jueves, 7 de noviembre de 2013

Naturaleza del pensamiento moral y las pretensiones del Emotivismo.



Historia de la filosofía

Filosofía del siglo XX:
ομιχρον :
 Naturaleza del pensamiento moral y las pretensiones del Emotivismo

Percy C. Acuña Vigil 

 

 


En este escrito examino el pensamiento emotivista a la luz de dos conceptos que son fundamentales: La razón y la moral. El primero tiene que ver con la utilidad pues el concepto de razón se hace explicito mediante el esclarecimiento -- como lo hace Hume-- de que la naturaleza de la razón tiene un aporte notable en la alabanza moral. El segundo descansa fundamentalmente en los sentimientos.


300.    Se pueden encontrar antecedentes del emotivismo en las obras de Thomas Hobbes y de David Hume, pero confundidos con posiciones subjetivistas, que son similares pero distinguibles. En 1923, I. A. Richards y C. K. Ogden anticiparon el emotivismo de Ayer en su libro "El significado del significado", aunque su tratamiento de la cuestión fue más bien incidental.

301.    En la década del '30 surgieron, con muy pocos años de diferencia, las versiones más perdurables del emotivismo, en el marco de un clima filosófico cientificista y más o menos cercano al positivismo. En 1935 Bertrand Russell desarrolló una concepción expresivista de los enunciados morales en su ensayo "Ciencia y ética" (2). En 1936 A. J. Ayer publicó Language, truth and logic, donde expone su doctrina emotivista, y en 1937 C. L. Stevenson formuló una teoría muy similar en la revista Mind, anticipando las idea...

302.  El filósofo David Hume incorporo elementos emotivistas a su teoría moral. En el siglo XIX G.E. Moore fue su inmediato progenitor. y Ludwig Josef Johann Wittgenstein al analizar el lenguaje moral, lo desechó como sinsentido por su pretensión por expresar lo inefable. John Leslie Mackie es conocido por sus posturas en el ámbito de la metaética, y especialmente por su defensa del escepticismo moral.
  
303.    La posición ética de Hume es el llamado Emotivismo moral  que supone una crítica al Racionalismo moral.



a.    Hume declara que el motor de la acción no es la razón sino el Sentimiento moral. La moral, pues, no sería objeto del entendimiento sino de los sentimientos que serían comunes a todos los hombres y por tanto, la Moral está basada en la naturaleza humana. Para Hume, hay un instinto natural para distinguir lo agradable de lo desagradable, lo que es bello de lo que no lo es, hay un sentido moral que nos hace distinguir lo correcto de lo incorrecto moralmente.
b.    La razón puede informarnos sobre la existencia del fin que buscamos y sobre los medios más efectivos para alcanzarlo, pero sólo los sentimientos determinan o impiden nuestra acción. En esto consistiría el Emotivismo moral.
c.    En palabras de Hume la virtud moral quedaría definida así: "toda acción o cualidad mental que concede al espectador un sentimiento placentero de aprobación".

304.    El Emotivismo ético es una corriente metaética que afirma que los juicios de valor no afirman nada sobre algún objeto externo (como la acción evaluada) o interno (como el estado personal de ánimo): sólo expresan ciertas emociones. Adviértase que expresar no es lo mismo que afirmar. Al no ser afirmaciones, los juicios de valor no son ni verdaderos ni falsos; por lo tanto carece de sentido hablar de verdades morales o de un conocimiento moral. Su función es expresar emociones o persuadir a los demás para que sientan lo mismo. Al interpretar el lenguaje moral en términos sentimentales, el emotivismo no admite criterios racionales para determinar la validez de los juicios de valor.

305.    Sus representantes más destacados fueron el filósofo británico Alfred Jules Ayer, principal portavoz del Empirismo lógico en Inglaterra, y el filósofo estadounidense Charles Leslie Stevenson.

306.    Para A. J. Ayer Los conceptos éticos son pseudo-conceptos, que no agregan ningún tipo de información sobre la acción evaluada. Niega, a su vez, que se pueda argumentar sobre valores: cuando creemos hacerlo sólo argumentamos sobre los hechos que rodean a nuestras valoraciones [ ].



307.    En la particular versión del emotivismo debida a Bertrand Russell, cuando se pronuncia “X es bueno en sí mismo” lo que se dice realmente es “¡Ojalá que todos deseen X!”. Un juicio de valor, pues, expresa un deseo, que como tal no es una descripción, por lo que no le cabe verdad o falsedad. A diferencia de la posición de Ayer, sin embargo, el deseo moral manifiesta para Russell la pretensión de extender universalmente la cualidad valorada [ ].

