogo su respuesta: aunque la filosofía posea en esencia vocación universal, de la que él es defensor ferviente, su desarrollo histórico es discontinuo temporal y espacialmente. Lo que quiere decir que no siempre ni en cualquier lugar ha habido ni habrá filosofía. Para que el milagro acontezca son necesarias una serie de condiciones (no se trata de condiciones socioeconómicas, sino de la emergencia, en una época, de nuevas verdades en los campos de la poesía, la matemática, la política y el amor, para las cuales la filosofía deberá crear un espacio conceptual de composibilidad). Con francesa modestia, Badiou reconoce sólo tres momentos filosóficos intensamente creadores en la historia de la humanidad: la filosofía griega clásica de Parménides a Aristóteles, el idealismo alemán de Kant a Hegel, y por último… ¿adivinaron?, ¡la filosofía francesa contemporánea!, de Sartre a Deleuze, pasando por Lacan, Foucault, Deleuze, Derrida, y… ¡Badiou!

Más allá de lo sorprendente que pueda resultar eso de autoincluirse en el panteón no tan portátil de la filosofía universal, hay algo en el gesto que resulta ilustrativo de la paradoja sobre la que se sostiene este libro. Por un lado Badiou, en abierto enfrentamiento con las revisiones “éticas” a las que han sido sometidos los grandes relatos de emancipación modernos, reivindica tanto la política revolucionaria como la filosofía racional que aspira a la universalidad de la matemática. Todo lo demás es para él cobarde renuncia a la transformación política del mundo, bajo las formas del reformismo multiculturalista y el pensamiento débil. Pero esa intransigencia lo lleva a rechazar de plano gran parte del pensamiento contemporáneo y a evocar con nostalgia a los grandes maestros pensadores del 68; una inesperada inflexión sentimental que puede leerse en los acápites con los que introduce cada uno de sus ensayos y en los que, bajo el propósito declarado de describir sus contextos originales de publicación, traza una sentida silueta de los filósofos comentados y de su relación con ellos, signada en la mayoría de los casos por feroces polémicas.

Referencia

Alain Badiou, La aventura de la filosofía francesa. A partir de 1960, traducción de Irene Agoff, Eterna Cadencia, 2013, 272 págs.
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SILVERIO SÁNCHEZ CORREDERA
Alain Badiou (1937) se ha considerado a sí mismo el último representante de la filosofía francesa del siglo XX. Su difícil y sorprendente pensamiento se vuelve más fácil e inteligible en La Filosofía, otra vez.

En El ser y el acontecimiento (1988) y en Lógicas de los mundos (2006) (sus dos más potentes aportaciones ontológicas) ponía muy arduo el camino para acceder a los sentidos que allí se delineaban, pero, precisamente, para despejar los obstáculos, en esta nueva publicación podrá hallarse una introducción de su anclaje filosófico y de sus motivaciones principales.

La Filosofía, otra vez reúne seis artículos (algunos son conferencias), que edita, prologa y traduce Leandro García Ponzo. Se trata con esta edición de clarificar el estado de la filosofía actual: el común denominador de sus seis capítulos.

En las últimas veinte páginas (en «La confesión del filósofo») Badiou nos desvela sus influencias filosóficas pero también las vitales, existenciales y hasta podría decirse psicoanalíticas. Influido por su padre (matemático) y por su madre (lingüista), crecido en el ambiente de la resistencia francesa y del espíritu mayo-sesentaiochista, se convierte en un escritor de novelas y en un activista de izquierdas, que construye su filosofía desde una juventud marcada por la huella directa de Sartre, Lacan y Althusser y también por aquellos autores que asimilados de un modo u otro van a ir formando parte de su sistema de ideas: Platón y Hegel, entre los clásicos, pero además, con la impronta de las matemáticas de Cantor, de la política de Mao, de los relatos de Beckett, de los colores de Cézanne o de la música de Wagner, entre otras múltiples influencias. Se trata, por tanto, de una filosofía construida desde plurales y heterogéneos registros y no exclusivamente desde el ortodoxo y académico pensamiento filosófico.

En «El deseo de filosofía y el mundo contemporáneo» (primer capítulo) y en «Los aventureros del concepto. Panorama de la filosofía francesa contemporánea» (tercer capítulo), artículo aparecido en español con alguna variante en la «Revista de Filosofía Eikasía» (marzo, 2006), Badiou ejerce de historiador de la filosofía del siglo XX y se piensa a sí mismo en este contexto.