308.    Stevenson admite que hay un razonamiento moral, es decir, que tendemos a respaldar nuestros juicios morales mediante razones. Sin embargo, para este filósofo la relación que guardan estas razones con los juicios que pretenden apoyar es sólo psicológica y no lógica. Lo que hace posible este apoyo es el hecho de que nuestras actitudes morales están psicológicamente emparentadas con nuestras creencias, y la alteración de las creencias conlleva en general la modificación de las actitudes del caso [ ]. 

309.    Para MacIntyre, las sociedades occidentales se encuentran en un proceso de decadencia. Esta degeneración se concreta en la imposibilidad de diálogo. A esta imposibilidad, MacIntyre la denomina emotivismo. Para MacIntyre, la cultura occidental es emotivista porque a lo largo del tiempo se ha acostumbrado a formular argumentaciones morales en un lenguaje impersonal que hace que dichas argumentaciones puedan parecer racionales pese a no serlo.

310.    Para este autor cuando las sociedades occidentales quieren tratar temas como el aborto, el armamento nuclear o la organización de una sociedad justa, el uso de una argumentación emotivista hace que no pueda llegarse nunca a una conclusión racional, puesto que cada persona utiliza unos conceptos que no tienen un equivalente con los que utilizan sus oponentes.

Sostiene que no puede establecerse una equivalencia entre los distintos tipos de argumentaciones y, por tanto, no se puede llegar a una conclusión única y definitiva. Toda justificación se convierte en la manifestación de una simple preferencia personal. Afirma que el emotivismo reduce toda discusión moral al intento de una persona para cambiar los gustos y las preferencias de otra; cualquier medio es válido para lograr ese objetivo.



311.    Para MacIntyre, la época actual se caracteriza por lo que denomina "emocionalismo" o "emotivismo". Doctrina en que se explican los juicios de valor, y por tanto los juicios morales, como expresión de sentimientos y actitudes, en la medida que poseen una carga valorativa o moral [ ].

312.    La interpretación de este planteamiento "consiste en la convicción de que las diferentes elecciones morales carecen de todo fundamento que no sea algún tipo de emoción. Ello determina la imposibilidad de dar razón de dichas elecciones, por cuanto éstas -careciendo de fundamento racional- serían, de hecho, injustificables por arbitrarias. Consecuentemente el debate sobre temas éticos no podría jamás llegar a conclusiones definitivas y sería, por lo tanto, estéril.

La Razón
313.    Logos (en griego λóγος - lôgos. ) significa: la palabra en cuanto meditada, reflexionada o razonada, es decir: "razonamiento", "argumentación", "habla" o "discurso". También puede ser entendido como: "inteligencia", "pensamiento", "sentido", la palabra griega λóγος -lôgos- ha solido y suele ser traducida en lenguas romances como Verbo (del latín : Verbum).

314.    Es uno de los tres modos de persuasión en la retórica (junto con el ethos y el pathos), según la filosofía de Aristóteles.

315.    El término logos es uno de los más importantes en la actitud racional ante el mundo. El término castellano más fiel es el término razón.

316.   Hay una breve frase que muchas historias de la filosofía utilizan para resumir las implicaciones de la aparición de la filosofía: la filosofía es el paso del mito al logos. Con esta frase se quiere indicar que los primeros filósofos aceptaron estos dos principios:

317.    El mundo es racional, en el mundo hay un logos;

318.    Nosotros disponemos de un logos o razón, logos que debemos emplear para el conocimiento de la realidad y la dirección de nuestra conducta.

319.    En Heráclito el logos es la Razón que domina el Universo y que hace posible la existencia de orden y regularidad en la sucesión de las cosas; pero es también algo presente en nosotros y que debe servirnos como guía para nuestra conducta y como instrumento para el conocimiento.

320.    Los estoicos recogen esta tradición heracliteana al considerar que el Logos es el principio divino que crea, domina y dirige la Naturaleza y el Universo entero. En la misma línea, la teología judía y cristiana enriquece el concepto con características propias. En el Cuarto Evangelio aparece el logos o Verbum o la Palabra, pero atribuyéndole una dimensión personal ajena al concepto griego.