Distingue tres corrientes principales en el siglo XX: la hermenéutica, la analítica y la postmoderna y señala lo que tienen todas ellas en común: primero, que el lenguaje (donde se desvela el sentido) es el sitio crucial del pensamiento y, segundo, el propósito de sustituir la idea de verdad por la de la pluralidad de sentidos. Pero la filosofía de Alain Badiou pretende derivar estas dos evidencias de nuestro tiempo, tan aparentes, hacia un derrotero más crítico y más comprometido con una praxis transformadora. La filosofía no puede renunciar a la verdad, si bien ahora no será aquella monista verdad del Ser sino la verdad pluralista del acontecimiento dentro de una estructura de lo real concebida matemáticamente. Cuatro son los horizontes hacia donde puede moverse la verdad buscada por la filosofía: el matema, el poema, la política y el amor, porque son necesarios el ordenamiento lógico (contra el relativismo sin fin), la defensa de rasgos universales (contra la pulverización del fluir de la dispersa mercancía), la revuelta (contra las inercias y el despotismo político) y el riesgo (contra la paralizante obsesión por la seguridad).

Badiou se sitúa también a sí mismo en el mapa de la producción filosófica francesa contemporánea. La apuesta por una filosofía de la vida (en Bergson) y la defensa de una filosofía más formal interesada en el concepto (en Brunschvicg) eran a principios del siglo XX dos direcciones irreconciliables en Francia, pero la generación de autores que discurre de Sartre a Badiou (él sería el último de esa corriente), pasando por Bachelard, Merleau-Ponty, Lévi-Strauss, Althusser, Lacan, Foucault, Derrida y Deleuze, va a coincidir en un mismo proyecto filosófico: todos conceden una importancia central a «la cuestión del sujeto», como lugar donde el concepto y la vida pueden articularse. Desde ese eje, la filosofía francesa contemporánea aproxima entre sí muy sutilmente la creación científica y la artística, se despliega como una praxis de activismo político, reencuentra el estilo de los «philosophes» (Voltaire, Rousseau y Diderot) donde el lenguaje filosófico busca la fuerza de la estética literaria y pretende discurrir a través de un camino sin fin en el que los conceptos no se dejen atrapar unilateralmente ni por la vida ni por las formas, sino, más bien, por una profunda dialéctica de ambas, donde actúe el gesto continuo de la creación y se active la crítica de los mitos del presente, del nuestro en concreto: arrancando de nuestras almas el sentimentalismo democrático, pues cuando la democracia se toma como fetiche se está anunciando ya nuestro inmediato negro futuro.

Pero ¿por qué el penúltimo y no el último de los filósofos franceses?: porque, creo yo, detrás del último ya se han producido siempre otros acontecimientos: hay siempre un nuevo último, un abocado a penúltimo, como por ejemplo Slavoj Zizek, Marc Richir (a quien tendremos en octubre de 2010 en Asturias) y otros en trance de florecer.

Filosofía contemporanea

Filosofia francesa contemporanea:

Alan Badiou.


El artículo sustenta la tesis de que durante la segunda mitad del siglo XX se presentó un momento de la filosofía francesa contemporánea, comparable a los momentos griego clásico y al del idealismo alemán. Emergió entonces un programa filosófico constituido por la articulación del movimiento del concepto a la existencia, la inscripción de la filosofía con la vida moderna y las luchas políticas, la superación de la oposición entre conocimiento, acción y creación, el abandono del modelo reflexivo del sujeto y la formación de un estilo filosófico cercano al de la producción literaria.

Donde esta la gran filosofía? El País.Madrid. 2013


Filosofía francesa contemporanea: Adolfo Vasquez Rocca


El presente Artículo es un análisis de la Teoría francesa y sus influencia en las mutaciones de la vida intelectual en Estados Unidos. La influencia de los autores postestructuralistas franceses en la academia universitaria americana y cómo, a partir de devotas lecturas, se desencadena una ideológica guerra entre cánones literarios en el país del norte, entre Estudios Culturales y reivindicaciones del mercado, la patria y el fin de la historia. En este sentido, French Theory muestra el making off y el behind the scenes de la filosofía francesa en EU, esto es, cómo Foucault, Derrida, Deleuze, Lyotard, Kristeva junto otros comentadores nacionales de gran prestigio como Rorty y Butler, pululan con el aura de estrellas hollywoodenses por los campus universitarios y las librerías especializadas. En relación a lo anterior, se muestra que el mérito de los teóricos radica haber elaborado sutiles instrumentos analíticos para la comprensión de la ingente heterogeneidad cultural estadounidense y mundial.


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