321.  Heráclito utiliza esta palabra en su teoría del ser, diciendo: "No a mí, sino habiendo escuchado al logos, es sabio decir junto a él que todo es uno." Tomando al logos como la gran unidad de la realidad, acaso Lo real, Heráclito pide que la escuchemos, es decir, que esperemos que ella se manifieste sola en lugar de presionar.

322.    El ser de Heráclito, entendido como logos, es la Inteligencia que dirige, ordena y da armonía al devenir de los cambios que se producen en la guerra que es la existencia misma. Se trata de una inteligencia sustancial, presente en todas las cosas. Cuando un ente pierde el sentido de su existencia se aparta del Logos.

323.    El Logos es interpretado como aquello que existía desde el principio (αρχη/arkhé) con Dios (con mayúscula, porque es el nombre propio). La palabra admite más de treinta acepciones, no obstante y según san Agustín antes de la existencia de Dios no existía el tiempo, lo que convierte a la Razón en la energía del Universo.

El Logos socrático.



324.    El Logos no es un instrumento, sino una realidad que se impone a la mente y la arrastra. El razonamiento es un sentido, una realidad autónoma, superior al que razona, el cual sólo mediante el razonamiento se pone en contacto con un mundo más alto. Sócrates siente que posee en su interior una fuente de revelación, una llave, que le abre las puertas de un mundo superior donde las cosas ya no son medianas, como el mundo de la realidad.

Ya que lo que esta revelación interior nos entrega es la verdad misma, la verdad única, que se opone terminantemente a la verdad múltiple, personal y caprichosa de los sofistas, y también a la realidad fluyente de Heráclito. No es fácil comprender el asombro, el entusiasmo, el deslumbramiento que en las gentes del siglo V a. C. despertaba el uso de la razón .

Heráclito:   Ἡράκλειτος ὁ Ἐφέσιος Herákleitos ho Ephésios.


325.    Es común incluir a Heráclito entre los primeros filósofos físicos (φυσικοί, como los llamó Aristóteles), que pensaban que el mundo procedía de un principio natural (como el agua para Tales, el aire para Anaxímenes y el Ápeiron para Anaximandro), y este error de clasificación se debe a que, para Heráclito, este principio es el fuego, lo cual no debe leerse en un sentido literal, pues es una metáfora como, a su vez, lo eran para Tales y Anaxímenes. El principio del fuego refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas.

326.    Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Λόγος (Logos). Este Logos no sólo rige el devenir del mundo, sino que le habla  al hombre, aunque la mayoría de las personas «no sabe escuchar ni hablar».

327.     El orden real coincide con el orden de la razón, una «armonía invisible, mejor que la visible», aunque Heráclito se lamenta de que la mayoría de las personas viva relegada a su propio mundo, incapaces de ver el real.

328.    Al uso de los sentidos y de la inteligencia, hay que agregarle una actitud crítica e indagadora. La mera acumulación de saberes no forma al verdadero sabio, porque para Heráclito lo sabio es «uno y una sola cosa», esto es, la teoría de los opuestos. Quizás el fragmento más conocido de su obra dice:

329.           ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε
330.    En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos].
   
331.    A pesar que existen ciertas similitudes entre Heráclito y Parménides, las doctrinas de ambos siempre han sido contrapuestas (con cierto margen de error), ya que la del primero suele ser llamada «del devenir» o (con cierto equívoco) «del todo fluye», mientras que el ser parmenídeo es presentado como una esfera estática e inmóvil.

Frases de Heráclito:
332.    «La armonía invisible es mayor que la armonía visible».
333.    «Ni aun recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del alma; tan profundo logos tiene».
334.    «Pero aunque el logos es común, casi todos viven como si tuvieran un inteligencia (φρόνησιν) particular».
335.    «Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia».
336.    Heráclito reprocha al poeta que dijo: «¡Ojalá se extinguiera la discordia de entre los dioses y los hombres!», a lo que responde: «Pues no habría armonía si no hubiese agudo y grave, ni animales si no hubiera hembra y macho, que están en oposición mutua» [ ].

Parménides.



337.    Parménides escribió una sola obra: un poema filosófico en verso épico del cual nos han llegado únicamente algunos fragmentos.  El poema de Parménides representa una revelación divina dividida en dos partes:

338.    La vía de la verdad, donde se ocupa de «lo que es» o «ente», y expone varios argumentos que demuestran sus atributos. La vía de las opiniones de los mortales. Con esta obra construye una doctrina cosmológica completa.

339.    Mientras que el contenido de la vía de la opinión se asemeja a las especulaciones físicas de los pensadores anteriores, como los jonios y los pitagóricos, la vía de la verdad contiene una reflexión completamente nueva que modifica radicalmente el curso de la filosofía antigua: se considera que Zenón de Elea y Meliso de Samos aceptaron sus premisas y continuaron su pensamiento. Los físicos posteriores, como Empédocles, Anaxágoras y los atomistas, buscaron alternativas para superar la crisis en la que había sido arrojado el conocimiento de lo sensible. Incluso la sofística de Gorgias acusa una enorme influencia de Parménides en su forma argumentativa.

340.    Tanto la doctrina platónica de las formas como la metafísica aristotélica guardan una deuda incalculable con la vía de la verdad de Parménides. Por esto es por lo que muchos filósofos y filólogos consideran que Parménides es el fundador de la metafísica occidental [ ].

341.      El juicio de la posteridad acerca de la importancia de su obra, a pesar de lo variado de las razones, es unánime: Parménides es una figura de primer orden en el panorama de la filosofía griega y de todo el pensamiento occidental.

Definiciones kantianas.




342.    Según Kant, en un sentido general, la Razón (Vernunft) es la facultad formuladora de principios en contraposición a el concepto entendimiento (Verstand).
343.    El filósofo la distingue en Razón Teórica y Razón Práctica, no tratándose éstas de dos razones distintas, sino de dos usos distintos de la misma y única razón.
344.    Cuando dichos principios se refieren a la realidad de las cosas, si usamos la Razón para el conocimiento de la realidad, estamos ante el uso teórico de la Razón.
345.    Cuando dichos principios tienen como fin la dirección de la conducta, le estamos dando a la razón un uso práctico. En su uso teórico la Razón genera juicios y en su uso práctico imperativos o mandatos.
346.    En un sentido más restringido y en el contexto de la "Crítica de la razón pura", la razón es la facultad de las argumentaciones, la facultad que nos permite fundamentar unos juicios en otros, y que junto con la sensibilidad y el entendimiento componen las tres facultades cognoscitivas principales que Kant estudió.
347.  Marcando la proporcionalidad de las ideas de Aristóteles con las ideas del razonamiento expuesto por Kant, se podría inferir un uso de la razón lógica en aquellos procesos de conocimiento.

 Referencias
 [ ] Ayer, Alfred (1971). Lenguaje, verdad y lógica, Eudeba, Buenos Aires.
Referencia : Alfred Ayer y la teoría emotivista de los enunciados morales.
Intuicionismo

[ ] Russell, Bertrand (1993). "Ciencia y ética", en Ensayos filosóficos, Altaya, Barcelona.
[ ] Stevenson, Charles L. (1971). Ética y lenguaje, Paidós, Buenos Aires.

[ ] Macintyre, Alasdair. "Tras la Virtud". Ed. Crítica. 1987. Barcelona.

[ ]  Peñaloza Ramella, Walter (1946).  La evolución del conocimiento helénico: Hilozoísmo-eleatismo. Sociedad Peruana de Filosofía. Lima.
__  (1955) Estudio acerca del conocimiento. Edición del autor. Lima.
__  (1961) Introducción a la filosofía y lógica. Editorial Colegio Militar Leoncio Prado. Lima.
__  (1962) El Conocimiento inferencial y la deducción trascendental. Biblioteca filosófica Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima.
__  (1973) El discurso de Parménides. Ignacio Prado editor, Lima.

[ ] Rodolfo Mondolfo: Heráclito. Textos y problemas de su interpretación. Madrid: Siglo Veintiuno (undécima edición), 2000.
Heidegger, Martin & Eugen Fink. Trad. de Jacobo Muñoz y Salvador Mas (1986). Heráclito. (Título original: Heraklit. Seminar Wintersemester 1966–1967, Vittorio Klostermann, Frankfurt a. M., 1970). Ed. Ariel, Barcelona.

[ ] Kirk, Geoffrey Stephen; Raven, John Earle; Schofield, Malcolm (ed. ing. Cambridge University Press 1983, ed. esp. 1987). «Parménides de Elea». Los filósofos presocráticos, Historia crítica con selección de textos. (título original The presocratic philosophers. A critical history with a selection of text) (2ª edición). Madrid: Editorial Gredos.

Peñaloza Ramella, Walter. El discurso de Parménides. José Prado Pastor. Editor: 1973


PAV/ jueves, 07 de noviembre de 2013

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